José Luis Gómez Serrano
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En una conversación familiar, Beatriz citaba a cierto autor posestructuralista, quien sostenía que nuestra sociedad actual es falocéntrica, horrible neologismo para decir “sociedad guiada por el sexo”. En ese momento expresé mi desacuerdo y sostuve que nuestra sociedad se guía por el dinero: el trabajo del empleado, la inversión de un empresario, los discursos de un político y la kermesse de una escuela, todo eso intenta conseguir dinero, y también es cierto que en nuestra sociedad igualitaria, el mayor logro que han conseguido las mujeres es el derecho a trabajar como los hombres, conservando el privilegio de hacerse ellas cargo de la casa. No seguimos el tema en aquella ocasión, cada uno de nosotros tenía que irse al trabajo.

Olvidé el asunto, leí noticias acerca de la manera legal que tiene el senado de EEUU de endosarle al presidente una responsabilidad (aprobar algo en fast-track, es decir sin discutir, para darle al presidente autoridad sobre la materia), supe que México ahora sí va a terminar con la corrupción, y observo tendencias separatistas en la Unión Europea, tanto Grecia como Gran Bretaña están pensando en salirse. Cualquiera de estas novedades es más interesante que aquella declaración con fanfarrias y panderetas, más para escandalizar que para convencer.

Pero de cualquier manera, el tema de las grandes motivaciones de sociedad o individuo es importante, y obtuve dos claves sorpresivas, también leyendo noticias. La primera noticia son dos historias de página policiaca: en Chihuahua, unos adolescentes jugaron a representar un secuestro y lo hicieron tan bien, que torturaron, mataron y enterraron a un niño. La otra historia fue en mi estado: dos adolescentes que tenían inquina por una compañera de clase la espiaron, aguardaron el momento en que la madre salió por la tarde a trabajar, entraron a su casa y la mataron. La segunda noticia es un reportaje aparecido en New York Times (NYT) acerca de los conductores que mientras manejan utilizan su teléfono para enviar mensajes.

De ahí el título de este artículo: los tiempos modernos nos empujan a sacar el doble de provecho al momento de manejar, aunque sea al precio del peligro en que se pone a conductor y otros vehículos; si quiere ejemplos, mire los otros coches cuando conduce a su trabajo. La violencia se ha metido tan profundamente en la sique de nuestra sociedad, que no únicamente los sicarios torturan y asesinan, no nada más quienes hacen de la violencia una profesión quitan la vida a una persona después de torturarla, sino también jóvenes y niños. El primer caso sucedió en Chihuahua; los agresores eran adolescentes entre 12 y 15 años, la víctima fue un niño de 6 años. El otro caso involucró a jóvenes estudiantes de secundaria.

NYT dedica un artículo[1] a documentar y analizar las actividades de conductores sorprendidos infraganti en un acto de multitasking y presdigitación, ya que son capaces de bailar en la cuerda floja, puesto que atienden el camino y al mismo tiempo envían y reciben mensajes de texto. La reflexión sobre el contenido de esos mensajes es lo que me lleva a hablar de “sociedad trivial”: ¿qué tanta atención, qué valor de contenido puede tener un mensaje tecleado mientras se maneja? Creo que el límite de 140 caracteres que marca Twitter es demasiado para lo que puede escribirse mientras se maneja, siempre y cuando se pretenda conservar vestigios de control sobre el volante. A pesar de las prohibiciones de usar el celular mientras se maneja, en el muestreo tomado por el autor del artículo, una gran cantidad de conductores lo utilizaba; personalmente veo que es muy frecuente que las personas hablen por teléfono mientras manejan, y también veo muchos que envían mensajes. Dice el NYT: Phones are getting smarter, drivers seemingly less so (los teléfonos se vuelven más inteligentes; aparentemente los conductores no). Yo creo que es estupidez y es arrogancia creer que uno es capaz de estar atento a los incidentes del camino al mismo tiempo que se lee o escribe un mensaje, y las noticias están llenas de accidentes, muchos fatales, que sucedieron porque el conductor estaba distraído con el teléfono.

Creo en el libre albedrío, pero estoy convencido de que la sociedad juega un papel importantísimo para moldear al individuo, para inducirle costumbres, una moral, una religión, gustos y maneras de conducirse. En los dos casos mencionados aquí, violencia y trivialidad, la sociedad va a la cabeza incitando a una y a otra. Con respecto a la violencia, veo dos incitaciones. La primera es la alternativa que tienen al alcance de la mano los jóvenes de este país y de muchos otros, de ingresar a las filas del crimen como una manera fácil –aunque sea en apariencia- de conseguir dinero. A mi oficina viene una vez al mes un hombre joven, padre de familia, a llevarse el periódico y el cartón que juntamos; le pagan a peso el kilo, y nosotros le proporcionamos unos quince o veinte kilos por mes, con ellos carga su triciclo y continúa visitando los contenedores de basura para ver qué encuentra. En un día bueno junta cien kilos, es decir gana cien pesos; los domingos no trabaja. Por unos días no vino, y cuando al final llegó me contó que le habían robado su triciclo, pero que en el municipio le habían regalado otro. A este hombre lo ayudo un poco, pero batalla demasiado para ganar menos de $3,000 al mes; en una de éstas, pierde otra vez el triciclo y lo reclutan para un empleo más fácil.

La segunda incitación consiste en que nuestra sociedad ha creado un negocio a partir de la violencia; no me refiero a las guerras, sino al cine y la tv, por la abundancia de historias y escenas en donde se glorifica la violencia y se la exhibe. Hace unos años, quedó fuera de la competencia por los Oscar la película Rescatando al soldado Ryan, en ese momento era políticamente incorrecto tratar esos temas en la Academia; andando el tiempo, American Sniper gana seis nominaciones, y el tema es la glorificación de un soldado que alcanza fama por matar a más de doscientos enemigos. En la temporada tres de 24 Horas hay una escena donde Jack Bauer mata a un compañero de trabajo ejecutándolo con un tiro en la nuca: en la escena se ve de lejos a los dos personajes, la víctima hincada y cayendo al suelo después de recibir el disparo. Es exactamente una ejecución como aquellas que publica ISIS y que escandalizan a todo el mundo, principalmente a la prensa occidental; las sutilezas ideológicas y la diferencia entre ficción y realidad cuentan poco al momento en moldear el alma de un niño, que ahora ve escenas de crimen y muerte lo mismo que yo veía caricaturas cuando era niño.

Vistas en conjunto, la violencia y la trivialidad de estar mensajeando al conducir son un intento de este monstruo de mil cabezas, la sociedad moderna, de moldearnos. En algunos casos el intento es involuntario: los fabricantes de celulares quieren vender más, y dan las mayores facilidades posibles para escribir en ellos, no pienso que explícitamente intenten Apple y Samsung que usemos Whatsapp cuando conducimos. Pero en otros casos, es deliberada la intención de trivializar el mensaje y la sociedad, por ejemplo en las campañas políticas: circo de danzas, cantos y slogans sin contenido. Todavía este caso, podría pensarse que son los partidos políticos quienes toman la decisión, pero no es así: la ley electoral no tiene provisiones para obligar a los candidatos a crear propaganda de contenidos, y el INE está muy ocupado salvando el pellejo a Córdova, quien, con su puesto importante y muy bien remunerado, habla de los indígenas mexicanos en los mismos términos y con las mismas palabras que usa un mal estudiante de preparatoria.

Yo preferiría que nos guiáramos nada más por la búsqueda del dinero y no por violencia y por la compulsión de enviar un mensajito mientras manejamos; en última instancia es necesario y legítimo trabajar para obtener el dinero suficiente con que vivir, y el dinero compra satisfactores de otro nivel, como libros, discos, flores para un ser querido, vacaciones, la escuela de los hijos. Pero la evolución de la sociedad, con su motor principal actual, el consumismo, nos conduce de manera natural a violencia y a trivialidad; la primera, porque escenas de asesinatos venden más que aquellas donde un científico intenta averiguar lo que había antes del Big-Bang, y la segunda, por esta imprenta de Gutenberg llevada al extremo, esta facilidad ubicua y pervasiva que nos da la tecnología para escribir en todas partes; aunque sean tonterías, pero escribir.

¿Solución? No la conozco. Solamente tengo una opinión, que puede servir a nivel individual: leer buenos libros. Y si su horario es tan apretado que está obligado a exprimir algo extra de jugo al tiempo que pasa en coche, estudie idiomas. Consígase un buen método de Inglés y escuche los discos mientras maneja, es una forma de educar el oído y acostumbrarse a la pronunciación extranjera.

[1] http://bits.blogs.nytimes.com/2015/05/19/some-people-do-more-than-text-while-driving/