María Silva
Agencia Reforma

De los sinsabores que atacan a las vías respiratorias en esta temporada, pocos se escapan.
Lagrimeo, moco abundante, obstrucción nasal y enrojecimiento de la nariz, entre otros síntomas, son los delatores principales de la rinosinusitis, una de las enfermedades que más se detectan, tanto en niños y adultos.
En los últimos años, ha habido un aumento considerable en frecuencia y severidad de esta enfermedad a causa de los altos índices de contaminación ambiental.
Por lo general, su presencia se debe a una infección, alergia o cambios de la presión atmosférica, pero hay factores que influyen para que se desarrolle una u otra, explica Ricardo Antonio de Hoyos, otorrinolaringólogo pediatra y profesor clínico de Otorrinolaringología y Pediatría del Hospital Zambrano Hellion.
“Normalmente, un adulto produce alrededor de un litro y medio de moco, y éste normalmente está circulando y no pasa nada; igualmente producimos flemas, bilis, sangre, orina, y si circulan no hay problema.
“Cuando esa producción de moco se estanca en algún momento del trayecto entre la nariz y el árbol traqueobronquial, se coloniza, fermenta e infecta, y ahí es donde empieza el cuadro de sinusitis”, agrega.
En los pacientes alérgicos sucede una situación igual, advierte. Aparte del moco que se produce normalmente, se agrega más cantidad de esta secreción, pero es más espesa y no se mueve, por lo que también produce una infección de sinusitis.
“Los cambios barométricos influyen para que se presente la enfermedad al subirse a un avión, sumergirse en una alberca para nadar o practicar buceo. Esto provoca que el proceso de circulación del moco se estanque y aumente la presión adentro de los senos paranasales y se presente un proceso de inflamación, no obstante, si el moco circulara y no se detuviera, no habría problema”, enfatiza.
En el diagnóstico de sinusitis también contribuye la contaminación ambiental. Monterrey es una ciudad muy contaminada desde el punto de vista de polvos, vehículos, motores, combustión e industria, aparte del pólen.
“La nariz nos sirve para filtrar el aire que respiramos, y desde la punta de la nariz hasta la parte posterior transcurre un cuarto de segundo, tiempo en el que se tiene que limpiar y darle al aire la humedad y temperatura adecuadas.
“Hay estructuras adentro de la nariz que van a dividir el aire que entra en una forma turbulenta a una forma laminal, para que se expanda adentro de la nariz, que es muy amplia.
“Para limpiar ese aire hay desde folículos pilosos, que están a la entrada de la nariz, hasta un sistema de limpieza en el tracto respiratorio (nariz, paranasales y bronquios), lo que permite que haya dos tipos de moco, uno fluido, el que se ve, y el espeso, y esto permite al aparato respiratorio acondicionar el aire, ya sea que se caliente o enfríe, dependiendo de la temperatura exterior”, explica.
El organismo, al recibir una agresión en las vías respiratorias, empieza a producir más moco para tratar de realizar la función de limpieza, comparte De Hoyos.
“En tanto, el sistema inmune trata de solucionar el problema, es decir, envía células que actúan como mecanismos antiinflamatorios, en caso de que haya bacterias o virus, para destruirlos.
“Muchos de los cuadros de sinusitis inician con procesos virales, es decir, rinofaringitis o gripa, y aunque el organismo manda su respuesta inflamatoria, si ésta no es suficiente, tenemos que ayudarnos lavándonos la nariz, tomar un medicamento antigripal, y si se convierte en una infección bacteriana se debe tomar un antibiótico.
“Independientemente de que sea viral, bacteriana o alérgica, tenemos que usar humedad, ya sea suero o aseo nasal, porque la molestia parte de que el moco se estanca, entonces, si tomamos medicamento, pero no establecemos la función normal de que el moco circule, no nos va a funcionar adecuadamente”, reconoce.
Sin embargo, quienes padecen fibrosis quística, inmunodeficiencias o síndromes craneofaciales tienen alterado el mecanismo de la acción limpiadora y de transporte de moco, y son más propensos a padecer sinusitis; casi al 100 por ciento de estos niños les sucede.
“Cualquier paciente que tenga alterada su función inmunitaria, es decir, con neoplasia o un tumor en cualquier parte del organismo y que está recibiendo medicamentos, puede ser propenso, porque sus defensas se pueden ver disminuidas y alteradas”, agrega.