Por Jesús Álvarez Gutiérrez

México se ubica en el sitio 121 de 140 países en el índice de “Ética y corrupción”, de acuerdo al ranking del Foro Económico Mundial 2015. Hace diez años estuvimos en el lugar número 84, de manera que en vez de mejorar hemos retrocedido 37 posiciones.

Uno de los rubros en los que salimos peor evaluados es el denominado Ética Corporativa, que mide el comportamiento de las empresas privadas en su interacción con entidades y funcionarios públicos, además de con otras firmas, donde nos situamos en el lugar 111 del listado internacional.

Desde el Estado debe impulsarse una gran reforma estructural anticorrupción que atraviese transversalmente el desempeño de todos los órdenes de gobierno. Si no se hace, naufragará el resto de las reformas estructurales que, en teoría, buscan elevar la productividad y competitividad rompiendo los cuellos de botella existentes en sectores estratégicos de la economía.

El componente que más alienta la corrupción en el sector privado es la práctica de lo que se llama la “extorsión institucionalizada”, conocida tradicionalmente como la “mordida”. México Evalúa señala, con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), que más de la mitad de las empresas en el país sufren presiones por parte de las autoridades para obtener y/o mantener sus permisos y licencias de operación. La excesiva regulación existente inhibe la competencia y obstaculiza la entrada de nuevos jugadores al mercado, lo que al final conduce a productos y servicios caros y de mala calidad.

Tampoco se ha avanzado en transparentar el proceso de licitaciones de la obra pública, uno de los principales vehículos de interacción entre el sector público y el sector privado. Por eso no nos debe sorprender que, a diferencia de los países donde funciona el Estado de derecho, en México el gasto público no produce un efecto multiplicador sobre la economía nacional.

Los mayores porcentajes de respuestas a la pregunta “qué factores cree usted que frenan más el crecimiento de su empresa”, se lo llevan la corrupción, con un 20 por ciento, y la burocracia, con un 14 por ciento, arriba del crimen, 13 por ciento, y muy por encima de otros factores como calidad de la mano de obra y salarios, con 4 y 2 por ciento, respectivamente.

Por su parte, las empresas privadas también deben desarrollar y cumplir códigos de ética que les impida aceptar actos de soborno o ilegales.

Es lamentable que ni siquiera se hayan resuelto ya casos espectaculares de corrupción, como el de la firma española OHL que, en complicidad con las autoridades, infló costos y disminuyó aforos vehiculares para establecer injustificados cobros de peaje en las vialidades concesionadas. Tampoco el caso del banco español BBVA Bancomer que en España reporta a sus socios enormes utilidades derivadas de su operación en México, mientras que en nuestro país no paga impuestos por ausencia de utilidades (!)

Luis Enrique Mercado dice que hasta los economistas están de acuerdo en que el problema principal es la debilidad del Estado de derecho; es decir, la ausencia de certeza jurídica para todo el mundo, la falta de seguridad de que las leyes se aplican y de que se aplican a todos por igual. El asunto de fondo es que parece haber muchos sectores interesados en que las cosas se mantengan como están. La impunidad les funciona bien a muchos políticos, líderes sindicales, líderes sociales y líderes empresariales. “Por eso en México sencillamente la ley no se aplica o se aplica en forma tan torcida que siempre cae sobre quien no debiera; por eso hacer negocios es tan caro, por eso los contratos se violan sin que nada pase, y delitos comunes como el robo, el fraude y el abuso de confianza son casi imposibles de castigar y afectan a toda la ciudadanía y al clima económico”.

En conclusión, los problemas de pobreza y desigualdad, que parecen agravarse conforme pasan los años, no podrán atenderse si no logramos quitarle el freno de la corrupción al crecimiento económico. Los países más competitivos y prósperos son aquellos donde la corrupción no brota al momento de hacer negocios. La lección es contundente: el país crecerá a tasas más altas y generará los empleos de calidad que necesita sólo cuando priorice el combate a la corrupción y construya un verdadero Estado de derecho.

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