CIUDAD DE MÉXICO.- Vicente Fernández sigue siendo el rey de la música ranchera y anoche quedó claro que es el dueño de todos los corazones mexicanos.

Humilde, emotivo, sin temor de llorar a la menor demostración de cariño por parte de su público, energético y visiblemente contento. Así se despidió anoche de los escenarios, en el Estadio Azteca.

El alma bravía del jalisciense, de 76 años, contagió de energía a 80 mil fans, según cifras de organizadores, desde las 21:20 horas que salió, acompañado de un ensamble de 53 músicos (27 miembros de orquesta y 26 mariachis).

Vestido de manera impecable con un traje de charro con estoperoles, sombrero y un moño de seda con las iniciales “VF”, el intérprete no aguanto la emoción ante los gritos de su público.

“Muchísimas gracias, queridos amigos. Yo siempre he creído que en este mundo habemos dos clases de gentes: los ricos muy pobres y los pobres muy ricos. Gracias a ustedes, un ignorante como yo ha logrado tener una buena vida, pero hay cosas que no se regalan ni se consiguen en todos lados, como el cariño que ustedes me tienen.

“Esa es la herencia que le quiero dejar a mis hijos, que el día que Dios me recoja, ellos me digan: tuvimos un padre que trabajo mucho para darnos lo que tenemos y que fue capaz de caer muerto en un escenario con tal de llevarse a la tumba lo que más adoraba en esta vida. Su cariño, su respeto y sus aplausos”, señaló con la voz entrecortada, mientras todos se ponían de pie.

Aunque con constantes problemas de audio y lapsos en los que a Fernández se le olvidaban las letras de sus canciones, como en “Mujeres Divinas”, el hecho de escuchar temas como “Que Te Vaya Bonito”, “Si Acaso Vuelves” y “Lástima que Seas Ajena” hizo vibrar a sus fans.

Niños en brazos de sus padres, grupos de amigos, ancianos, hombres cantándole al oído a sus parejas y familias enteras se entregaron de lleno a su ídolo.

“¡Chente, no te vayas!” y varios “Te amo”, además de porras, chiflidos y piropos, salpicaron de alegría al intérprete, quien no dejó de sonreír y beber caballitos de tequila entre cada canción.

Tras una veintena de éxitos, entre estos temas de Juan Gabriel y Joan Sebastian, “Chente” invitó al escenario al menor de sus “potrillos”: Alejandro Fernández.

“Me siento orgulloso de estar en este evento histórico. Gracias papá por este legado que le has dejado a los mexicanos.

“Te prometo y te lo juro que jamás voy a dejar morir la música mexicana, la llevaré en mi corazón y la seguiré llevando a todo el mundo donde se me sigan abriendo las puertas, así como tu me lo encargaste”, aseguró Alejandro, tras darle un beso a su padre y arrancar con un repertorio a dueto de cinco temas.

Al cantar “Mátalas” y “Perdón”, la dupla evidenció la enorme diferencia de voz, pues a Vicente se le olvidaban la letras y las interpretaba con bajo volumen, y su hijo sorprendía con su entrega y esfuerzo.

Tras cambiar su atuendo por un traje rosa claro, ofreció “Acá Entre Nos” que, además de ser el tema donde mejoró el sonido y la voz del intérprete, emocionó hasta las lágrimas a la gente.

El cantante volvió a llorar, se tomó un tequila más, se sentó en una silla y recargó su brazo en una mesa, para regalar temas como “Bohemio de Afición”, “Urge”, “Las Llaves de mi Alma”, “A Pesar de Todo” y “La Ley del Monte”, entre muchas otras.

Anécdotas, mentadas de madre, videos de sus películas, dedicatorias y hasta bromas sobre su sobrepeso fueron los aderezos del show.

“Hay un candidato a la presidencia de Estados Unidos que está diciendo cosas muy feas de los mexicanos.

“El día que me lo encuentre, le voy a escupir en la cara. Le voy a mentar su madre y le voy a decir lo que nadie le ha dicho en su mendiga vida”, dijo en clara alusión a Donald Trump, aunque sin mencionar su nombre, antes de interpretar “Por tu Maldito Amor”.

Hacia las 0:30 horas, Chente continuaba deleitando a sus seguidores. (Rodolfo G. Zubieta/Agencia Reforma)