Si me lo dices tú, no te lo creo

Itzel Vargas

¿Por qué hay actos o acciones realizadas o promovidas por personajes públicos que por más que quieran mostrarse naturales o espontáneos, es imposible de creerse que sean verídicos?
¿Por qué la pregunta? Le platico…
Hace un par de días, ocurrió uno de los últimos debates que está habiendo en España previo a las elecciones presidenciales que se decidirán en las urnas el próximo 20 de diciembre. Esta vez, le tocó enfrentarse a los protagonistas de los partidos históricamente representativos de España: el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista (PSOE). Estos dos frentes considerados ya por muchos españoles como uno de los principales problemas de la democracia y corrupción en este país, y en donde se les clasifica despectivamente con el término “bipartidismo”, precisamente enfrentaron a sus dos cabezas: Mariano Rajoy, Presidente de España y candidato del PP al Gobierno nuevamente, y Pedro Sánchez, candidato a la presidencia por el PSOE.
Pues bien, el debate en sí tuvo mucho de lo que se esperaba, es decir, no gran cosa: muchos dimes y diretes, discursos ya desgastados, una pelea eterna en la que se sepultaba parte de las preferencias electorales de muchos, vendiendo poco a comparación de los frentes partidistas que ahora promueven ideas progresistas, nuevas, modernas y juveniles, como lo que trae el candidato de Ciudadanos o en su caso, el de Podemos.
Pues bien, fue justo unos momentos antes de la transmisión del debate, cuando una reportera quiso hacer un momento de entrevista “espontánea” a jóvenes estudiantes que estaban esperando ver el encuentro para analizarlo. Y fue entonces, cuando una jovencita, temerosa y nerviosa, habló excesivamente bien del Gobierno de Rajoy a un punto en el que es difícil creerle a ella y pasar a hacerse ideas de que posiblemente a la pobre la pusieron a memorizarse su parte de guión en dicha entrevista. Fue casi una seguridad, que esto fue un acto del Gobierno español para reivindicar un poco la percepción social de su personaje principal previo a un enfrentamiento que pudiera dejarlo mal parado. Sin embargo, no se contaba con el nerviosismo de la jovencita, lo que hizo que rápido se cayera el teatrito. ¿La gente creyó esta estrategia? No, al contrario, fue un motivo más para acudir a la burla y ridiculización en lo que ahora se ha consolidado como una principal fuente de expresión humana: las redes sociales.
Y en México, como en todo el mundo, no nos quedamos atrás. El Gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, y su esposa, la ex actriz de telenovelas Anahí, acudieron a una visita en la Santa Sede como parte de la avanzada de bienvenida del Papa Francisco a su próxima visita a México y específicamente a Chiapas. El acto en sí sólo puede tener varias cosas de trasfondo que escandalizarían a la población, pero lo curioso de este hecho es la fotografía con la que fue difundido este evento en medios: Velasco Coello impecable como siempre y en traje saludando al Papa, y Anahí, cubierta en un vestido negro, tapado hasta el cuello y con una mantilla negra que le cubría la cabeza (justo como muchas mujeres de edad adulta siguen yendo a misa).
La cosa aquí es que al ver la foto y sabiendo que este matrimonio ha sido foco de crítica por el probable método mercadotécnico en el que se vincula a un político con algún miembro de Televisa (implicando entonces posibles intereses de por medio), y sabiendo que Anahí ha salido en casi todas las revistas rosas de este país en fotografías casi desnuda, uno ve ese nuevo recato en la foto y con justa ironía uno se pregunta ¿Pues quién les cree?
Estos son precisamente dos ejemplos de comunicación errónea. En el primer caso, bastaba con que el PP sondeara personas a favor de su partido y entrevistarlas asegurando una percepción positiva, a plantear todo un numerito que terminó siendo fatal. Y en el segundo caso, hay que recordar, que la gente tiene cierta memoria, e identifica a una persona por sus acciones específicas para no confundirlas entre tantos personajes públicos. ¿Cómo entonces ubicar a Anahí si no mediante la actuación, sus vestimentas provocativas y el canto? No fue por Velasco Coello por lo que ganó popularidad y en este tipo de eventos específicamente, valdría la pena ser mesurados, como dice el dicho “ni tanto que queme al Santo ni tanto que no lo alumbre”. Y su vestimenta fue excesiva, lo que abona al descrédito y la incredibilidad.
¿Y entonces cómo construir credibilidad? Con actos auténticos, que muestren la esencia de los personajes. Eso de los teatros y novelas, ya es cuento mediático y comunicativo que está pasando a otra era. Recordemos que cada vez hay más gente que desconfía sobre todo de las instituciones y las figuras públicas y hay un gran porcentaje de jóvenes en el mundo, que ya son profesionistas y cuestionan todo. ¿Quién entonces se preocupa por ganar su credibilidad? Pareciera que ahí hay un desfase comunicativo muy grande que ya no se acopla al raciocinio popular porque los tiempos están cambiando y eso implica “subirse al tren” o quedarse atrás y perecer.

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