Ser mujer en política ¿implica un esfuerzo mayor?

Itzel Vargas Rodríguez

Una campaña electoral implica vivir tiempos inhumanos. Es decir, hay que hacer un esfuerzo extra al que normalmente se acostumbra, porque prácticamente en todo el día hay muchas actividades que realizar, mucha gente qué conocer, varios lugares qué visitar y hay que procurar permanecer con el mejor ánimo posible. Contrario a un ritmo laboral, en el que hay tiempos de trabajo, un horario preestablecido, objetivos que cumplir específicos, horas de descanso o comida y tiempo libre al atardecer o anochecer.

Pues bien, ese ritmo “normal” de vida laboral en una campaña política es imposible de tener.

Para un candidato o candidata, la opción es como dice el dicho “echarle ganas”, pues aunque el cansancio se vaya acumulando a lo largo de los días y las semanas, se debe mostrar la mejor cara ante la ciudadanía todos los días, a pesar de dormir poco y comer mal o a deshoras.

Recordemos tan sólo, cómo se veían algunos candidatos presidenciales al inicio y al final de sus campañas. Podremos encontrar por ejemplo, un Enrique Peña Nieto que comenzó muy jovial y terminó con vastas canas.

Pero eso es sólo una probada de lo duras que pueden ser las jornadas electorales tanto para los candidatos como para sus equipos.

Una campaña implica mucho trabajo de coordinación y planeación. Desde la agenda del candidato, los eventos que se han de realizar y todo lo que estos implican (como la convocatoria y colocación de mobiliario), la movilización del equipo de forma alterna en la ciudad sin candidatos, todos los aspectos de animación, mercadotecnia, diseño, contenidos, discursos, relaciones públicas, cuestiones administrativas y de contabilidad y muchas otras actividades más.

Pero en cuestión del candidato, llama la atención y vale la pena ponernos a reflexionar, qué implica que un candidato esté listo para un evento.

Aquí podremos encontrar una diferencia sustancial entre un hombre y una mujer. Porque un hombre sencillamente se baña, cambia, repasa sus notas o discurso y voilá, todo está listo para que pueda realizar su participación.

Pero en el caso de una mujer candidata, estamos hablando de un esfuerzo mucho mayor. Tomemos en cuenta que la sociedad y los roles de género, exigen que una mujer deba estar más presentable en un evento y que además tenga que adecuar su vestimenta al tipo de suceso al que va o a la actividad que realiza.

Por ende imaginémonos todo lo que hay detrás de una mujer candidata. Ella se baña, cambia, la tienen que peinar y maquillar, debe de tener vestuario específico durante el día para cada ocasión, tiene que estar prevenida con maquillaje y materiales diversos para mantener el cabello y la cara impecables. Tiene que adecuar además calzado y accesorios. Si es una mujer mayor, tiene que tener el cabello al pendiente del tinte, arreglarse las uñas y ambos aspectos se llevan su tiempo, y encima de todo eso, está la parte de la preparación discursiva e informativa para un evento.

Es completamente loable hasta por este aspecto, que pudiera parecer para muchos irrelevante, que una mujer se lance a una contienda política, aún más si tiene compromisos familiares o hijos.

La verdad es que los roles de género hasta en este aspecto complican un poco la equidad de condiciones en una contienda política y pese a ello, qué bueno, que cada vez sean más aquellas que se animan a echarse ese paquete enorme por unos meses.

¿Es el tiempo de las mujeres? Ojalá, porque el esfuerzo de estar en la política implica una logística personal inmensa que hay que reconocer también.

Itzelvargasrdz@gmail.com / @itzelvargardz