Sacerdotes y fieles dieron el último adiós al Padre Rigoberto Ruiz Palos; ayer, el vicario general Raúl Sosa Palos ofició la misa de exequias en la Parroquia del Sagrado Corazón y posteriormente fue sepultado, ahí mismo, en una de las criptas del templo.
Este gran hombre que llevó ejemplarmente su vocación sacerdotal, nació en la ciudad de León, Guanajuato, el 13 de noviembre de 1938; hijo de don José Ruiz Olmos y doña María del Carmen Palos.
Desde muy pequeño, sus padres emigraron al poblado de Teocaltiche, Jalisco, donde llevó a cabo sus primeros estudios. Le gustaba escuchar historias de la vida de los santos, le fascinaba hacer altares, rezar el santo rosario, asistir al catecismo; fue acólito de su parroquia y es ahí donde le nació el amor por el sacerdocio.
Les infirmó a sus padres el deseo de ingresar el Seminario Diocesano en Aguascalientes, siendo aceptado el 21 de octubre de 1953; y el 15 de octubre de 1958, ingresó al Seminario Mayor; el 29 de junio de 1966, fue ordenado sacerdote en la catedral Basílica, por el entonces obispo Salvador Quezada Limón, de feliz memoria.
En vida, el Padre Rigo, celebró su Jubileo de Oro Sacerdotal, es decir, el 50 Aniversario de su Ordenación Sacerdotal; en una misa que él mismo ofició el pasado 29 de junio, agradeció al Señor, “la audacia y reciedumbre de mi padre y la piedad de mi madre, una familia en la que había problemas, pero que contaba más las veces, que nos sentábamos en familia, en torno a la mesita de material, en un clima sencillo y fraterno”.
En su homilía, expresó “este es el tiempo de hacer cuentas. Este es un momento para mí, sacerdote, para repasar la vida, para recordar sus beneficios, para agradecer y pedir perdón. Debo pedir perdón al Señor de todas mis faltas que él me conoce, confiando que, me sabrá perdonar. Es más, ya lo ha hecho muchísimas veces, en el sacramento de la penitencia, pero debo pedir perdón también a la Iglesia, a quien habré entristecido, a los señores obispos de esta Diócesis que me han apreciado mucho, a los sacerdotes, que son mis hermanos”.
También pidió perdón “a todos aquellos a quienes les haya hecho mal, y sepan que están muy cerca de mis oraciones. Agradezco a Dios y a mis bienhechores y a todos los fieles que me han sido encomendados. Rezo siempre por todos”.
Como si se estuviera despidiendo, recordó y agradeció los días felices del trabajo en la Catedral, y los primeros años en la Capellanía de la Salud, la Divina Providencia y la Ciudad de los Niños, el trabajo largo del Seminario, la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de Betulia, Jalisco, y la Parroquia de N. Sra. de Guadalupe, ciudad de nuestra ciudad capital.
“El tiempo difícil de la Vicaría General, en la que Dios me concedió la alegría de ser y sentirme amigo del señor obispo don Ramón Godínez, de santa memoria. Agradezco al Señor Jesús, la confianza que tuvo conmigo en la Sede Vacante y en el primer año del Servicio Episcopal del Sr. Obispo José María de la Torre y finalmente mi servicio de párroco en la comunidad de la parroquia del Templo Votivo del Sagrado Corazón de Jesús, que es casi el punto final de mi vida”. Descanse en paz, don Rigoberto Ruiz Palos.