Por: José Carlos Romo Romo

Estimado lector, acabamos de vivir una experiencia verdaderamente única: La celebración del aniversario 205 del inicio de la lucha por la independencia nacional. Es incorrecto señalar que cumplimos doscientos cinco años de ser un país libre e independiente, toda vez que dicho momento histórico, como todos lo sabemos, corresponde al 28 de septiembre de 1821, fecha de la Acta de Independencia del Imperio Mexicano.

Sin duda, este ánimo de fiesta permeó en el pueblo mexicano gracias al enorme despliegue mediático que implementó el Gobierno Federal, secundado por los gobiernos estatales y municipales. Todas las celebraciones estuvieron encaminadas a exaltar un sentimiento patriota y de auténtica identidad nacional, lo cual me parece acertado, especialmente en estos momentos de incertidumbre económica que experimenta el país.

Pero los festejos patrios no deben significar exclusivamente fiestas populares y eventos magnánimos como los que pudimos presenciar en días pasados, en todos los rincones de México. Esta festividad debe implicar algo más, debe representar la oportunidad idónea para reflexionar acerca de México, es decir, buscar el punto de partida para construir un mejor país.

El martes pasado, invité a mis alumnos de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, a quienes les mando un afectuoso saludo, a utilizar estas fiestas patrias para reflexionar sobre tres cuestionamientos elementales, los cuales transcribo a continuación: ¿Qué significa México para mí?, ¿qué le falta a México para ser un país de primer mundo? y ¿qué estoy dispuesto a hacer por mi país? Después de una meditación interna, me encuentro en condiciones de compartir con Usted, amigo lector, mis respuestas a dichas interrogantes, invitándolo a que Usted replique el mismo ejercicio:

Por una parte, México tiene muchos significados para mí. Es el lugar donde nací, donde quiero vivir y donde deseo morir. Es muy lamentable que, según diversas encuestas realizadas recientemente, la mayoría de los mexicanos están dispuestos a irse a vivir a otro país con mejores oportunidades económicas. Asimismo, México es una fuente inagotable de inspiración para superarme cada día, de tal forma que pueda contribuir al desarrollo de mi país.

Ser mexicano implica un sentimiento de enorme orgullo y responsabilidad, por lo que nuestros antepasados han dejado como legado, sentimiento que estoy comprometido a compartir y promover con mi hijo y mis estudiantes, porque es la única manera de hacer prevalecer a una nación fuerte y unida, a la que, muchos de los que piensan como yo, aspiramos.

En otras palabras, hago mía una frase que solía repetir, hasta el cansancio, el Licenciado José Padilla Cambero (q.e.p.d.), a quien admiré y estimé por muchos motivos: “Para mis hijos, mi vida. Para mi patria, mis hijos”.

Por otro lado, podríamos pensar que México carece de muchas cosas para ser un país verdaderamente desarrollado. En lo particular, difiero de ese criterio, la única vía para revertir las condiciones actuales del país es apostarle a un elemento fundamental: La educación. En la educación de los mexicanos está la solución de todos nuestros problemas, porque que, con ella, lograríamos formar auténticos patriotas y, por consiguiente, mejores ciudadanos y hasta, por qué no, mejores gobernantes. Siguiendo esa vereda educativa, tendríamos mexicanos más competitivos, emprendedores y conscientes de la aportación que todos debemos hacer a la patria.

Finalmente, en lo particular, creo que debemos estar dispuestos a dar hasta la vida por nuestro país, sin limitaciones, puesto que a ella nos debemos. Reprocho enérgicamente la actitud de la mayoría de nuestros connacionales. Debemos empezar, cada día, por ser mejores en lo que hacemos, realizando nuestras actividades cotidianas pensando en el beneficio que puedo causarle a mi país.

Lo invito a que Usted reflexione, en su fuero interno, lo que significa México para Usted y se cuestione qué está dispuesto a hacer por nuestro país. Ojalá que Usted forme parte de ese grupo de mexicanos que amamos intensamente a nuestra patria y que estamos convencidos de que, con la valiosa participación y aportación de cada uno de nosotros, México puede transformarse para bien y convertirse en esa patria ordenada y generosa en la que todos quisiéramos y debiéramos vivir.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

 

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