Desde épocas remotas viene el dominio que ejercen algunos individuos sobre los demás y que luego se adjetivó como “organización de la sociedad”, en donde la mayoría tiene que obedecer a unos cuantos. Así fue como surgió la autoridad que luego creó las reglas a que estaban sujetos todos, preservándose la élite derechos y facultades que derivaron en leyes, códigos, ordenanzas y todo aquello que signifique subordinación, observancia y lealtad a los preceptos.
A partir de ahí se podrá encontrar toda clase de organizaciones que signifique la envoltura que se requiere para que el sistema se mantenga vigente, como los partidos políticos, que les basta etiquetarse de derecha, izquierda, centro o lo que se les ocurra, para tener un espacio en la vida pública, aunque ni todos juntos representen a una mínima fracción de los ciudadanos. Esto no obsta para que sea una casta privilegiada que vive de los impuestos, que le basta presionar para obtener nuevas prebendas y cuando no las consigue declara de todo lo imaginable hasta lograr su objetivo.
Si alguien quiere subsistir sin trabajar y tener una holgura económica puede formar un grupo que difunda las calamidades de la clase gobernante y pronto encontrará quien lo arrope y patrocine y hasta le ofrezca hacerlo regidor, diputado, senador o recomendarlo a la estructura pública. Hay defensores sociales que sólo les ocupa estar en la nómina y disponibles para restregarle alguna actitud al que va en sentido contrario.
Otros se vanaglorian de ser líderes de sindicatos patronales y colegios de profesionistas, sin embargo en el primero de los casos los asociados son unos pocos. En Aguascalientes hay cerca de 13 mil empresas y negocios, por lo que en ese número estarían integrados a las cámaras, pero si se analiza la membresía de cada una de ellas se encontrará que la mayoría se mantiene ajena, lo que ha motivado que periódicamente hagan campañas para obligarlos a que se inscriban. Quieren ser representantes por la coacción, no por el convencimiento y la razón, lo que no impide que se definan como paladines del sector, además no vacilan con provocar sarracinas para hacerse de la silla principal, máxime que se acerca el relevo sexenal por lo que no paran en mientes para tomar posiciones.
En cuanto a los profesionistas el de los abogados es clásico, ya que debería de ser uno de los gremios más poderosos a partir de que son más de 7 mil en la entidad, pero desde hace décadas que hay varias agrupaciones que van de acuerdo a los vaivenes de la política, aunque la mayoría asegura que son apartidistas, y así como ellos hay otros que utilizan las siglas para apoyar alguna causa que es sólo de interés para los cabecillas.
A nivel más mundano se encuentran los dirigentes de barrio o de colonia, que presuntamente son los enlaces de los vecinos y la autoridad para lograr las obras y servicios que les permita alcanzar un mejor bienestar, pero en la práctica es poco lo que consiguen ya que su función se desvirtúa al estar a las órdenes de un partido político, que sólo le interesa el control para efectos comiciales.
Este tipo de organización ciudadana tiene resultados negativos el día de las elecciones, al abstenerse la mitad de los votantes que no encuentran una motivación para ir a las urnas, a sabiendas que con su actitud dejan que otros elijan por ellos, pero el origen se encuentra en el casi nulo entusiasmo común.
Ante lo descrito es incontrovertible que se requiere una fuerte sacudida al sistema de organización social, para que se haga realidad el significado de la democracia según la Real Academia Española: “Doctrina política según la cual la soberanía reside en el pueblo, que ejerce el poder directamente o por medio de sus representantes”, y una forma de sociedad que practica la igualdad de derechos individuales, con independencia de etnias, sexos, credos religiosos, etc.

GRITOS EN EL DESIERTO

Cuantas veces se quiera se enumerarán todas las anomalías que registra el transporte urbano, pero al final del día todo sigue igual y no cambia por la sencilla razón que hay un vacío absoluto de autoridad. Más de 300 mil usuarios diarios de este servicio pueden seguir lanzando denuestos, que no hay quien los escuche.
Como lo ha hecho otras veces, el secretario general del sindicato de operadores del transporte colectivo, Roberto Mora Márquez, puso el dedo en la llaga al citar que los concesionarios pretenden engañar al sólo pintar la unidad, suponiendo que con eso ya cumplieron con la “modernización” del servicio.
Las deficiencias no se tapan con pintura o reparar los desperfectos visibles, sino a través de un cambio de mentalidad, de entender que un negocio bien cuidado deja mayores ganancias y lo que hacen los camioneros es todo lo contrario, ya que les preocupa más “cuánto me van a traer”, cuando lo que deberían hacer es invertir para que los carros estén en excelentes condiciones.
Los medios informativos y las redes sociales son el mejor termómetro de las condiciones en que se ofrece este servicio, lo que sería para darles vergüenza, pero prefieren hacerse que la Virgen les habla y como no hay quien supervise ni que los obligue a cumplir todo sigue igual.
Mora Márquez considera injusto que los usuarios les echen en cara a los operadores por el mal servicio, ya que ellos son trabajadores y no está en sus manos la corrección, sin dejar de reconocer que las quejas por el servicio y el estado en que se encuentran las unidades “no son exageradas”.
Aunque el dirigente sindical plantea que hace falta voluntad de los concesionarios para acabar con los problemas, más bien se requiere que la autoridad se encargue de aplicar el Código Urbano. Sólo eso, valerse de lo que señala el ordenamiento para hacer que el transporte urbano sea realmente un servicio y no una decepción colectiva.

NOCIVO CERRAR PUERTAS

La política del azadón ya no se vale en los tiempos de la globalización, por lo que sólo queda allegarse de los conocimientos y la capacidad suficiente para competir. Lo que propone el presidente del Colegio de Ingenieros Civiles de Aguascalientes, Miguel Ángel Huizar Botello, de que se le de preferencia a las empresas locales para la asignación de contratos de obra, sería algo parecido al Club de Tobi. El mensaje lo manda a las próximas autoridades estatales y municipales, en espera que las constructoras foráneas se queden silbando en la loma, lo que difícilmente sucederá con la infraestructura que obligue a las licitaciones nacionales. No es una cuestión de decir “primero las constructoras locales, luego las locales y después las locales”, sino de apegarse a lo que dispone la ley. En lo que sí es factible es en programas a cierto nivel de aplicación y también que pueda distribuirse en varias empresas para que la empapada sea pareja, pero para las grandes inversiones tienen que desembolsar en recursos humanos, equipo y maquinaria, o asociarse entre varios para ganarle los concursos a los foráneos. La ciudadanización de los programas que se ha mencionado en las últimas semanas es para beneficiar a todos, por lo que desde ahora tienen que hacer el esfuerzo de allegarse los recursos necesarios para estar en un nivel vencedor.