Arrancó la Semana Santa con la celebración eucarística del Domingo de Ramos; el obispo José María de la Torre ofició en Catedral esta ceremonia que recuerda la entrada mesiánica de Jesús de Nazaret a Jerusalén. Los fieles asistentes fueron partícipes de este encuentro con el Señor, al que acudieron con ramos de palmas.

El pastor diocesano enfatizó que la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén nos pide a cada uno de nosotros coherencia y perseverancia; ahondar en nuestra fidelidad para que nuestros propósitos no sean luces que brillan momentáneamente y pronto se apagan.

Fue la ocasión para que el mitrado reiterara la invitación a la comunidad a vivir con espíritu de fe los acontecimientos de esta Semana Santa, en la que se actualiza en las celebraciones sacramentales, la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

“Comencemos la Semana Santa con un nuevo ardor y dispongámonos a ponernos al servicio de Jesús; tratemos de mantenernos con coherencia entre la fe y la vida, caminemos hacia la Pascua con amor, por eso, vivamos santamente la Semana Santa”, resaltó.

El prelado insistió en que los días venideros deben vivirse con profunda devoción, en gracia con Cristo; invitó a los feligreses a ser partícipes de los oficios propios que en los días santos se realizan en los diferentes templos y parroquias, y recordar que es un tiempo para practicar las obras de misericordia.

“Vivir la Semana Santa es acompañar a Jesús desde la entrada a Jerusalén hasta la resurrección; es descubrir qué pecados hay en mi vida y buscar el perdón generoso de Dios en el sacramento de la reconciliación; es afirmar que Cristo está presente en la eucaristía y recibirlo en la comunión, es aceptar decididamente que Jesús está presente también en cada ser humano que convive y se cruza con nosotros. Vivir la Semana Santa es proponerse seguir junto a Jesús todos los días del año, practicando la oración, los sacramentos, la caridad”, precisó.

Luego de la lectura del Evangelio de San Marcos, que relata la pasión, muerte y resurrección de Cristo, el obispo hizo una reflexión de que, como el apóstol San Pablo, es importante meditar sobre estos momentos cumbre de la misión de Jesús, que se entrega de manera anticipada durante la institución de la eucaristía, que se recuerda en el Jueves Santo, durante la Última Cena con sus discípulos.

“La Semana Santa es la gran oportunidad para detenernos un poco, para pensar en serio, para preguntarse en qué se está gastando nuestra existencia, para darle un rumbo nuevo al trabajo y a la vida de cada día, para abrirle el corazón a Dios, que sigue esperando, para abrirle el corazón a los hermanos, especialmente a los más necesitados. La Semana Santa es la gran oportunidad para morir con Cristo y resucitar con Cristo, para morir a nuestro egoísmo y resucitar al amor”, recalcó.