Carlos Gutiérrez Gutiérrez

Para evitar ser objeto de algún fraude, es importante que para aquellos deudores que decidan liquidar sus créditos y que éstos estén ya en manos de despachos de cobranza, se establezca un contrato de finiquito y que el deudor obtenga una carta de no adeudo de parte del despacho que realiza la cobranza, ya que, en ocasiones, los cobradores se quedan con el importe de la recuperación, dejando vigente la deuda, advirtió el especialista en finanzas, Gerardo Sánchez Herrera.
Dijo que frecuentemente, los deudores, cuando deciden liquidar sus créditos pendientes con la banca, en desconocimiento que la cartera fue vendida a despachos que se dedican a la recuperación de adeudos, no toman la precaución de establecer un contrato de finiquito en donde se especifique con toda claridad que el adeudo contraído originalmente con alguna institución bancaria, está siendo liquidado.
Los bancos por lo general, a los 90 días de que un acreditado no ha abonado a su adeudo, venden la cartera a despachos de cobranza y legalmente los deudores dejan de tener el compromiso con el banco, aunque eso lo desconocen, y los derechos de cobranza pertenecen a grupos de abogados.
Estos despachos, que por cierto, nadie los regula, generalmente no expiden comprobantes suficientemente consistentes que demuestren que la deuda ha sido liquidada o en el peor de los casos, los cobradores se quedan con el importe del pago, por lo que, el adeudo sigue manteniendo en Buró de Crédito su estatus de insolvente.
Dijo que llegan a los domicilios a realizar las labores de cobranza, lo hacen de una forma inapropiada, ya que, aunque hay leyes federales y estatales que intentan controlar los abusos de los despachos de cobranza, en realidad siguen sin control, asustan a la gente y los obligan a realizar el pago del adeudo.
Los deudores, dijo, acceden a liquidar porque después de que los han atemorizado, les ofrecen liquidar una cantidad muy inferior a la deuda original, y con tal de quitarse la presión psicológica que ejercen sobre ellos, entregan el dinero sin pedir un comprobante debidamente elaborado, que acredite el finiquito de la deuda.
Lo correcto es que el deudor pida que el despacho elabore un contrato de liquidación de adeudo, que el deudor lo lea bien y pida cambios en aquellas cláusulas que no esté de acuerdo y una vez solventados los detalles del contrato, se realice el pago y se obtenga un recibo bien elaborado en donde se especifique, quién, cuándo, y en dónde se está realizando la liquidación de la cantidad pactada y de preferencia que haya testigos.
Sumado a lo anterior, es recomendable que se le exija al despacho de cobranza, una carta constancia de no adeudos, a efecto de que se pueda realizar un trámite sencillo ante el Buró de Crédito para modificar rápidamente el estatus de insolvencia económica.
Es lamentable que, muchas familias, sobre todo de escasa cultura y preparación educativa, les tomen el dinero del supuesto pago de adeudo, pero como no exigen comprobantes ni mucho menos contratos, los cobradores, a veces el que llega en moto, se quedan con el importe que les exigen para solucionar el problema de adeudo, pero ese dinero nunca llega a las cuentas de los despachos, por lo que, pasado el tiempo, vuelven a requerirles el pago y si no cuentan con comprobantes, siguen estando en una situación de insolvencia ante el Buró de Crédito y padeciendo los estragos de un sistema de cobranza de la época medieval, dijo.