Mucho se ha hablado sobre la legalización en el uso de la marihuana y, como Iglesia, no podemos permanecer indiferentes ante las situaciones que dañan a las familias y a la sociedad en general, consideró el obispo José María de la Torre Martín.

“Es importante que se escuchen las voces de todos los niveles de la sociedad, principalmente de los padres de familia, de las instituciones dedicadas a rehabilitar a quienes buscan salir de una adicción, de ésta y otras drogas, y a los mismos rehabilitados. Ellos tienen elementos tangibles que iluminarían ampliamente la situación real, ya que son los directamente afectados e involucrados en los procesos de adicción y posterior desintoxicación. Y así, la medida que busca tomarse, de legalizar el uso de la marihuana, no vaya a convertirse en un mero acto populista, o en una situación que favorezca los intereses de unos cuantos, sin estudiar verdaderamente la raíz del problema y las consecuencias que se tendrán que afrontar y para los cuales, como sociedad, no estamos, todavía, lo suficientemente preparados”.

El Papa Francisco ha declarado recientemente que “no es la liberalización del consumo de drogas, lo que podrá reducir la propagación y la influencia de la dependencia química. Es preciso afrontar los problemas que están a la base de su uso”.

Sabemos de los grandes esfuerzos que realiza el gobierno, a nivel federal y estatal, para erradicar este mal, sin embargo, no se podrán encontrar caminos que impacten profundamente, si no hay una verdadera sinergia entre el Gobierno y los padres de familia, las instituciones, los ex adictos y la Iglesia.

“Al unir esfuerzos y escuchar las propuestas, seguro estoy que encontraremos soluciones efectivas que tendrán un alto impacto y ayudarán a erradicar el mal que ocasiona el uso de estupefacientes en nuestra sociedad”.

Dijo que se ha comprobado que, al legalizar alguna droga, los problemas que de su consumo emanan, no desaparecen, simplemente se “cubren” bajo un endeble argumento y lo que debería ser una solución, se convierte en una salida superficial, que termina por seguir denigrando al ser humano.

Hizo un llamado a los legisladores para que recuerden el compromiso de todo servidor público: buscar siempre el bien común de la sociedad, y que toda ley emanada de cualquier legislatura, sea seriamente pensada y consensuada, para buscar que verdaderamente se proteja y preserve el bien de todos los individuos, y nunca para hacer, directamente o indirectamente, un mal a nadie.