El lugar en que lo internaron para salvarle la vida, irónicamente se convirtió en el escenario de su muerte. El infortunado adicto a las drogas, ya carente de autoestima, optó por suicidarse. Ya lo había intentado en varias ocasiones y finalmente logró acabar con su tormentosa existencia.
Según información proporcionada, el hoy occiso tenía 55 años de edad. Lamentablemente ya experimentaba graves daños a consecuencia del consumo de drogas, esas crisis emocionales llegaron a tal grado que empezó a concebir la posibilidad de escapar por la llamada puerta falsa.
Su familia fue testigo de la autodestrucción del hoy occiso. Y empezaron los atentados contra su propia vida; en varias ocasiones estuvo a punto de consumar el trágico final.
En casa tomaron la decisión de internarlo en un centro de rehabilitación. Tenían la esperanza de que en ese lugar, con el tratamiento, le ayudasen a superar la adicción.
Sin embargo, desde el primer momento él le imploró a su familia que no lo internaran; que si lo hacían, se mataría.
Se mantuvieron firmes en lo que decidieron y lo llevaron a un centro denominado Siete de Junio, ubicado en la calle Abraham González en la colonia Insurgentes.
La noche del pasado jueves, terminadas las actividades cotidianas todos se retiraron a dormir. En determinado momento, el paciente avisó que requería ir al baño. El encargado no se opuso. Transcurrieron varios minutos y no volvió. Por aquello de las dudas, el empleado decidió ir al sanitario y confirmar que todo estuviese en orden.
Al ingresar encontró al hoy occiso en el piso. Se había colgado de la regadera pero el tubo se rompió. Pensando que aún estaba vivo intentaron reanimarlo; fue en vano.
Llamaron al servicio de emergencia y los paramédicos confirmaron que ya nada se podía hacer por el señor, había perdido la vida. Lo dicho, estaba en un lugar donde intentarían salvarlo pero en lugar de la segunda oportunidad, se convirtió en su tumba.