Erasmo García Salinas dedicó casi 30 años de su vida a trabajar en diferentes áreas del INEGI, ahora, con 66 años en sus hombros y luego de su jubilación, se resistió a quedarse en su casa, pues ello significaba entrar en depresión, por lo que desde hace ocho años se desempeña como empacador en una tienda de autoservicio; “no lo hago por lo que gano, sino por las sonrisas que me regala la gente, cuando no nos dan propina, con eso me mantengo”, resaltó el sexagenario.
Comentó que desde el 2005 se pensionó, sin embargo, se resistía a la idea de quedarse en su casa; “se me hace muy tedioso estar en la casa, sin hacer nada, yo estaba acostumbrado a diario trabajar”.
Él ha visto cómo se consumen sus compañeros que luego de pensionados, deciden no realizar ninguna labor extra, es ahí, según dice, cuando comienzan los problemas con la pareja, con la salud y el estado de ánimo.
Expresa que es poco lo que recibe por la labor que ahora desempeña, pues en un día muy bueno, apenas termina su jornada con cien pesos en la bolsa, ya que la empresa en donde se desarrolla no les ofrece un sueldo, su paga es, como dijo antes, las sonrisas y propinas de la clientela; “cuando mucho saco cien pesos en un turno de 9 a 3 o de 3 a 9”, resaltó.
Don Erasmo señala que tiene cinco hijos, la mayoría ya casados e independientes, aunque todavía tiene a una pequeña que estudia, por lo que parte de sus propinas y pensión se destinan al apoyo para que su hija pueda continuar con su formación académica; “ya va a terminar la prepa y aparte está estudiando belleza, y pues cuando vaya a la universidad no habrá dinero que alcance”.
Dijo que pretende seguir activo, embolsando las compras de los clientes, hasta que Dios le dé la oportunidad.