Por Jesús Álvarez Gutiérrez

ciudad-vivaLa semana pasada el gobierno chino tomó la decisión inteligente de devaluar 5% su moneda, después de 10 años en los que revaluó y luego mantuvo fijo su tipo de cambio. La medida soberana de ese país ya se utiliza como pretexto para justificar otra baja en las expectativas de crecimiento de México: ya no creceremos al 4% anual sin Reformas, ni mucho menos al 6% con Reformas, como se nos había prometido, sino apenas al 2% inercial.

A pesar del estratosférico volumen de reservas internacionales que tiene, por 3.6 billones de dólares, China optó por devaluar el yuan para volver más competitivas sus exportaciones y dinamizar su economía, ya que considera insuficiente su ritmo de crecimiento de 7% anual. El mercado más importante para sus productos manufacturados son los Estados Unidos, por lo que se anticipa que la medida perjudicará directamente a México, que es otro de los principales proveedores.

Parece difícil entender cómo nosotros no hemos logrado acelerar nuestra economía a pesar del buen ritmo de nuestras exportaciones apoyadas por la devaluación del peso mexicano de casi 30% en el último año respecto al dólar. Al contrario, los empresarios mexicanos culpan a la devaluación del encarecimiento de sus insumos, ya que son importados; exigen al Banco de México defender la estabilidad de la moneda o, amenazan, “se verán obligados a trasladar a los consumidores el aumento real de sus costos”. Aducen que hasta la fecha han podido contener el alza de precios echando mano de sus inventarios, adquiridos con el tipo de cambio anterior.

Ante el temor de que se dispare la inflación, el Banco de México efectivamente ha salido a defender el peso. Los embates cada día son mayores. El Banco de México comenzó subastando 40 millones de dólares diarios, luego 200 y hay días que hasta 400 millones. Si estos montos no han sido suficientes es porque los grandes inversionistas nacionales y extranjeros han perdido la confianza. No importa que a la devaluación le llamemos “ajuste”, y a la pérdida de reservas le denominemos “desacumulación”, lo cierto es que la batalla se antoja difícil de sostener en el mediano plazo.

Las reservas internacionales, que casi alcanzaron los 200 mil millones de dólares a principios de año, han bajado a 190 mil millones, lo que ni siquiera bastaría para sostener el volumen de importaciones equivalente a un semestre, considerado como piso mínimo.

De acuerdo al análisis más reciente de JP Morgan, México ha perdido margen de maniobra fiscal y monetario por lo que “ha entrado a formar parte de los cinco países emergentes más frágiles”, junto con Colombia, Turquía, Sudáfrica e Indonesia, por considerarlos demasiado dependientes de capitales transnacionales “golondrinos”. Las finanzas públicas mexicanas se han debilitado por el derrumbe petrolero, pero además, el “índice de cobertura de reservas” de nuestro país (que toma en cuenta déficit de cuenta corriente, servicio de la deuda e inversiones de portafolio, entre otros indicadores) es de solamente 1.6 años, mucho menor, por ejemplo, que los siete de años de Rusia, otro exportador de petróleo. Los pasivos de cartera en manos de extranjeros alcanzan el 37% del PIB, uno de los porcentajes más altos entre los países emergentes de acuerdo al Fondo Monetario Internacional (FMI).

¿Por qué aumenta la competitividad de China con una pequeña devaluación del yuan, y no aumenta la competitividad de México con una gran devaluación del peso? Por una razón muy simple: las exportaciones chinas llevan un altísimo contenido nacional, así que toda la economía local se ve beneficiada cuando aumenta la producción y exportación de sus productos finales.

En cambio, el modelo que estamos siguiendo en México en el sector manufacturero, basado en inversión extranjera directa (IED) y procesos de maquila de insumos importados, ha resultado en alto crecimiento de las exportaciones con poca integración nacional, escaso valor agregado y bajo empleo. Los sectores denominados dinámicos, como el automotriz, aeroespacial y electrónico, están cada vez más automatizados y requieren menos mano de obra que en el pasado. Las empresas transnacionales que lideran estos sectores presumen incluso que han transitado de la era de las máquinas a la era digital.

En turismo tampoco se ha visto el beneficio de la devaluación, pues aunque ha aumentado el número de visitantes extranjeros, su gasto per cápita se ha reducido, ya que les rinden más sus dólares. Donde, para sorpresa de muchos, se han obtenido mejores resultados, es en el sector agropecuario, especialmente en hortalizas y ganado. Por primera vez en varias décadas se ha logrado un superávit en la balanza comercial externa del campo, por un monto que ronda los mil 500 millones de dólares en lo que va del año.

Es posible que, para mantener el objetivo prioritario de la estabilidad macroeconómica, el Banco de México crea que debe recurrir a subir las tasas de interés, y la Secretaría de Hacienda a realizar un tercer recorte al gasto público, medidas ambas que frenarían más el crecimiento nacional.

Para disminuir nuestra vulnerabilidad externa, insistimos en la necesidad de avanzar hacia un modelo de desarrollo económico alternativo que priorice el mercado nacional a través de fortalecer el poder adquisitivo de nuestra población. El Instituto para la Transición Democrática, al conocer los informes del INEGI y el Coneval sobre el aumento de la pobreza y desigualdad en el país, reiteró su propuesta de crear una red de protección social universal, mediante la que todos los mexicanos tengan garantizada una educación de calidad, buena salud, pensión digna y seguro de desempleo, independientemente de su estructura laboral o nivel de ingresos. El debate sobre crecer con políticas públicas que garanticen la distribución del ingreso es indispensable. En los escarceos sobre el Presupuesto Base Cero podremos valorar la actuación de nuestros representantes populares en la Cámara de Diputados.

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