Saúl Alejandro Flores

Amables lectores, la semana pasada en este diario aparece una nota haciendo alusión a la escasez de agua, según lo advierte un profesionista y especialista que estimo y respeto, el Ing. Jorge Ortega de León, su declaración puede ser apreciada en los siguientes párrafos que he transcrito:  “Tan pronto sea publicado en el Diario Oficial de la Federación el cambio de la Norma Oficial Mexicana 250, de la Secretaría de Salud, que regula la calidad del agua potable que se extrae del subsuelo, cuando menos 17 pozos que abastecen a la red en la zona poniente de la ciudad serán clausurados porque no reunirán los nuevos requerimientos de calidad, afirmó el ecologista Gerardo Ortega de León”.

“Indicó además, que la ciudad de Aguascalientes enfrenta un déficit de al menos 30 pozos más que se han ido secando y no se han repuesto, lo que pondrá en aprietos a los organismos operadores del agua, sino se toman medidas rápidamente, advirtió”.

“Refirió a las más recientes declaraciones del titular de CCAPAMA, Evaristo Pedroza Reyes, quien aceptó que 17 pozos deberán ser clausurados tan pronto entren en vigor los cambios a la referida norma, y que para poder ser usados, tendrán que adaptárseles plantas potabilizadoras dado que la calidad del agua puede resultar dañina a la salud humana”.

“Actualmente lo que hacen CCAPAMA y CAASA, es que tratan el agua a base de cloración, es un esquema de purificación estrictamente biológico, pero de lo que estamos hablando es de la presencia elevada de materiales pesados como arsénico, fluoruro en grandes cantidades, que no se eliminan con cloro, sino que se requiere de un procesamiento más especializado para dejar en óptimas condiciones el agua que llega a los hogares”.

“La ubicación de los pozos que no cumplirán con la norma, son los que están a los márgenes del río San Pedro, un cuerpo de agua contaminado que está infiltrando el manto acuífero por una falla geológica y que, al no tener el colector marginal derecho, lo que está ocurriendo es que se está contaminando el agua, haciéndola menos apta para su consumo”.

“Señaló que para habilitar los 17 pozos que están por dejarse de emplear, se requiere una inversión de cerca de 4 millones de pesos por cada uno, ya que se está hablando de que cada uno deberá contar con una planta potabilizadora”.

“Se deberán emplear sistemas potabilizadores con los métodos de ósmosis inversa o bien a través del tratamiento del líquido por iones, para eliminar los metales pesados que contienen, pues se extraen de profundidades cada vez mayores en donde la calidad del agua es mucho menor”.

“Finalmente, dijo tener conocimiento de que los laboratorios que vigilan la calidad del agua que se distribuye en la red hidráulica, está en constante comunicación. Los laboratorios de Conagua, ISSEA, CAASA y CCAPAMA, están en constante intercambio de información y sé que todos ellos han obtenido información sobre la pésima calidad del agua que se está extrayendo, lo que obliga a un tratamiento más allá de clorarla”.

A partir de la transcripción de los párrafos puede apreciarse el escenario complicado que se avizora, y no es sólo por la inversión que pudiera significar el erogar aproximadamente 68 millones de pesos para poder rehabilitar los 17 pozos y que la calidad de agua sea óptima para el uso humano, eso sería al aplicarse la Norma Oficial Mexicana 250 que se alinearía con normas internacionales que son estrictas en la calidad de agua, lo grave es amable lector, que eso exhiba que nos encontramos por debajo de los parámetros de norma internacional y por supuesto nacional, porque manifestaría que la calidad de los servicios dista de ofrecer no sólo calidad sino seguridad en materia de salud.

El otro punto que me genera inquietud es que el procedimiento de cloración en algunos lugares ya no es aceptado, si bien se realizan los monitoreos de cloro residual en la red, porque sabrán que el cloro tiene entre sus propiedades eliminar organismos vivientes, en determinadas dosis es nocivo para el cuerpo humano, de ahí que se han explorado métodos desde el ultravioleta en lo biológico y otros procesos para eliminar metales pesados o químicos en lo general, es aceptado el método de ósmosis inversa, sin embargo, para el consumo humano o beber no es lo más adecuado, porque el cuerpo necesita sales y minerales, (claro algunos que son necesarios), otros pues definitivamente serían nocivos.

El agua embotellada que es el auténtico botín en la privatización del recurso agua con un costo exorbitante, es agua muy ligera que no termina por quitar la sed, lo que obliga a que se esté bebiendo continuamente agua, eso se traduce en mayor consumo y ganancias para las embotelladoras. Es por ello, recordarán que en ocasiones anteriores, les mencioné que una forma de ver el ejercicio del derecho humano al agua, es que el usuario tenga la garantía de que pueda beber agua del grifo o de las llave sin riesgo alguno, ello además implicaría un ahorro enorme a la economía familiar, porque una familia promedio consume en promedio 16 garrafones de agua al mes, que son 320 litros de agua, que se traduce en 480 pesos aproximadamente, un metro cúbico tiene mil litros y su costo oscilaría en 30 pesos conforme su recibo mensual de agua. Pueden ver amables lectores, que si tuvieran la certeza de poder beber esa agua lo que se ahorrarían, además de que el pago por consumo de agua de garrafón es superior a su pago de recibo de agua promedio, y esa cantidad se dispara de manera todavía más escandalosa cuando se consume agua con sabor y gas, es decir el refresco.

Como verán amables lectores, la tarea es enorme, demanda cuidado y profesionalismo, así como una responsabilidad con alto compromiso ético, el problema es transversal con impactos en lo ambiental, económico y calidad de vida, no puede ser postergado, este tema del agua urbana lo seguiré abordando en próximas colaboraciones, porque esas deben ser acciones tendientes a que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

Comentarios: saalflo@yahoo.com  Twitter: @saul_saalflo