CDMX.- Ser payaso es una profesión muy demandante como para que llegue alguien a satanizarla con el fin de aterrorizar a la gente, consideró Costel, hijo del payaso Lagrimita.
“Da una tristeza porque nosotros tratamos de elevar el nombre del payaso, de traer esa cultura europea y respeto al país. Y de pronto salen esas cosas que denigran y da una tristeza.
“Eso causa que los niños nos tengan miedo y que compañeros no tengan trabajo. Luego nos decepciona saber que a un compañero le pegaron, le aventaron piedras a su camioneta o que se la rayaron”, comentó. (Manuel Tejeda/Agencia Reforma)