La correcta amalgama de cine y neurosis

“La miseria adora la compañía”, y nosotros los cinéfilos simplemente no podemos dejar de adorar lo que la miseria trae a la narrativa cinematográfica, inspirando incontables relatos, muchos de los cuales lograron trascender hasta referirse a ellos como clásicos. En lo que respecta a esta atmosférica y muy sugerente producción española titulada “Sangre de mi sangre / Musarañas” (su título original posee una carga más coherente de simbología e intención una vez adentrados en la trama), la desolación física y emocional alcanza tintes criminales con múltiples guiños fílmicos, pero resguardando una esencia particular, beneficiada por un cuadro de actores maravilloso. La cinta continua esta curiosa senda ibérica de escalofríos domiciliarios que buenos resultados ha arrojado tanto en taquilla como crítica (“Mientras duermes”, “Atrapados”, etc.) tomando en préstamo cierta materia constitutiva de sendos thrillers tan inolvidables como “Psicosis” (Hitchcock, E. U., 1960), “¿Qué pasó con baby Jane?” (Aldrich, E. U., 1962) y “Miseria” (Reiner, E. U., 1990) para trazar un mapa psicológico – sensible con la asistencia en producción de ese cartógrafo de lo improbable conocido como Alex de la Iglesia, quien supervisa la estilizada dirección de Juanfer Andrés y Esteban Roel, este último conocido actor de tv y ambos debutando en el terreno de los largometrajes con relativo tino. La historia se ubica en la España de los años cincuenta, cuando la formación religiosa aún era factor integral en la configuración de núcleos familiares y la obediencia absoluta a los paterfamilias era indiscutible. Tales componentes resultan integrales en el moldeado del personaje principal, Montse (Macarena Gómez), una mujer que relegó una vida propia en aras del cuidado de su hermana menor (Nadia de Santiago) y su enérgico e implacable padre (el siempre excelente Luis Tosar). Con el paso de los años, el padre fallece y su hermana se transforma en toda una mujer, lo que crea problemas internamente a Montse, ahora una modista para vecinas adineradas y afectada por una atosigante agorafobia que le impide salir siquiera al pasillo del edificio de departamentos donde reside. Su frágil psique recibirá un golpe decisivo con la llegada de Carlos (Hugo Silva), vecino del piso superior, quien llega a su puerta en calidad de accidentado debido a una caída. Ella lo cuida y gradualmente se enamora de él, mas no es correspondida, por lo que decide mantenerlo prisionero atado en cama y desencadenando una serie de eventos que llevarán ‘in crescendo’ a una serie de actos cada vez más violentos que involucran a terceros y a su propia hermana. Pero los problemas realmente surgen cuando papá simplemente no puede dejar a Montse en paz… El cuadro psicológico que se pinta en este filme es rico y angustiante, modelado en los cánones del horror minimalista posmoderno que funciona y produce los efectos deseados cuando los personajes se construyen mediante perfiles y emociones creíbles, y esto es lo que afortunadamente ocurre con los caracteres que desfilan en la cinta y reservando los impactos de profunda agresión para el tercer acto, todo un espectáculo granguiñolesco que se contrapone a la mesurada exposición de elementos previa, cuando atinadamente los directores exploran con detenimiento a sus personajes. El guión es muy solvente y la descripción que realiza una de las hermanas sobre los bichos que dan título al filme, muestra a la perfección la naturaleza y alma de ellos: las musarañas son pequeños mamíferos que se esconden y sólo atacan con violencia mediante veneno cuando son atacados. Musarañas por dentro y humanos por fuera.
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