Por: José Carlos Romo Romo

Estimado lector, la semana pasada, un grupo de once Senadores de la República tuvieron la célebre “ocurrencia” de presentar una iniciativa para reformar un par de artículos de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, con el objeto de prohibir, en todo el país, la entrada de menores de 18 años a espectáculos, “a su juicio”, violentos, tales como las corridas de toros, rejoneos, vaquilladas, tientas, novilladas y peleas de gallos, así como la incitación a presenciar o participar, activa o pasivamente, en este tipo de actividades.

Este grupo de “ilustres” legisladores federales lo integran las Senadoras Gabriela Cuevas Barrón y Laura Angélica Rojas Hernández del PAN, Diva Hadamira Gastélum Bajo del PRI, María de los Dolores Padierna Luna y Luz María Beristain Navarrete del PRD, Layda Sansores San Román y Ana Gabriela Guevara Espinoza del PT y Martha Angélica Tagle Martínez (sin grupo parlamentario), así como los Senadores del PRD, Zoé Robledo Aburto, Mario Delgado Carrillo y Alejandro de Jesús Encinas Rodríguez.

Primero que nada, debo señalar que es una iniciativa legislativa muy pobre en extensión y contenido, pareciera más bien una propuesta de una planilla de jóvenes que aspiran a integrar la mesa directiva estudiantil de su escuela y no tanto un planteamiento serio y digno de representantes populares de la Cámara Alta de nuestro país.

Su exposición de motivos es sumamente limitada en cuanto a argumentos de tipo social y científico, se restringe a hacer alusión a las conclusiones de una investigación hecha por una asociación civil denominada “Animal Defense Heroes”, así como los estudios de un par de académicos, como si esta trilogía de opiniones “científicas” fuesen la verdad absoluta sobre este tema.

Asimismo, la iniciativa se refiere al artículo 4° constitucional y a la Convención de los Derechos del Niño, aprobada por la Asamblea General de la ONU en 1989, sin poder manifestar razonamientos lógico-jurídicos suficientes y convincentes del por qué, “a su juicio”, el grado de violencia en este tipo de espectáculos produce una afectación física, psíquica o emocional en los menores de edad.

Finalmente, esta propuesta legislativa concluye enumerando los Estados y Municipios del país que ya han prohibido la celebración de espectáculos “violentos” por provocar sufrimiento y maltrato a los animales o al menos la restricción de su ingreso a menores de edad, como es el caso de los Estados de Sonora, Guerrero, Veracruz y Coahuila, así como diversos Municipios de estas Entidades Federativas y otros tantos de Michoacán, Guanajuato y el Estado de México.

Ahora quisiera comentar con Usted el enfoque que tengo sobre este tema y particularmente acerca de la multicitada iniciativa, a través de las siguientes reflexiones y apreciaciones personales:

  • Me parece que existen otros temas mucho más trascendentes para el país que deben preocuparles a nuestros representantes populares y que, en estos momentos, deberían estar trabajando en el plano legislativo, en lugar de andar explorando y abordando tópicos que sólo están de moda, digámoslo así, buscando “catalanizarse” e ir en contra de costumbres muy arraigadas en el pueblo mexicano.
  • No conozco a ningún niño o adolescente que le gusten los toros o esté practicando la tauromaquia y que sea violento o haya desarrollado una conducta patológica de maltrato a los animales, por el contrario, muchos de ellos se dedican a la ganadería o estudian para ser veterinarios.
  • Estos legisladores no toman en cuenta lo que representa la fiesta brava para México, especialmente en lo que corresponde al desarrollo de nuestra cultura y las expresiones artísticas, así como la derrama económica que representa. Miles de mexicanos viven de esta actividad, de cerrarle la puerta a los futuros aficionados a los toros, en unos diez o quince años, acabarían con esta actividad y privarían de un ingreso digno y legítimo a todas estas personas.
  • Si a estos legisladores lo que les preocupa es que los niños y adolescentes mexicanos no resulten ser adultos violentos, habría que considerar otro tipo de actividades cuyo desarrollo provoca mayores agravios a los animales, como la caza o la pesca, o peor aún, aquellos deportes cuya esencia implica emplear la violencia física en perjuicio de otro ser humano, como el box o la lucha libre. Habría que prohibir, pues, la realización o presencia infantil en todas estas actividades y, “de pasadita”, restringir la transmisión en horarios no familiares del Canal del Congreso, debido a las múltiples tomas de tribuna y el deplorable nivel de debate que tienen algunos de nuestros legisladores federales, empleando un lenguaje inapropiado y soez, ejerciendo así violencia verbal sobre sus mismos colegas de Cámara.
  • Al final del día, los padres de familia debemos tener el derecho y, al mismo tiempo, el deber de decidir, con consciencia, lo que es mejor para nuestros hijos, dentro de los usos y costumbres de nuestra familia y la comunidad, y siempre apegados a un marco de ética y moralidad.

Por lo anteriormente señalado es que me atrevo a decir que esta iniciativa de Ley no es más que una “sandez legislativa”, producto de la miopía, ignorancia y ánimo populista de sus autores y promotores. Me queda claro que estos once Senadores no son aficionados a los toros y, muy probablemente, nunca han puesto un pie en una plaza para saber de lo que están hablando.

Permítame confiarle una anécdota familiar: Mi hijo de tan sólo siete años de edad me ha acompañado a más de una treintena de festejos taurinos. Siempre que salimos de una novillada, festival o corrida, termina entusiasmado con lo que pudo ver en el ruedo, gracias a esa mística fusión del alma de un toro y un torero, y siempre me hace la “llorona” para que le compre algún artículo taurino afuera del coso, peticiones que, por cierto, he tenido que rechazar en la gran mayoría de los casos. El punto es que, hasta el momento, sólo le he comprado un capote, una montera y tres toritos de peluche, uno negro bragado, uno castaño y uno jabonero, para tener de diferentes pintas o pelajes, se la pasa jugando con ellos y los cuida con mucho esmero. No me ha pedido que le compre una espada o unas banderillas. Ello me lleva a pensar que, a su corta edad y como buen aficionado a la fiesta brava, ha logrado comprender que la esencia y lo hermoso de esta fiesta es el toro de lidia, siempre aquilatando su naturaleza de res brava que nace y vive libre y dichosamente en el campo para un día morir en un redondel, con honor y dignidad, y no en un rastro con métodos mucho más cruentos. Ningún aficionado a los toros vamos a una plaza para disfrutar de su maltrato o sufrimiento, acudimos a apreciar su belleza y sus condiciones de bravura, genio y codicia.

La última y nos vamos: Una amplia y sincera felicitación para todos los maestros y maestras de Aguascalientes por el primer lugar a nivel nacional que obtuvieron en la evaluación docente que se aplicó el año pasado, teniendo un 95.11% de nuestros educadores un desempeño suficiente, bueno o de excelencia en esta prueba. Enhorabuena para el magisterio de Aguascalientes!!!

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

 

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