Josémaría León Lara

En el escenario perfecto el PRI podría mantener la presidencia en el 2018; pero como no existe tal cosa como un escenario perfecto, la propia tendencia nos indica que después de haber recuperado la máxima magistratura del país, lo natural es que la pierda después del descontento, la decepción y sobretodo la desconfianza que el pueblo de México tiene hacia ese partido.

Cierto que no hicimos caso a la memoria histórica como ya es una constante en nuestra cultura, y decidimos elegir al candidato carismático que nos presentaba un partido supuestamente renovado; pero terminó saliendo más caro el caldo que las albóndigas, pues resultó ser el mismo partido de antes pero un poquito más tarado.

Sin embargo, sería irresponsable culpar a la administración de Enrique Peña de todas las calamidades que acontecen diariamente en el país, debemos sumar los factores político, social y económico, que tienen su origen a nivel internacional y que afectan tanto indirecta como directamente lo que pasa al interior de nuestra patria.

La actual presidencia cierto es que se ha visto involucrada en situaciones difíciles de explicar y que han dado parte al escándalo, la especulación y el hartazgo generalizado en contra de todo aquello que proviene del gobierno federal. Una gran cantidad de decisiones no han sido las más atinadas y en ocasiones la intromisión indebida de uno u otro actor más allá de sus atribuciones o competencias han ido sumando a la cuenta negativa del presidente Peña Nieto.

Y para acabarla de empeorar llega el factor Trump, que ha llegado para quedarse, al menos por los próximos cuatro años. Ahora bien, siempre en la más profunda oscuridad se puede encontrar la luz, y más que la luz, una oportunidad caída del cielo para el principal inquilino de Los Pinos.

Enrique Peña Nieto tiene en sus manos una oportunidad irrepetible para reivindicar su mandato y cambiar por completo la percepción del pueblo mexicano respecto a su persona, e inclusive pasar a los libros de historia como un gran presidente y un excelente estadista; solamente hace falta que en la oficina de la presidencia les caiga el veinte.

Aunque muchos dicen que el mandato de Peña prácticamente ya no dio más, en estricto sentido él no se va hasta el treinta de noviembre del dieciocho; es entonces que le quedan técnicamente dos años para acabar el cargo que el pueblo le ha conferido. Es importante reconocer que el presidente en turno, no es el gobierno federal, es decir, sí es la cabeza, pero tiene todo un cuerpo que le ayuda en sus funciones; la administración pública federal, en otras palabras el sistema u aparato de gobierno.

En vez de seguir especulando y esperando el siguiente movimiento de la Casa Blanca, debería el gobierno federal de contraatacar. México aparenta ser un pésimo jugador de ajedrez, que sólo tiene un plan de defensa en contra del posicionamiento de las fichas del adversario. Trump ya no nos puede sorprender, ya sabemos cómo es, sabemos de lo que es capaz. Es momento de planear una estrategia real, en aras a salvaguardar nuestro orgullo nacional y dejar de ser el dominado, el menos, el que no queremos, no merecemos ni debemos ser.

El tablero está listo y las piezas también, sólo falta que se tenga la voluntad política y la astucia necesaria para en el momento que esto acabe, tengamos la frente bien en alto, a sabiendas que se hizo lo correcto por México.

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@ChemaLeonLara