Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Los saltos y tumbos que ha estado dando la evaluación del desempeño docente; la anulación de la evaluación de los alumnos (PLANEA); y el anuncio, a mitad del camino, de una serie de puntos paradójicos y de lugares comunes en la Escuela al Centro; hacen pensar que los resultados que se desean de la Reforma Educativa se ven cada vez más lejanos y nebulosos.
De un millón y medio de docentes, apenas el 9% se ha podido evaluar (a tirones) debido a sinnúmero de problemas de orden organizacional, técnico y político, que se han presentado sobre la marcha. Problemas que han hecho cambiar, en varias ocasiones, las reglas y las fechas de aplicación de los procesos evaluativos; dando la impresión que las autoridades centrales no estaban plenamente conscientes de la magnitud de la tarea y, por ello, no previeron, ni prepararon todo lo necesario para responder adecuada y oportunamente a las exigencias de los compromisos contraídos. Ahora, ¿cuánto tiempo se requiere para solucionar los problemas presentados?, ¿cuántos años se requerirán para evaluar al 100% de los docentes en su desempeño?, y ¿cuándo se iniciará con la superación de las deficiencias sobre la práctica magisterial para elevar la calidad de los servicios educativos? El tiempo es de las pocas cosas gratuitas que aún quedan, pero el más caro si no se sabe aprovechar bien. En relación con el Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (PLANEA) que se utiliza para verificar el grado de aprovechamiento de los alumnos de primaria y secundaria, la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha dado a conocer que durante 2016 no se aplicará; porque, a decir del señor Secretario de Educación, “no hace falta”; y en el mejor de los casos –agrega diciendo– “que cada maestro evalúe a sus alumnos”. Cabe aclarar que los maestros siempre han evaluado internamente a los educandos y es responsabilidad de la SEP evaluarlos externamente con el fin de darle mayor objetividad, credibilidad y transparencia a los aprendizajes de los alumnos. Responsabilidad que las autoridades centrales están renunciando temporalmente. La Escuela al Centro, supuestamente para revitalizar a la Reforma Educativa (aunque da más idea de ser un sello distintivo que caracterice a los administradores federales en turno) anuncia dar opciones, a cada escuela, para elegir un calendario escolar flexible, cuando en realidad se trata de dar oportunidad para laborar menos días; subraya otorgar la autonomía escolar, pero en la práctica centraliza las decisiones y los recursos educativos; propone reducir la carga burocrática en las escuelas, pero aumentando más personal directivo (con los aviadores) y más papeleo en detrimento de lo académico; ofrece destinar recursos directos a unas cuantas escuelas y las demás que busquen solucionar sus propias carencias; promete fortalecer los consejos técnicos escolares, aun cuando no dice cómo, ni para qué; proyecta robustecer los consejos de participación social, pero todo hace suponer que seguirán siendo órganos de membrete; y plantea establecer escuelas de verano, cuando éstas vienen operando ya por más de una década.
Se entiende que mejorar el sistema educativo nacional no es sencillo, dada su complejidad; y que tampoco es posible que una sola administración pueda lograr la anhelada mejoría. Sin embargo, se puede empezar por hacer cosas sencillas que realmente impacten positivamente a la educación; por ejemplo, en la actualidad, ya es absolutamente necesario bajar el número de alumnos por grupo en educación básica. En los tiempos en que se fundó la Secretaría de Educación Pública (1921) los grupos se integraron con 45, 50 y hasta 60 alumnos. Estos números se justificaban en aquel entonces por la falta de escuelas y de maestros; pero también era posible trabajar con esos grupos numerosos pues la disciplina y la época eran otras. Hoy los grupos siguen siendo numerosos, pero los tiempos han cambiado; hoy se vive ante una serie de problemas sociales como la falta de autoridad de los padres, familias desintegradas, la falta de respeto, la irresponsabilidad, el embarazo temprano, la vagancia, el alcoholismo, la drogadicción, la violencia y otros vicios; los cuales hacen que el control de los grupos sea sumamente difícil; a grado tal que no pocos maestros se pasan todo el tiempo tratando de poner orden en el salón, no quedándoles margen para enseñar los contenidos programáticos, por lo que es muy bajo el nivel de aprovechamiento. Las estadísticas actuales muestran decremento de la población escolar, razón por la que hay cierres de las escuelas vespertinas. En tal virtud, lo que se necesita es aprovechar estas circunstancias y racionalizar los recursos humanos existentes para poder integrar grupos con 25 alumnos, a los que se puede atender mejor, hasta en forma personalizada, y de esta manera elevar gradualmente la calidad de la educación. No será una propuesta espectacular, pero sería efectiva; y los maestros, en correspondencia, estarían agradecidos y comprometidos con la mejoría de la enseñanza y los aprendizajes de los alumnos.