Luis Muñoz Fernández

En su monumental biografía sobre el doctor Harvey Cushing, uno de los neurocirujanos más importantes de todos los tiempos, Michael Bliss nos dice lo siguiente: Los médicos recién graduados necesitaban empezar a trabajar para adquirir experiencia clínica y terminar su formación. A finales del siglo XIX, la contratación de médicos recién graduados para hacer el trabajo de los hospitales se volvió una costumbre generalizada. Trabajaban por un sueldo muy bajo o inexistente, ya fuese como “externos”, viviendo fuera del hospital, al que acudían para atender a los pacientes de la consulta externa, o como “internos” o “residentes”, viviendo dentro del hospital, donde estaban de guardia para tratar a los enfermos de los pabellones.

Desde entonces las cosas no han cambiado sustancialmente. Los médicos residentes son quienes permanecen un tiempo promedio de tres años en el hospital para convertirse en médicos especialistas a través de un programa formativo teórico-práctico de gran intensidad. Aunque no todos viven dentro de las instalaciones hospitalarias, muchos lo hacen. Se guardan muy buenos recuerdos de aquella época en la que literalmente se trabajó, comió y durmió dentro del hospital.

Los grandes hospitales de enseñanza tienen habitaciones donde viven los médicos residentes, lo que facilita su plena y continua disponibilidad para atender a los pacientes que acuden e ingresan a los diferentes departamentos clínicos y quirúrgicos. Por otro lado, la vivienda de los médicos forma parte de una serie de instalaciones destinadas a la enseñanza, como aulas, auditorios, cubículos de estudio, áreas para la investigación clínica, etc.

En la actualidad y con los extraordinarios adelantos de la informática, estas instalaciones deben contar con los equipos que permiten acceder y utilizar las distintas herramientas electrónicas (proyectores digitales, conexión a la Internet para telemedicina y el acceso a las bases electrónicas de datos, etc.) que, bien utilizadas, son de una ayuda invaluable para la formación académica de los futuros especialistas.

Así es fácil entender que los médicos residentes, acompañados de los internos de pregrado que todavía no se titulan y de los estudiantes de medicina que reciben en el hospital el adiestramiento práctico que complementa sus clases teóricas en la universidad, son un elemento central de muchos hospitales. Buena parte del abrumador trabajo asistencial, actividad fundamental de todo hospital, lo llevan a cabo los médicos residentes que, como los de hace más de un siglo, reciben un sueldo poco menos que simbólico, pero que obtienen a cambio –o eso se pretende– la formación teórica y práctica que les permitirá convertirse en médicos especialistas.

En Aguascalientes, con el anuncio el pasado 11 de enero de la reanudación de las obras del Nuevo Hospital Hidalgo, hemos escuchado de quienes encabezan hoy el proyecto que no se contempla por el momento la terminación del edificio G, que originalmente estaba destinado a albergar todo lo relativo a la enseñanza, incluyendo un auditorio, las aulas con los adelantos tecnológicos actuales, las áreas para los investigadores clínicos y la vivienda para los médicos residentes. Un espacio que, como los demás, había sido cuidadosamente diseñado y que significaba el compromiso definitivo de la institución con una modernización de la educación médica de pregrado y de posgrado que ha sido postergada por décadas.

En la actualidad, el Hospital ofrece 8 cursos de especialización (residencias médicas) con aval de la Universidad Autónoma de Aguascalientes y tiene un total de 106 médicos residentes, 33 internos de pregrado y un número variable de pasantes de las carreras de enfermería, estomatología, nutrición, terapia física, psicología, así como estudiantes de medicina, enfermería, ingeniería biomédica, etc.

En un primer momento, lo declarado provocó desconcierto e incredulidad y, después, honda preocupación y alarma. Hasta el momento no se sabe a ciencia cierta qué se ha pensado y qué se piensa hacer con la educación médica en el Nuevo Hospital Hidalgo. La comunicación de la información sobre este y otros temas clave del proyecto a quienes integran la familia del Hospital es prácticamente inexistente. El mutismo frente a una comunidad pensante y preparada ni es lo adecuado ni lo propio de una sociedad que se dice democrática.

No se puede aceptar que los médicos residentes se dediquen solamente a “sacar la chamba”, es decir, a realizar el grueso del trabajo asistencial sin recibir la formación académica a la que tienen pleno derecho y que es el motivo principal de su presencia en un hospital-escuela. Tampoco se puede pensar que la mejor enseñanza se da bajo esas circunstancias, donde se “aprende” por rebosamiento, es decir, a base de un trabajo rutinario y agotador sin ningún otro respaldo educativo ni un estímulo académico de buena calidad. Esos tiempos ya pasaron.

Hoy la educación médica y el ejercicio de una medicina de alto nivel exigen condiciones materiales que de no existir convierten estas apasionantes, delicadas y nobles actividades en burdas y decepcionantes caricaturas de sí mismas. ¿Es eso lo que se pretende?

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