En el dojo, dos luchadores de sumo se baten en duelo. No son de carne hueso, sino de circuitos y metal, y pesan tres kilogramos. Fuera del ring, dos jóvenes los manipulan mediante control remoto. Pendiente de la acción, un mexicano observa que todo se desempeñe según las reglas: su nombre es Francisco y desde Japón organiza el torneo internacional de Robot-Sumo.
“Empecé con el gusto de la robótica en la universidad. Conocí a un equipo, empezamos a armar robots, y concursamos en eventos de Querétaro o de la Ciudad de México”, narró Francisco Estrada Chagolla, de 27 años y originario de San Francisco del Rincón, una pequeña ciudad de Guanajuato que ronda los 100 mil habitantes.
Mientras estudiaba ingeniería mecatrónica en el Instituto Tecnológico de Monterrey, campus León, se integró a Asimov, un equipo interesado en Robot-Sumo, deporte donde los participantes compiten con robots, creados por ellos mismos, con el objetivo empujar al contrincante fuera del dojo.
Los robots tienen imanes en la base y el dojo es una plataforma de metal. Los dispositivos disponen de motores eléctricos tan poderosos que no sólo rompen el magnetismo para impulsarse a sí mismos, sino para empujar al oponente.
La batalla más dura para Estrada, no obstante, fue ser aceptado con su equipo por Fujisoft Incorporated, la empresa japonesa que organiza el que, hasta 2010, era un torneo exclusivo en ese país. Después, tuvieron que reunir cerca de 200 mil pesos para pagar el viaje a Japón.
“Trabajamos mucho, tocamos muchas puertas, fuimos a empresas privadas, con los gobiernos, vendimos rifas, organizamos eventos”, dijo Estrada.
El equipo Asimov participó en 2010 como el primer equipo extranjero en competir en el All Japan Robot-Samo Tournament. No ganaron, pero en 2011 repitieron la experiencia, ya con más equipos extranjeros aceptados al torneo. Además de concursar, los entonces estudiantes formaron lazos con los organizadores, a quienes solicitaron una estancia de intercambio.
“Pedimos hacer prácticas profesionales, pero ellos entendieron que les pedimos trabajo”, dijo Estrada.
Así, el fundador del grupo Asimov, Isaac Humberto Bustamante se mudó a Yokohama para trabajar en la compañía, con más de 12 mil empleados, que se dedica al desarrollo de software, pero organiza anualmente el torneo de Robot-Sumo como una iniciativa social.
En 2014, Estrada también fue contratado por Fujisoft, justo después de salir de la universidad. Un año después, regresó por su novia, a quien había dejado en México, se casaron, y volvieron a Japón.
“Estoy encargado del área internacional de mi departamento. Todo lo que venga del extranjero yo estoy a cargo: dudas, comentarios o proyectos. También soy el encargado de organizar el evento internacional de Robot-Sumo en Japón”, explicó.
Ahora, regresa al País cada ciertos meses a revisar las eliminatorias nacionales del torneo, y sueña con abrir una oficina de la empresa para regresar a establecerse en México.
“Es una experiencia increíble compartir tantas cosas con personas completamente diferentes en cuestiones de cultura, de pensamiento. Me ha enriquecido bastante, a parte de que he conocido mucho el país y su estructura. Creo que si trabajáramos juntos, podríamos llegar a tener un País como es el de Japón: muy seguro, muy limpio, todos echándole para adelante”, comparó.

Filosofía japonesa
Hay cinco principios que rigen al Robot-Sumo, según Estrada.
Juego limpio
Los jugadores siempre deben ser los más justos posibles y sin intenciones de hacer trampa.
Corazón generoso
Personas a quienes les apasione la competencia sólo por el hecho de participar, y no de ganar.
Comunicación entre participantes
Comunicar ideas adecuadamente entre miembros del equipo y otros concursantes.
Transferencia de tecnología
Ayudar a otras generaciones a crecer al compartir las experiencias y el conocimiento adquirido.
Desafío tecnológico
Buscar la mejora técnica de las habilidades de los participantes y en la construcción de sus robots.

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