Rinden honor al madero

Rememoran en acción litúrgica la pasión y muerte del Señor

Sara Díaz

El madero santo que cargó Jesús en su anatomía para salvación del mundo, permanece en la cima del monte Calvario. El verdadero hijo de Dios se ha entregado por el hombre y al verlo padecer, los fieles han acudido a adorar la cruz santa en que Cristo ha entregado la vida.
En la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción se reunió la grey católica en un profundo luto y desconsuelo; no hay celebración eucarística, no hay llamado de campanas, no hay cantos ni investiduras, pues Jesús permanece en el sepulcro.
La liturgia de la palabra dio inicio con el Obispo Don José María de la Torre Martín postrado ante el altar, como muestra de humildad, de humillación ante sus ojos.
La lectura del profeta Isaías habló del siervo que será ensalzado, “el Señor ha cargado sobre él todos nuestros crímenes”, dice la lectura, y le han dado sepultura entre criminales.
La carta a los hebreos invita a mantener la fe, a entrar en el trono de la casa para recibir la paz de Cristo y nuevamente el evangelio según San Juan revive la pasión y muerte de Jesús.
El mensaje del Obispo en este día de luto, recuerda que también es un día de celebración del misterio de la encarnación y de la redención de Jesucristo. “Hoy es el día de la misericordia, palabra que se divide en dos, miseria y corazón, es decir misericordia significa poner el corazón en la miseria, y eso es lo que hizo Jesús por nosotros, poner su corazón en nuestra miseria”, dijo monseñor De la Torre Martín.
Pero también es un día de gozo porque es el día de la cruz victoriosa, nos ha dejado lo mejor de sí mismo al morir en la cruz. Así como en el jueves santo nos regaló tres dones que son la eucaristía, el don del sacerdocio y el mandamiento del amor y el sacrificio, así también el viernes santo, nos ha dejado tres maravillosos regalos que son, en primer lugar a María su Madre, al decirle al más pequeño de sus discípulos Juan, “ahí tienen a tu madre”. El segundo es el perdón, al haberlo hecho con sus verdugos y el tercero es la confianza de que Dios es eternamente misericordioso. Dicho esto, vino la cruz bendita, misma que los fieles adoraron mediante un beso, poniendo el ejemplo primeramente el Señor Obispo José María de la Torre Martín, al inclinarse sobre ella.
Todo el recinto hizo fila para manifestar su devoción al Cristo muerto en la cruz.