Por J. Jesús López García

112. Calles Guzmán, Arteaga y MorelosEn la mayoría de todas las urbes del planeta existen diminutos rincones que generan un sabor, ámbito y frescura particular al lugar en que se encuentran, fortaleciendo la identificación de una comunidad con el espacio en donde han nacido o vivido sus miembros; fragmentos urbanos que hablan al visitante de la forma de ser y de pensar, así como también del carácter de sus moradores.

En algunos casos esos puntos son referentes inequívocos de la ciudad sin depender necesariamente un rincón de características notablemente impactantes como la Plaza del Capitolio o Piazza del Campidoglio, ubicada en la cima de la colina Capitolina que Miguel Ángel diseñó para Roma con un elaborado pavimento articulando con su disposición oval enmarcada en una planta trapezoidal con la cadencia de las fachadas organizadas en derredor de la estatua ecuestre de bronce del Emperador Marco Aurelio –el último de los llamados <<emperadores buenos>>, tras la que se disponían las dos monumentales rampas de la escalera del Palacio Senatorial. Miguel Ángel dispuso el diseño para responder al nuevo, en ese entonces, centro de la ciudad de Roma: la Plaza de San Pedro en la colina Vaticana. Todo un discurso político e ideológico dispuesto en una loma donde anteriormente sólo pastaban cabras.

En otros casos las porciones de la metrópoli eran utilizados con fines utilitarios que de cualquier modo revestían una dignidad urbana especial, baste citar por ejemplo el abasto de agua al público mediante fuentes, las cuales en sí mismas eran motivo para el buen diseño a pesar de que su escala no fuese muy grande.

EL Manneken Pis situado en la esquina que forman dos estrechas calles en Bruselas, Bélgica, es una pequeña escultura de 61 centímetros de altura, representando a un niño orinando que corona la obra en bronce de la fuente bautizada así: “Niño que mea” en idioma neerlandés. La escultura obra del artista Jerôme Duquesnoy realizada en los inicios del siglo XVII tenía ya antecedentes en al menos otra pieza con el mismo tema, realizada en piedra.

El motivo del pequeño orinando obedece a variadas tesis, creencias y leyendas todas rematando en el espíritu de desenfado que ha caracterizado a los belgas ante toda adversidad, por no hablar de su sentido del humor. Esa fuente sin la grandilocuencia de la plaza romana de Miguel Ángel es igualmente un hito urbano, una postal de Bruselas y un elemento de identificación de los habitantes, identidad que fomenta arraigo y por tanto sentido de pertenencia.

En nuestra ciudad aguascalentense hemos tenido ocasiones diversas para otorgar a lugares, sitios, ámbitos, retazos o rincones anodinos una carga urbanística y simbólica capaz de legar a la población un elemento de peso para la identificación comunitaria, el Jardín de San Marcos es una muestra entre las más notables al respecto, sin embargo, a la par de ello se ha dejado a la indolencia el disponer de áreas y territorios urbanos que por sus dimensiones no muy grandes, su configuración de bordes y formas imprecisos, su ubicación sin una finca con un valor contextual o histórico representativo cercano y una serie de situaciones variadas que más que destacarse como retos al diseño son consideradas como factores de interés para no hacer más al sólo disponer en ellos una serie de parcos elementos de equipamiento y mobiliario urbanos, que no cabe duda son útiles, más no son lo mejor para honrar el espacio público.

Como ejemplo de lo anterior podemos citar el terreno con una configuración triangular que se forma en el nodo que dispone la intersección de las calles Guzmán, José María Arteaga y Morelos, a unos cuantos metros del Jardín de Zaragoza y a escasas dos cuadras del Parián. Emplazamiento que para mayores señas posee en las inmediaciones una atrayente profusión de peluquerías, que puede alzar como ser un elemento fundamental para favorecer una posible temática con el propósito para rediseñar el sitio.

El lugar es un paso obligado para cuantiosos transeúntes que a pie o a bordo de un vehículo pasan de largo pues no existe un motivo tentador para quedarse por más tiempo del necesario para atravesar de un extremo al otro. Si bien la arquitectura presente en los cerramientos del conjunto no es de la factura más memorable, lo cierto es que los paramentos forman un contexto con un potencial digno para conformar un pequeño remanso urbano entre el ajetreo circundante. No se niega la utilidad pública de un módulo para el servicio de la policía, de un contenedor del servicio de limpia y de un teléfono público en las inmediaciones pero ninguno de esos objetos solos o en conjunto tienen la potencia de un monumento dedicado a un gran personaje al que rendirle honores, o en su defecto tampoco poseen la gracia, el impacto o la representatividad comunitaria de un pequeño niño orinando.