Haber pedido a los partidos y sus candidatos que no tuvieran como tema de campaña el nivel de transgresión que registra Aguascalientes, fue como una invitación de las autoridades a ladrones y asesinos que tomaran al estado como su centro de operaciones.

Las razones para que en las últimas semanas se elevara el número de delitos pueden ser diversas, en el caso del crimen organizado sería por el presunto cobro de cuentas entre bandas rivales y de las agresiones del fuero común por la facilidad que encuentran al estar la mayor parte de la fuerza policial concentrada en el área de la Feria Nacional de San Marcos.

Es tal la facilidad para actuar que lo mismo asaltan en pleno corazón de la ciudad como en colonias de la periferia o fraccionamientos de la zona dorada, nadie está a salvo de sufrir la agresión ya que a los hampones no les importa la hora. Saben que tienen a su favor el factor sorpresa y que los policías andan entretenidos en la Feria aprehendiendo borrachitos, pleitistas o los que utilizan la vía pública como mingitorio. La orden que tienen los agentes es cuidar que dentro del perímetro no ocurran actos que manchen el buen nombre de la verbena, mientras que en el resto de la ciudad se las arreglen como puedan.

A mediados de abril los jefes policíacos declararon que la Feria no sería motivo para descuidar el resto del estado, para ello dijeron que tenían una estrategia que permitiría evitar hechos que lastimaran a la sociedad en general, pero había recelo de que fuera así, teniendo en cuenta que en diversas ocasiones han aceptado que hay un número considerable de vacantes en las corporaciones, por lo que llegado el momento no podía desdoblarse y por lo mismo con alguien iban a quedar mal, de lo que hoy se sabe con quien fue.

Podrán señalar que las tres semanas de fiesta fue de “saldo blanco” y lo acompañarán de una retahíla de datos sobre el número de detenidos y las faltas que cometieron, pero de manera paralela deberían informar de los delitos que se cometieron en este mismo lapso en el resto del estado, junto con el horario en que se realizaron y cuántos malhechores fueron capturados.

Negar que aquí tenga raíces el crimen organizado es imitar al jefe de gobierno capitalino, que cada vez que aparece uno o más ultimado de inmediato sale a decir que en la ciudad de México no hay cárteles y que lo ocurrido constituye hechos aislados, lo que es hacerle al faquir.

Como si fuera un acto premonitorio, en la edición del 21 de abril El Heraldo presentó una nota con el encabezado: “Indefensos ante el hampa comerciantes del centro”, en la que la reportera Adriana García Campos da cuenta de la exigencia de los comerciantes, de una mayor presencia policíaca. Señalaron que las obras que tienen lugar han afectado considerablemente las ventas y para rematar han sido víctimas de asaltos. En algunos casos han forzado las cortinas y en otros el asalto fue durante el día. El robo de dinero, mercancía y teléfonos celulares de dueños y empleados es común, que sin importar la cuantía lo más primordial para ellos es que pierden la tranquilidad por largo tiempo.

Como agregado a lo anterior se ven obligados a tomar medidas preventivas, hablándose que podría llegarse al extremo de aplicar lo que en otras partes de la República, de colocar barrotes en puertas y ventanas y un sistema electrónico, además de estar siempre en alerta ante la entrada de un potencial cliente para evitar una sorpresa.

En los últimos días tuvieron lugar varios asaltos en negocios de la zona centro y el norte de la ciudad, por lo que es normal que candidatas y candidatos al gobierno del estado y el ayuntamiento escuchen el creciente descontento de los aguascalentenses, comprometiéndose a tener como prioridad devolverle la seguridad a cada uno de los sectores.

La mayor reclamación es que se apliquen medidas preventivas y se designe jefes policíacos que pronto den resultado, asimismo que se termine con la añeja costumbre de amontonar policías y patrullas en el lugar que ocurrió un suceso. De poco sirve que estén ahí o circulen con sirena abierta a la caza de los forajidos, si éstos les llevan varios minutos de ventaja y para entonces se encuentran a varios kilómetros de distancia.

Mientras se llega el cambio de administración, que en el gobierno del estado será el 1 de diciembre y de los municipios el 1 de enero, los actuales responsables de la seguridad tienen la obligación de revertir las condiciones para tener una salida decorosa y dejar en claro que esta entidad no es tierra fértil para los perversos.

TÓMELO CON RESERVA

Dentro de las filtraciones que presentan diversos medios nacionales llamó la atención lo mencionado por Carlos Loret de Mola, en su columna de El Universal (Historias de Reportero), en que hace alusión que después de las elecciones del 5 de junio aumentará el salario mínimo 10 pesos.

En lo anterior hay un acuerdo entre el gobierno federal, los empresarios y las centrales obreras y el compromiso es que antes de que concluya el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto tenga un crecimiento del 20% el poder de compra, lo que de cualquier manera y citado entre paréntesis, estará muy lejos de restituir la pérdida que tiene de 75%, según el máximo líder sindical de Aguascalientes, José Alfredo González.

Loret de Mola asegura que el incremento iba a ser anunciado el pasado uno de mayo, pero al estar media República en período de elecciones y para evitar recelos políticos se optó por dejarlo hasta después del primer domingo de junio, lo que en sí no tendría mayor problema, a no ser que en estas semanas puedan ocurrir algunas cosas que obligue a posponer la novedad.

Desde el punto de vista obrero hacer realidad el alza de 10 pesos sería una acción favorable para darle un empujón a su nivel de vida, aumento que no ha visto desde hace más de 25 años, toda vez que a lo máximo que ha llegado es a poco más de dos pesos, que lógicamente en poco ayudan.

En cambio, las medianas, pequeñas y micro empresas sufrirán para atender esa disposición, ya que de golpe tendrán que erogar miles de pesos mensuales que no tenían contemplado, lo que seguramente desequilibrará sus finanzas.

Para el sector comercio e industrial es una buena noticia porque entre mayor circulante exista habrá mayor volumen de ventas, que es algo por lo que han estado luchando, de ahí que sin duda fueron de los primeros que aceptaron la propuesta gubernamental.

No falta mucho para conocer si prosperó ese proyecto y se llegue al convenio que mejor convenga al país.

ESCAMOTEO FISCAL

Para un listo otro más listo, de lo cual alardea el que sabe “torear” el que se cree inteligente y que bien podría aplicarse a la autoridad hacendaria, que hurga aquí y allá en la búsqueda de aquellos que utilizan toda clase de subterfugios para no pagar impuestos, pero estos tienen tantas tretas que en el último de los casos aceptan hacerlo de manera mínima. El señalamiento que hizo José Antonio Guerra Caparrós, delegado de la Procuraduría de la Defensa del Contribuyente  (Prodecon), de que hay empresarios que incurren en prácticas indebidas al ponerse de acuerdo con líderes sindicales en el cálculo del Impuesto Sobre la Renta (ISR), con lo que se afecta el ingreso del trabajador, es sólo la punta del iceberg. En lugares que ocupan dos o tres empleados se les da de alta al Seguro Social con el salario mínimo y para evitar que lo comenten les entregan una “gratificación” semanal o quincenal, sin saber el trabajador que con el tiempo esta situación le afectará en caso de un accidente de trabajo o ser amparados por enfermedad y para efectos de pensión parcial o total. Al pagar el salario mínimo la aportación al fisco es minúscula y lo mismo sucede en el caso de la afore y al Infonavit. En algunos lugares se mantiene la costumbre de pagar al final de cada jornada, lo que permite que en caso de prescindir de sus servicios el empleado quede en la calle ya que ni siquiera tiene firmado un contrato, lo que motiva que de cualquier manera presente una demanda laboral, pero atrás de esa actitud patronal está la omisión de impuestos, que pueden pasar años para conocerse, en virtud que la Secretaría de Hacienda no tiene el personal suficiente para vigilar, detectar y someter a los evasores.