Por J. Jesús López García

109. Calles Emiliano Zapata, Gorostiza y AlarcónExisten en la ciudad de Aguascalientes varias convergencias de calles con distintos trazos que provocan espacios indefinidos que a fuerza de ser asfaltados van quedando como extraños residuos de urbanización no del todo aptos para circular óptimamente a bordo de un auto y poco hospitalarios a los peatones. En buena medida parte de esas formas se han ido configurando a la consolidación, paradójicamente, de los paramentos de las vías y por la traza urbana organizada tradicional en el centro de la mancha urbana.

La traza urbana orgánica, que no de plato roto, obedece a los escurrimientos naturales del agua pluvial al moverse de manera superficial hacia el poniente, al río San Pedro que marca en el terreno acaliteño la pendiente más importante del valle. Por otro lado, lo paradójico viene a colación pues aunque las superficies urbanas van consolidándose, al conjugarse esa regularidad con lo orgánico de la traza urbana se producen fragmentos de suelo que son dimensiones reducidas, sin embargo a la postre terminan siendo lugares de nadie, de escasa perspectiva, limitado atractivo y carente de conservación por parte de los vecinos, ya que no les pertenece, siendo éste un espacio público, así como tampoco por las correspondientes dependencias a quienes les corresponde el mantenimiento, pues sólo basta barrerlo y tenerlo pavimentado.

Para ilustrar lo anterior baste mencionar la intersección de las calles Rivero y Gutiérrez, Emiliano Zapata, Gorostiza y Alarcón. El cambio de nombre en las arterias no es fortuito, la organicidad del crecimiento de la ciudad dio pie a ello, más la irregularidad de esa porción de superficie es interesante pues habida la ocasión para propiciar en el sitio un espacio más atrayente, en lugar de ello se consagró a la primacía del pavimento asfaltado.

Los esfuerzos de las diversas instancias por reutilizar espacios urbanos olvidados por el uso ciudadano han sido vastos, que en algunos casos, no han sido suficientes; grandes camellones propiciados más por una restricción en su ocupación como los que se tienden a trazar ante la presencia de un poliducto o de líneas de alta tensión, que por motivos de una visión urbanística integral donde se potencializase la plusvalía de los terrenos aledaños, se favoreciese la accesibilidad ciudadana y se incentivasen buenas perspectivas de la ciudad, han sido por fortuna en últimas fechas rehabilitados a las funciones de una población ávida de espacios comunitarios, como la Línea Verde y lo que se está completando en el Canal Interceptor.

Sin embargo lo que ocurre en espacios de dimensiones menores, como el que nos ocupa son prácticamente olvidados. Son áreas urbanas que pese a su pequeñez, se padecen, no se disfrutan. La cotidianeidad de su uso los hace poco memorables e incluso pasan desapercibidos ante nuestra percepción pues salvo la confusión casi siempre inocua que representa el atravesarlos a pie o en un vehículo, es sólo como evadir un ocasional charco de agua.

Sin embargo pequeñas acciones para esos reducidos espacios pueden realizarse con un costo muy bajo. No se necesita ubicar un monumento -sería una acción de poco uso al sitio y de falta de respeto a aquel o a aquello a que alude el monumento- o un objeto vistoso como la lámpara que originalmente, junto a otras tres, estaba en la ahora Plaza de la Patria y que se ubica en una especie de plazoleta frente al templo de Guadalupe.

El elemento es de excelsa calidad arquitectónica pero como telón de fondo el edificio –y el aparatoso anuncio espectacular que lo corona- que se encuentra atrás, prácticamente lo minimiza; el resto del entorno es lastimoso, incluso frente a la fachada del templo -una de las joyas locales del barroco estípite, también llamado churrigueresco- se mantienen indiferentes un arbotante del alumbrado público y un poste de la red eléctrica.

¿No bastaría algo de vegetación? Ante la desertificación de la región y el consiguiente aumento de islas de calor ¿para qué dar más motivo al aumento de temperatura cuando un árbol puede disminuirla en unos grados? La nota de color vivo y la fronda son además puntos de referencia urbana y ocultan o mitigan parcialmente la poca gracia de algunos contextos construidos. No se requiere instalar plazoletas con bancas o fomentar actividades en estos sitios, basta su calidad de remansos en el ajetreo urbano, su capacidad de proveer una amable sombra al peatón y un ordenamiento visual a la circulación vehicular.

Acciones módicas en lugares reducidos pueden hacer cambios importantes en muchos sitios de nuestra ciudad, provocando un cambio de perspectiva y haciendo menos ásperas zonas de la urbe dominadas en apariencia por la ambigüedad funcional y visual. ¿Por qué no otorgar colorido y frescura al núcleo urbano que gracias al tizne de los escapes, el rodamiento de las llantas y al chapopote presenta un creciente, triste y bochornoso color gris?

Este nodo es uno de los múltiples existentes en nuestra localidad baste recordar la “Y” formada por las calles de Victoria y Plazuela Juárez, justo en el acceso norte del Mercado Juárez, también el triangulo de las vías Guzmán, Morelos y José María Arteaga y qué decir de los terrenos residuales entre Jesús Bernal, Marina Nacional y Petróleos Mexicanos. En fin, sobran casos que bien pudieran ofrecer una solución funcional y amigable tanto al conductor, así como al viandante en nuestra respetada ciudad aguascalentense.