Las campañas políticas permiten que los ciudadanos tengan un contacto directo con los candidatos y conozcan cuáles son sus proyectos, una especie de compra-venta de compromisos, porque de la misma manera que los aspirantes ofrecen lo mejor de sí, el pueblo cavila lo que prometen y valora hasta dónde son capaces de cumplir. Aunque sea riguroso señalarlo, pero en ese tenderete multicolor siempre se encuentran esperanzas y ánimos renovados por un cambio sustancial, que es justamente lo que busca el grueso de los votantes.

Entre los que se acercan al proceso electoral hay quienes buscan fijar una agenda a los abanderados de todos los partidos, como es el caso de la Coparmex (Confederación Patronal de la República Mexicana), que en voz de su presidente local Francisco Ruiz López, “queremos escuchar las posturas que tengan respecto de temas como mando único; combate a la corrupción; conocer cuál va a ser su postura respecto de la iniciativa de ley que un grupo de organizaciones civiles y sindicales y Coparmex tenemos, en el tema de educación, qué piensan hacer para dotar a Aguascalientes de educación de primer nivel; en el importante tema de sustentabilidad y medio ambiente; en desarrollo económico, qué vocación económica impulsarán, si se va a seguir privilegiando algunos sectores o habrá apoyo al resto de las actividades productivas”.

En esas 476 palabras resumió las preguntas que tienen para los pretendientes a la gubernatura, principalmente, que sin duda tendrán las respuestas adecuadas, sólo que antes debe haber un acuerdo sobre la fecha para llevar a cabo alguna reunión y no que impongan día, hora y lugar para hacerlo. En un lapso tan corto de campaña es necesario empatar las agendas que tengan con lo que proponga esa agrupación, que es uno de los sindicatos empresariales y teniendo en cuenta que otros también buscarán un encuentro similar.

Lo anterior tiene como sustento que en otras ocasiones han exhibido a quienes no asisten, imputándoles que no les interesó acudir porque no tienen programas, cuando lo cierto es que las actividades de cada partido se programan con semanas de anticipación, por lo que tendrían que cancelar una entrevista para ir con ellos, lo que se tomaría como una descortesía para los que se quedaron esperando.

Al igual que esa organización hay otras que les encanta el protagonismo, haciéndose presentes con los clásicos debates que muchas veces sirven para atacar a los punteros y hacer del supuesto examen público una pelotera verbal que en nada ayuda a fortalecer o cambiar el voto de los oyentes.

 

JUÁREZ EN LA INTIMIDAD

Lo que se ha dicho y escrito de don Benito Juárez produce tal fervor que cae en linderos de la idolatría, cuando lo normal es que se le tenga como uno de los hombres que contribuyeron a construir las bases del México actual, pero no más importante que otros que en su tiempo cumplieron con una encomienda similar.

Este 21 de marzo se cumplen 210 años de su natalicio (San Pablo Guelatao, Oaxaca), ocasión propicia para conocer el pensamiento de Benito Pablo Juárez García, que en los “Apuntes para mis Hijos” relata lo siguiente:

“Como mis padres no me dejaron ningún patrimonio y mi tío vivía de su trabajo personal, luego que tuve uso de razón me dediqué hasta donde mi tierna edad me lo permitía, a las labores del campo. En algunos ratos desocupados mi tío me enseñaba a leer, me manifestaba lo útil y conveniente que era saber el idioma castellano y cómo entonces era sumamente difícil para la gente pobre, y muy especialmente para la clase indígena adoptar otra carrera científica que no fuera la eclesiástica, me indicaba sus deseos de que yo estudiase para ordenarme. Estas indicaciones y los ejemplos que se me presentaban de algunos de mis paisanos que sabían leer, escribir y hablar la lengua castellana y de otros que ejercían el ministerio sacerdotal despertaron en mí un deseo vehemente de aprender, en términos de que cuando mi tío me llamaba para tomarme la lección, yo mismo le llevaba la disciplina para que me castigara si no la sabía; pero las ocupaciones de mi tío y mi dedicación al trabajo diario del campo contrariaban mis deseos y muy poco o nada adelantaba en mis lecciones. Entonces más bien por otros hechos que yo palpaba que por una reflexión madura de que aún no era capaz, me formé la creencia de que sólo yendo a la ciudad podía aprender, y al efecto insté muchas veces a mi tío para que me llevara a la capital, pero sea por el cariño que me tenía, o por cualquier otro motivo, no resolvía y sólo me daba esperanzas de que alguna vez me llevaría.

“Por otra parte, yo también sentía repugnancia de separarme de su lado, dejar la casa que había amparado mi niñez y mi orfandad, y abandonar a mis tiernos compañeros de infancia con quienes siempre se contraen relaciones y simpatías profundas que la ausencia lastima marchitando el corazón. Era cruel la lucha que existía entre estos sentimientos y el día 17 de diciembre de 1818, y a los doce años de mi edad, me fugué de mi casa y marché a pie a la ciudad de Oaxaca a donde llegué en la noche del mismo día, alojándome en la casa de don Antonio Maza, en que mi hermana María Josefa servía de cocinera. En los primeros días me dediqué a trabajar en el cuidado de la grana, ganando dos reales diarios para mi subsistencia, mientras encontraba una casa en qué servir. Vivía entonces en la ciudad un hombre piadoso y muy honrado que ejercía el oficio de encuadernador y empastador de libros. Vestía el hábito de la Orden Tercera de San Francisco, y aunque muy dedicado a la devoción, y a las prácticas religiosas era bastante despreocupado y amigo de la educación de la juventud. Las obras de Feijoo y las Epístolas de San Pablo eran los libros favoritos de su lectura. Ese hombre se llamaba don Antonio Salanueva, quien me recibió en su casa ofreciendo mandarme a la escuela para que aprendiera a leer y escribir. De este modo quedé establecido en Oaxaca el 7 de enero de 1819.

“Ansioso de concluir pronto mi ramo de escritura pedía pasar a otro establecimiento creyendo que de ese modo aprendería con más perfección y con menos lentitud. Me presenté a don José Domingo González, así se llamaba mi nuevo preceptor, quien desde luego, me preguntó en que regla o escala estaba ya escribiendo. Le contesté que en la cuarta. Bien, me dijo, haz tu plana que me presentarás a la hora que los demás presenten las suyas. Llegada la hora de costumbre presenté la plana que había yo formado conforme a la muestra que se me dió; pero no salió perfecta porque estaba yo aprendiendo y no era yo un profesor. El maestro se molestó y en vez de manifestarme los defectos de mi plana y enseñarme el modo de enmendarla sólo me dijo que no servía y me mandó castigar. Esta injusticia me ofendió profundamente, no menos que la desigualdad con que se daba la enseñanza en aquel establecimiento que se llamaba la Escuela Real, pues mientras el nuestro, en un departamento separado enseñaban con esmero a un número determinado de niños, que se llamaban decentes yo y los demás jóvenes pobres, como yo, estábamos relegados a otro departamento, bajo la dirección de un hombre que se titulaba ayudante, y que era tan poco apropósito para enseñar y de un carácter duro como el maestro”. (Tomado de El Monitor Masónico, marzo de 1952).

AVIVAN EL FUEGO

“No nos hacemos responsables de algún daño o robo que sufra su vehículo”, rezaba el letrero a la entrada de cualquier estacionamiento público, lo que literalmente retomó el Ayuntamiento de Aguascalientes a raíz de las 126 unidades automotrices consumidas en el incendio del pasado 4 de marzo que tuvo lugar en la pensión municipal. El alcalde Juan Antonio Martín del Campo afirma que “la ley nos exime de hacer algún pago en caso de algún siniestro”, aunque en un acto de magnanimidad ofreció dialogar con los propietarios “y ver qué podemos hacer en conjunto”. Contrario a esa postura, el presidente del Colegio de Abogados de Aguascalientes, Francisco Frausto Ruiz Esparza, le enmendó la plana, al citar que el Reglamento para la Operación de Pensiones para el Municipio de Aguascalientes expresa la responsabilidad que la autoridad municipal tiene respecto al resguardo de los vehículos; el artículo 2 establece la obligación del Ayuntamiento de contar con un seguro contra daños, con la finalidad de mantener a salvo los bienes de los ciudadanos que fueron detenidos por la autoridad. En un período político-electoral como el que se aproxima lo que menos conviene a la autoridad es tener a ese más de centenar de perjudicados tocando puertas para hacerse escuchar.