Por: José Carlos Romo Romo

Estimado lector, el pasado viernes 19 de junio se publicaron, en el Semanario Judicial de la Federación, sendas tesis jurisprudenciales dictadas por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (números 43/2015 y 46/2015), vinculadas a la permisividad y validez jurídica del matrimonio entre personas del mismo sexo en todo el territorio nacional. Dichas resoluciones quedaron registradas con los números 2009406 y 2009407, y pueden ser consultadas en la página web del máximo tribunal del país (www.scjn.gob.mx).

Estos fallos de la Primera Sala de la Corte han causado enorme polémica entre diversos sectores de la sociedad mexicana, recibiendo el aval por parte de aquellos grupos de corte liberal los cuales, por su naturaleza, apoyan este tipo de temas, empezando por los propios homosexuales, y, por otro lado, recibiendo una oleada de críticas, rayando en la satanización, por parte de las diferentes agrupaciones con tendencias tradicionalmente conservadoras, como lo es la Iglesia católica.

Lo que es un hecho es que estos criterios de interpretación constitucional de la Corte son de aplicación obligatoria para todos los juzgadores del país a partir del pasado lunes. Toda vez que ambas tesis concluyen en que no hay razón de índole constitucional para no reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo y que son inconstitucionales la Leyes civiles de las entidades federativas que definan al matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer, ahora los Congresos de los Estados se verán parcial y mediáticamente constreñidos a hacer las adecuaciones legislativas correspondientes o, en su defecto, los Registros Civiles Estatales deberán dar fe y validez a los matrimonios entre parejas homosexuales, al encontrarse protegidos por la Justicia Federal mediante el Juicio de Amparo.

Pero, vayamos a las cuestiones de fondo, ¿qué razonamientos jurídicos fueron suficientes para que cuatro de los cinco Ministros de la Primera Sala se hayan pronunciado de esta manera? Sin duda, es una postura garantista la que asume la Corte, eminentemente protectora de los derechos fundamentales del hombre, como individuo, valorando “in extremis” el principio “pro persona” consagrado en el artículo primero constitucional. En consecuencia, comparto con Usted los principales extractos de las mencionadas tesis jurisprudenciales (SCJN), acompañados, en la segunda columna y como argumentos de descargo, de los aspectos más importantes de las declaraciones hechas sobre el tema por parte de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y la Arquidiócesis Primada de México (APM), en sus medios de difusión oficiales:

 

SCJN CEM-APM
“Las parejas del mismo sexo pueden adecuarse perfectamente a los fundamentos actuales de la institución matrimonial y más ampliamente a los de la familia” “Basados en razones científicas, sociales y religiosas, la familia, célula de la sociedad, se funda en el matrimonio de un hombre con una mujer”
“La razón por la cual las parejas del mismo sexo no han gozado de la misma protección que las parejas heterosexuales no es por descuido del órgano legislativo, sino por el legado de severos prejuicios que han existido tradicionalmente en su contra y por la discriminación histórica” “El planteamiento jurisprudencial conlleva un serio peligro relativista, de carácter antropológico, que disuelve el sentido del matrimonio como el origen de una comunidad esencial para la sobrevivencia social: La familia”
“La exclusión de las parejas del mismo sexo de la institución matrimonial perpetúa la noción de que las parejas del mismo sexo son menos merecedoras de reconocimiento que las heterosexuales, ofendiendo con ello su dignidad como personas y su integridad” “La discriminación es una distinción injustificada, que en este caso no se da, ya que el matrimonio siempre ha sido entre personas de diferente sexo, hombre y mujer. No corresponde al Estado crear nuevas formas de matrimonio, porque ya no sería matrimonio, sino otro tipo de unión”
“Pretender vincular los requisitos del matrimonio a las preferencias sexuales de quienes pueden acceder a la institución matrimonial con la procreación es discriminatorio” “El reduccionismo jurídico levanta una cortina de humo al decir que el único fin del matrimonio es la procreación, evidentemente los fines son más amplios a los de la limitada interpretación del máximo tribunal”
“Ninguna norma, decisión o práctica de derecho interno, tanto por parte de autoridades estatales como de particulares, pueden disminuir o restringir los derechos de una persona a partir de su orientación sexual” “Todos los seres humanos, por el hecho de serlo, tenemos dignidad y derechos. Y dado que toda persona es idéntica a sí misma y diferente a las demás, han de derivarse tratos variados según esas diferencias”

 

Ahí están las dos posturas, puntualmente claras y diametralmente opuestas. Una es la “verdad jurídica” del Estado mexicano, producto de una interpretación jurisprudencial, la otra, la “verdad religiosa” que defiende el Estado eclesiástico, basada en dogmas y doctrinas que datan de cientos de años.

En todo caso, lo importante no sería si una posición u otra es la válida, lo fundamental sería que esta discusión no sea un factor más de polarización de la sociedad mexicana. Me parece muy sensata y prudente la opinión de la Ministra Olga Sánchez Cordero, al manifestar “que en el marco de un Estado laico y democrático, todas las voces pueden expresarse, tanto de personas como de instituciones y la propia Iglesia católica. Sin embargo, en la Corte no vemos más que seres humanos y personas, titulares de derechos”. Todo lo contrario a la envalentonada y provocadora reacción de la jerarquía católica, a través de la Arquidiócesis de México, la cual calificó como “miope, reduccionista, absurda, relativista, anárquica y necia” la resolución de la Corte.

El contraste de las ideas es siempre una condición saludable y necesaria en todo Estado democrático, pero siempre en un plano de respeto y tolerancia, de lo contrario, caemos en el terreno peligroso de la radicalización ideológica, lo que confronta y divide a las personas.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

 

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