En política existe una costumbre muy arraigada en los dirigentes partidistas, que cuando vislumbran una derrota o que las cosas no salen como esperaban simplemente renuncian, sin tener el pundonor de presentar un informe y dar respuesta a las dudas e inquietudes que tengan sus representados.

Lo ocurrido en el Partido Revolucionario Institucional es una muestra clara del poco respeto que merecen sus afiliados y la militancia, ya que sin apego a las normas quitan o se van directivos y nombran otros dejando fuera de opinión a sus miembros. Se fue el presidente estatal J. Guadalupe Ortega Valdivia sin aclarar el porqué se perdieron las elecciones en 2012 y 2013 y tampoco lo hizo su sucesor Francisco Guel Saldívar, que no pudo rescatar ninguna posición federal en 2015.

Aunque los Estatutos señalan que el comité directivo debe rendir al consejo político estatal sólo el informe anual, por asepsia debería de ser a la renuncia o cese y no irse como las camareras, ya que dejan un cúmulo de interrogantes que aún cuando el tiempo se encarga de sepultar nunca lo es del todo, puesto que en algún momento brota ese pasaje.

Se podrá argumentar que los motivos del fracaso están a la vista, por lo que no hace falta machacar, no obstante es lo que se dice en radio-pasillo o se supone, que pueden ser similares a los datos concretos pero es indispensable que quienes tuvieron el mando lo hagan saber, que salga de ellos su verdad.

Hasta la fecha se desconoce si Ortega Valdivia renunció por mutuo propio o lo obligaron y de ser así quién lo hizo, como tampoco se entiende cómo llegó Guel Saldívar, porqué se le sostuvo a pesar que en su camino fueron más los traspiés que el paso firme.

El tricolor perdió en 2012 dos de las tres diputaciones federales y las dos senadurías y en 2013 ocho de once ayuntamientos y ganó 10 de 18 diputaciones locales, balance que se carga a J. Guadalupe Ortega, en tanto Francisco Guel dejó ir en 2015 dos diputaciones federales y en el camino quedó la tercera, que también se malogró por lo que se atribuye a su contabilidad.

Atrás quedaron los triunfos de 2010, en que prácticamente acabó con la oposición, ya que en sólo cuatro años se dilapidó esa renta electoral. Se creyó que la gloria sería eterna por lo que se dejaron arrastrar por la corriente y no escucharon los tambores que venían de enfrente. Cuando lo hicieron ya era demasiado tarde y hoy tienen muy poco tiempo para rehacer los entuertos.

El 9 de noviembre renunció Guel Saldívar, en plena campaña de la elección extraordinaria del Distrito 01 que tendría lugar el 6 de diciembre. Aunque adujo motivos “estrictamente personales” luego de que lo sorprendió el grupo municipal del alcoholímetro, no presentó un informe de conclusión de labores, concretándose a entregar la oficina a la secretaria general Lourdes Dávila Castañeda, que únicamente dejó que pasara lo que tenía que pasar y no podía ser otra cosa que el triunfo de su ex partido.

En su lugar llegó Norma Esparza Herrera y como secretario general Alberto Solís Farías, designados directamente por el Comité Ejecutivo Nacional. Rindieron protesta el 8 de diciembre, por lo que apenas les dio tiempo de leer algunos datos sobre las condiciones en que estaba la extraordinaria.

Los observadores consideran que con esta dupla se equilibra la situación política, ya que – presuntamente – Esparza Herrera es del equipo de Lorena Martínez (aún cuando fue muy cercana al titular del Ejecutivo e inclusive fue su suplente en el Senado, en donde ocupó el escaño por dos años y medio), mientras que Solís Farías es una carta del gobernador José Carlos Lozano.

Al igual que con Guel y Dávila, Esparza y Solís llegan a cubrir un interinato por lo que la única opinión valedera fue del CEN y de la fuerza superior local, que no obstante es una cuestión legal en estricto apego a los documentos básicos, por lo que hoy tienen la responsabilidad de organizar, dirigir, vigilar y llevar a buen puerto el proceso electoral rumbo al 5 de junio de 2016.

Ojalá que sepan atender, entender y escuchar a la militancia, que vayan a su encuentro, dialoguen y cumplan lo que prometan. Que no cometan los errores de sus antecesores, que lo primero que hicieron fue renovar los comités municipales y seccionales, provocando fisuras que con el tiempo se agrandaron y se convirtieron en factores de desunión política y vecinal. Que tengan presente que en un partido no hay peor enemigo que un militante separado y lastimado en sus méritos, por lo que si buscan unir la mejor manera es atraer a todos sin importar a qué corriente pertenezcan. A la hora de votar el grupismo no existe, simplemente se cruza la boleta por las siglas y eso es lo que debería de trabajarse, no sólo entre los priístas sino en todos los partidos.

El resultado que arroje el primer domingo de junio será la cosecha que recojan Norma Esparza y Alberto Solís, que pueda ser que no tengan mucho que ver en el “palomeo” de candidatos a gobernador, alcaldes y diputados, pero son cabeza de la operación política.

BRAVATA AMARILLA

Con todos menos con el PRI, dijo tajante Emanuelle Sánchez, presidente del comité ejecutivo estatal del Partido de la Revolución Democrática (PRD), lo que seguramente tiene apesadumbrados a los inquilinos del edificio de López Mateos y Cosío.

Su propósito es que nuevamente el PAN lo lleve de botones para asegurar la votación indispensable que le permita conservar el registro y seguir en la nómina de la autoridad electoral, que a final de cuentas es su mayor interés, además de exigir la diputación “plurinominal” y algunas regidurías por el mismo principio.

En términos de coaliciones es un partido que ha ido a la baja, tanto que en la reciente elección extraordinaria del Distrito 01 no presentó candidato con el pretexto que con su actitud buscaba apoyar al Partido del Trabajo, cuando en el período que el PT estuvo a punto de ser eliminado por el Instituto Nacional Electoral (INE), de inmediato el PRD trató de atraerse a los petistas sin éxito alguno.

Ahora que el PT logró conservar el registro Sánchez sale con la jactancia que “la votación obtenida por el PT no se explica sin la participación de las estructuras y los liderazgos del PRD”, cuando fue público que por varias semanas toda la dirigencia nacional petista trabajó intensamente al lado de la estatal para alcanzar más votos de los que requerían.

Más le valdría al PRD guardar la hamaca, porque aún cuando la alianza con el PAN es casi un hecho, este partido necesita de apoyo, no de rémoras. Los votos de las elecciones locales y federales más recientes dan constancia que el electorado ya no cree en cuentos ni se deja seducir por bombazos declarativos. Exige acciones claras y que quienes están al frente del organismo y los representantes populares defiendan realmente los derechos sociales. No deben confiar en los votos tradicionales, porque hoy varios perredistas miran en Morena una opción más cercana a sus intereses y esto podría reflejarse en las urnas.

EXIGEN LO QUE NO HICIERON

Las elecciones en cualquier nivel, trátese de políticas, empresariales, universitarias y de colegios de profesionistas, entre otras, despierta el apetito de quienes se creen con derecho de participar, por lo que unos hablan de manera abierta de sus intenciones, otros lo hacen disimuladamente y los menos se reservan hasta el último momento para exteriorizarlo Lo entretenido de todo esto es que una vez que logran su propósito, de inmediato piden que aquellos que quieran competir “no se distraigan de sus quehaceres” y si buscan participar que renuncien, olvidándose que en su momento hicieron lo mismo, sólo que por la superioridad que da el cargo se erigen en opresivos.