Remesas en riesgo

Por Jesús Álvarez Gutiérrez

Un millón de dólares recibe Aguascalientes cada día en remesas, monto superior al salario agregado de los 70 mil empleados directos e indirectos del sector automotriz, incluyendo el impacto de la tercera planta de Nissan que entrará en operación el año entrante. Esta situación se replica a nivel nacional.

La economía de nuestro país depende de las remesas y las exportaciones de maquiladoras. En las últimas décadas México pasó de ser un país rico en petróleo a un país que exporta manos hábiles a bajo precio a Estados Unidos, no sólo a través de la migración directa de trabajadores que cubren espacios en las áreas de construcción, servicios y agricultura, sino también cuando exportamos automóviles, computadoras o televisores, ya que en realidad son productos finales de empresas trasnacionales que importan insumos temporalmente para ensamblarlos con mano de obra barata y luego aprovechar el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.

El intercambio comercial entre ambas naciones alcanza 530 mil millones de dólares anuales; 80% vía terrestre, el 20% restante vía aérea y marítima. A diario, un millón de personas y 370 mil vehículos transitan por los 56 cruces fronterizos. ¿Estamos preparados para la eventualidad de que Donald Trump se convierta en el próximo presidente de los Estados Unidos? ¿Podrá Trump detener el flujo de personas y mercancías sin dañar su propia economía?

Vale la pena reflexionar un poco más sobre el tema de los migrantes. A fines del siglo pasado y primeros años del presente, millones de mexicanos en edad productiva, obligados por la pobreza y la inseguridad, abandonaron sus familias y comunidades para buscar en el país vecino un empleo mejor remunerado. Sin status migratorio legal, muchos han recurrido a la falsificación de documentos para conseguir empleo, por lo que son discriminados y explotados; ni siquiera pueden tramitar la devolución de impuestos, y el gobierno americano termina apropiándose millones de dólares que corresponden a nuestros paisanos.

De acuerdo a los datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos, los hispanos pasaron de representar el 4.7% de la población estadounidense en 1970, al 17% en 2014 y, gracias al crecimiento demográfico natural de las familias hispanas radicadas en territorio estadounidense, esta minoría alcanzará el 28% en 2050.

Dos de cada tres hispanos son específicamente de origen mexicano. Suman 34 millones si agregamos a las de primera, segunda y tercera generación. Un tercio de ellos están ya naturalizados, y casi otro tercio son residentes permanentes. Sin embargo, el resto (unos 12 millones de compatriotas) sigue trabajando sin documentos migratorios. Esto explica por qué no se ha podido equiparar su poder económico y político con su creciente poder demográfico.

Los mexico-americanos y mexicanos indocumentados representan el 11% de la población estadounidense. Sin embargo, sólo contribuyen con el 8% del Producto Interno Bruto (PIB) de ese país, porque el ingreso promedio de sus hogares es de 39 mil dólares, muy inferior al de los blancos, que alcanza 57 mil dólares, y al de los asiáticos, que llega a 68 mil dólares. Apenas uno de cada diez migrantes de origen mexicano son empresarios. Sólo 6.5% tienen título profesional, y un 11% algún grado de estudios; la inmensa mayoría no terminó la secundaria. Su rezago es todavía mayor en el terreno electoral, donde su tasa de empadronamiento y asistencia a las urnas es, lógicamente, muy baja.

Gracias a los mexicanos que trabajan en Estados Unidos, México ocupa el cuarto lugar mundial en recepción de remesas, rebasado sólo por India, China y Filipinas. Los mexicanos envían a México casi 26 mil millones de dólares al año mediante remesas, por lo que representan la principal fuente de divisas del país. Sin ellas, millones de familias en las zonas más marginadas del territorio nacional no tendrían para comer, vestir, curarse o ir a la escuela. Los estados que más remesas reciben son Michoacán, Guanajuato, Jalisco, Estado de México, Puebla, Oaxaca, Guerrero, Ciudad de México, Veracruz y San Luis Potosí, en ese orden.

California es con mucho el estado americano desde donde se envían más remesas a México (casi el 40%); le siguen Texas, Illinois, Florida, Georgia, Nueva York, Minnesota, Arizona, Colorado y Carolina del Norte.

La devaluación del peso ha sido el factor que mejor explica que se sostenga elevada la tasa de consumo en la población mexicana en estos años de bajo crecimiento económico; no sólo ha aumentado el volumen de remesas en 2015 y 2016, sino que las familias pobres se benefician del tipo de cambio más elevado. Les “rinden” más sus dólares.

Muchos especialistas temen una sensible disminución en los flujos de remesas con la eventual llegada del republicano Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, quien ha amenazado con deportaciones masivas y mayores impuestos a los envíos de dinero a México.

Si cae el flujo de remesas, ¿cómo complementarán sus escasos ingresos las familias de los seis deciles más bajos de nuestra población? Y si nuestros paisanos repatriados se agregan al ejército de reserva que actualmente mantiene frenados los salarios, ¿qué políticas hacendarias, industriales, laborales y de apoyo al emprendimiento está formulando nuestro país para enfrentar esta calamidad? Tenemos menos de un semestre para saberlo o para hacerlo.