Josemaría León Lara

Es quizá el oficio más antiguo del mundo, mismo que con el paso de los siglos ha sido objeto de varios cambios atendiendo a las circunstancias de tiempo, modo y lugar que reflejan la manera en que es percibido. Durante el periodo conocido como la Antigüedad Clásica se le reconocía como una forma honesta de vivir, sin embargo con el desarrollo del Mundo Occidental basándose en la tradición judeocristiana ejercerlo se convirtió en algo prohibido.

Independientemente de cómo sea percibida, la prostitución es una realidad que ha permanecido apegada a la humanidad y su naturaleza desde siglos atrás; entenderla va más allá de una transacción económica entre dos partes a cambio de sexo, es profundizar en el porqué ha permanecido vigente en la historia, como una válvula de escape de la sociedad.

En México no es ilegal el ejercicio de la misma e incluso es de cierto modo tolerada a través de las famosas zonas de tolerancia, lo que sí resulta un delito es el lenocinio puesto que en el momento en que el proxeneta se beneficia al obtener lucro de prostituir a determinado número de personas se convierte en una esclavitud sexual también conocida como trata.

Lo anterior despierta muchas inquietudes, en el comercio sexual hay muchas personas que se benefician de manera directa o indirecta y a pesar de esto no parece existir la voluntad para una verdadera regulación expresa y no una tolerancia tácita. El talón de Aquiles de esto es que de generarse una prohibición ésta seguiría siendo ejercida debido a la demanda que se quedaría aparentemente sin oferta.

De acuerdo con datos de las Naciones Unidas la trata de personas es el tercer negocio ilícito más lucrativo en el mundo únicamente antecedido por las drogas y el tráfico de armas. En el caso de México de acuerdo a cifras arrojadas por INEGI y DIF existen entre dieciséis mil y veinte mil casos de prostitución infantil, puntualizando que esta situación se presenta de manera más recurrente en las fronteras que en el resto del territorio nacional.

La situación parece agraviarse con cada año que pasa, mientras que los pocos esfuerzos de las autoridades no parecen arrojar resultados claros el mercado seguirá en aumento; resulta obvio pensar, que el consumidor final no le parece importar de donde previene la mercancía, mientras pueda tener acceso a ella.

Y aunque no se sabe a ciencia cierta el número de personas que la practican y mucho menos el de los consumidores, es necesaria una reglamentación a fondo de esta constante social, de manera que se podría prevenir la trata de personas, la prostitución y pornografía infantil entre otros tipos de explotación.

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