Noé García Gómez

¿Si el veneno tuviera un sabor agradable para tu hijo permitirías que lo tomara? Con esta impactante pregunta inicio para dar pie a las cifras que la revista Circulation ha publicado de una investigación del impacto de las bebidas azucaradas tiene en el mundo.

184mil muertes cada año son atribuibles al consumo de bebidas azucaradas y lamentablemente nuestro país encabeza esta bochornosa lista (sumándose y concordante con la competencia que se tiene por el primer lugar de ser el país junto con EUA de beber más refresco por persona) la prevalencia de muertes en México es de 405 por cada millón de adultos con un total de 24,100 fallecimientos en total, en segundo lugar está EUA con 125 por cada millón. Todo relacionado con enfermedades como la diabetes, cánceres y trastornos cardiovasculares en relación directa con la obesidad.

De manera paralela en México la empresa Coca-Cola incrementó sus ventas en un 0.04% este año a pesar del impuesto a las bebidas azucaradas a diferencia de Brasil o Venezuela donde la tendencia es a la baja.

Se estima que para 2017 el costo de la obesidad y sus complicaciones puede ascender hasta 101 mil millones de pesos para el erario mexicano; además el costo indirecto por la pérdida de productividad por muerte prematura atribuible al sobrepeso y la obesidad ha aumentado a 25,099 millones; los costos de la obesidad infantil van mucho más allá del precio extra que los padres deben pagar por uniformes o ropa de tallas grandes para sus hijos. Un niño con obesidad, de entre 5 y 11 años, es 135 por ciento más caro para el sistema de salud que uno con peso normal, revela un estudio realizado por Guillermo Meléndez, especialista en obesidad de la Dirección de Investigación del Hospital General de México.

Este grave problema los especialistas coinciden que tiene una solución sencilla, campañas de concientización, trabas legales para su comercialización y acercamiento de alternativas como el agua natural podrían reducir de manera importante el consumo y evitar cientos de muertes al año y una mejor calidad de vida.

También es de mencionar que nuestro país es reconocido por acciones como la disposición del impuesto al refresco, medida que a nivel internacional a hecho eco, pero que también a sido observado por que los recursos obtenidos por este impuestos se utilizan en otros rubros y no se destinan para programas de investigación y prevención, además de subsidios para alimentos saludables.

Otro de los problemas es la asequibilidad de agua para consumo humano, cada día es más difícil disponer de agua purificada cerca y a bajo costo, instalaciones deportivas públicas como parques, centros deportivos y jardines no cuentan con bebederos gratuitos, en cambio hay un establecimiento cercano que pone a disposición decenas de diferentes productos azucarados para mitigar la sed.

En 2010 se firmó el Acuerdo Nacional para la Salud Alimentaria donde el gobierno federal y los gobiernos de los estados se comprometían a implementar estrategias y políticas públicas para combatir el sobrepeso y la obesidad, entre las cuales estaban la de aumentar la disponibilidad, accesibilidad y el consumo de agua: “La SEP tendrá una participación clave al dotar a las escuelas de bebederos de agua simple potable gratuita y promoverá la valoración del consumo de agua simple potable como un hábito saludable. El objetivo de estos esfuerzos conjuntos es promover una cultura de consumo de agua simple potable como hábito saludable.” Al día de hoy en Aguascalientes dicho compromiso ha quedado en el olvido.

Lo más preocupante es que en las instituciones educativas no existen las condiciones de infraestructura para poder acercar a nuestros niños y jóvenes agua natural de manera gratuita para que dispongan cuando sea necesario, en cambio padres y autoridades optan por dotar y acercar a los estudiantes jugos azucarados y refrescos por comodidad y economía.

Hace unos meses en el congreso del estado se presentó una iniciativa para que los distintos niveles de gobierno e instancias, realizaran las acciones necesarias para dotar de la infraestructura para la disposición de agua para consumo humano, que además es un compromiso signado a nivel nacional; tanto la iniciativa, como el compromiso están olvidados, mientras tanto nuestros jóvenes y niños siguen intoxicando paulatinamente su organismo.

El tema de prevención de la obesidad no se tiene que ver como una erogación y gasto superfluo, sino como una inversión que rendirá frutos a mediano y largo plazo para un mejor nivel de vida y ahorro en las arcas gubernamentales.

Pero en casa tenemos que comenzar por nosotros y nuestros niños en incentivar el consumo del agua natural y dejar las bebidas azucaradas.