Josemaría León Lara

A lo largo del siglo XX la capital de nuestro país fue objeto de varias reformas en materia jurídica y orgánica, con la finalidad de adaptarse a las circunstancias de tiempo y modo. Tal y como lo mencionaba la semana pasada, producto de la entrada en vigor de la Constitución de 1917, la primera de estas reformas tuvo lugar en 1928, misma que creaba el Departamento del Distrito Federal.

Las reformas subsecuentes de 1941 y 1970, procuraron adecuar la realidad histórica, económica y social del Distrito Federal con la creación primeramente de la Ciudad de México entendida ésta como el Departamento Central y doce delegaciones más, para después convertirse en la ciudad capitalina de dieciséis delegaciones. Lo que se conoció como la Ciudad de México, a partir de diciembre de 1970 se dividió en las delegaciones Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Cuauhtémoc y Venustiano Carranza respectivamente.

El eminente crecimiento del nivel demográfico demandaba la necesidad de la creación de un orden legislativo propio de la Ciudad y que coadyuvara en la creación de las leyes particulares del D. F. Fue en el año de 1987, en el que se crea la Asamblea de Representantes del Distrito Federal, misma que dentro de sus funciones podía crear bandos de buen gobierno dirigidos a la prestación de servicios públicos a la creciente población. La Asamblea de Representantes cambió su estructura a partir de 1996, dando paso a la Asamblea Legislativa y que sus miembros fueran diputados y no representantes.

Con la reciente aprobada Reforma motivo de análisis de esta columna, presenta un avance sin precedentes en la forma de concebir y entender a la Ciudad de México. Puesto que como ya mencionaba en la ocasión pasada, la reestructura es más que un simple cambio de nombre. Desde ahora se le debe considerar a la demarcación capitalina como la Entidad Federativa número treinta y dos, además de que sus delegaciones jurídicamente hablando desaparecen al convertirse en demarcaciones territoriales con un alcalde al frente.

Por supuesto que una reforma a la Constitución en ocasiones no es suficiente y deben de emanar de ésta las leyes secundarias que regulen en particular cada determinado aspecto. Es por ello que está por erigirse un congreso constituyente que tendrá por objeto la creación de la Constitución Política de la Ciudad de México, tal y como el resto de las entidades federativas.

Se espera además la desaparición de la Asamblea Legislativa y que se transforme en un Congreso Estatal, adquiriendo la facultad que tienen el resto de los congresos estatales en aprobar o estar en contra de las reformas a la Constitución de la República.

Cabe aclarar que a pesar de erigirse como un nuevo estado, la Ciudad de México seguirá siendo la sede de los tres poderes de la Unión, situación que le da la permanencia como capital de este país. Y debido a esta situación, ciertos servicios como salud pública y educación seguirán siendo solventados por la Federación. La Reforma al Distrito Federal, es sin duda un hecho histórico ya que le otorga a esa ciudad la autonomía que por tantos años envidió del resto de los estados.

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