Reflexiones…

Esta reflexión me surge ante la ola de noticias, análisis y entrevistas generadas en los últimos días. El adormecimiento social y la desinformación siempre han captado mi atención, prueba de ello es que a través de este espacio, cada jueves he tratado de alentar un cambio de mentalidad en todos los jóvenes.
La responsabilidad ciudadana es, sin lugar a dudas, un gran conductor al verdadero Estado de Derecho. Por responsabilidad ciudadana me refiero no únicamente a generar una conciencia en cuestiones de índole nacional, sino también de carácter internacional, dado que si bien somos orgullosamente mexicanos, no podemos dejar atrás que en una sociedad tan modernizada somos ciudadanos del mundo.
Lamento profundamente lo acontecido en Francia la semana anterior; sin embargo, no podía dejar de expresar mi molestia ante todos aquellos comentarios que equiparaban el lamento de miles de mexicanos que decidieron hacer comentarios de solidaridad o participar en dinámicas de apoyo en redes sociales con los hechos acontecidos en Ayotzinapa. Dichos lamentos carecían completamente de un análisis serio, ya que creo que ningún mexicano dejó en momento alguno de mostrar indignación por lo acontecido en territorio nacional (inclusive un servidor redactó en alusión a lo anterior el texto titulado “Nuestra renuncia” a través de este mismo espacio), aunado a lo anterior, es importantísimo mencionar que los citados acontecimientos son de índole y responsabilidad completamente distinta.
Celebro el diálogo razonado que acompaña a la tolerancia. Como nunca antes en la historia, actos de esta naturaleza han sido atestiguados y reproducidos muchas más veces por mucha más cantidad de gente en un lapso más corto de tiempo. El actuar del mundo a través de las redes sociales es un fenómeno de tal magnitud y completamente novedoso, ya que ninguno de los presentes lectores podrá olvidar lo acontecido en Nueva York aquel famoso 9/11 y si se compara con la actualidad, en aquel entonces no existían las redes sociales y por ende tampoco la viralización de textos, videos e imágenes.
Dicho lo anterior, podemos concluir que la efectividad de impacto que generan estos nuevos mecanismos de comunicación, tiene tanto un aspecto positivo, que implica el conocer casi de inmediato la información en cualquier rincón del mundo, localizar a personas que se encuentren en el perímetro de los hechos, entre otras. Y por otra parte, en cuanto al aspecto negativo, no podemos negar que la intención de los grupos terroristas es transmitir e infundir miedo en los gobiernos y la población, por lo que ahora estos mensajes tienen una gran penetración que no se lograba con anterioridad.
Desafortunadamente, la eficacia de los actos terroristas no se valora en cuanto a la cantidad de muertes o daños materiales que produce, sino por la conmoción y difusión del mensaje. Dicho lo anterior, cobra especial relevancia las consecuencias ocasionadas a raíz de esto en Francia, pero no porque sea más importante que otras naciones, sino porque se atenta contra el Estado que por antonomasia ha protegido siempre la esencia de las libertades y la democracia.
Como ciudadanos responsables, habrá que estar pendientes de las consecuencias que desemboquen de estos acontecimientos, en aras de que logremos siempre mantenernos informados y poder aportar solidaridad desde nuestras trincheras, por muy pequeña o grande que sea.
El mundo requiere verdaderos seres humanos dispuestos a marcar la diferencia.

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