Jesús Eduardo Martín Jáuregui

“Cubrir las estatuas es ridículo, absurdo. Es el reflejo de un mundo imbécil que hace solo lo que encuentra útil y conveniente en cada momento.” Giovanni Sartori.

Sartori (¿habrá que decirlo?) es el gran ideólogo contemporáneo de la democracia. Su obra se conoce, se comenta, se discute. Recién cumplió, como luego dicen, sus primeros 92 años de vida. El estudio constante, la academia, la actualización permanente lo ha mantenido y lo mantiene lúcido y creativo. Con la ventaja adicional que dan los muchos años en alguien que, como él, tiene su nicho asegurado en las ciencias sociales, de poder decir las cosas sin tapujos, llamándoles por su nombre, sin melindres ni falsas actitudes de cortesía inadmisible en la opinión crítica.

Me encuentro la cita en la columna de Javier Marías en el suplemento El País Semanal, y es a propósito de la visita a Roma del Presidente de Irán, Hasán Rohaní, porque las autoridades italianas decidieron que fueran cubiertas las estatuas del Museo Capitolino para que sus desnudeces no afectaran (¿ofendieran?) al jefe de estado musulmán. Jefe que seguramente no habrá tenido nunca la alegría de disfrutar la desnudez de un bebé, ni la felicidad de contemplar el cuerpo de su pareja sin ropa, y ya entrados en gastos, tampoco la emoción estética de admirar la Venus del Milo o la Victoria de Samotracia y que, desde luego no podrá recorrer ninguno de los grandes museos del mundo occidental, ni encender así sea por acaso un televisor y, ni tan siquiera pararse frente al puesto de revistas de Chava al empezar la calle Juárez de esta ciudad, porque impactado y ofendido declararía muy seguramente la “guerra santa” contra mi amigo el revistero.

El caso es que, como ahora sucedió con la aguerrida defensa desplegada por la Embajada de México en España, en favor del impoluto ex gobernador Moreira, en que nadie sabe, nadie supo, tampoco en Roma se supo quién ordenó el atentado cultural. Por cierto que fue de risa, la pesquisa (perdón por el ripio) que a toda prisa (¡y dale!), intentaron los periodistas de la Ciudad de México, ahora capital de la entidad federativa Ciudad de México (así se las gastan los Congresos Federal y locales, que pretendieron obtener la entrevista con la Secretaria de Relaciones Exteriores que anda de viaje con el C. Presidente, y se tuvieron que conformar con entrevistar al Señor Subsecretario que naturalmente no se había enterado de nada. Ni de las notas de los periódicos españoles, ni las reproducciones de los periódicos mexicanos, ni los comentarios en los medios de comunicación radial y televisiva, ¡vamos! parece que ni siquiera se enteró de la hospitalidad y actividad desplegada por la Embajada atendiendo y apoyando a los abogados de Moreira y, seguramente tampoco, de la intervención de la Procuradora General de la República de México que telefoneó a su colega la Fiscal General del Estado del Reino de España manifestando la preocupación e interés del gobierno mexicano por la situación jurídica del ex gobernador Moreira.

Pues es el caso que el Primer Ministro Italiano el todavía muy joven Mateo Renzzi, de apenas treinta y once años de edad, padece ya de alzheimer prematuro. No supo responder a la pregunta de quién había ordenado cubrir las desnudeces de las marmóreas estatuas para no ofender la moral y creencias religiosas del distinguido visitante a la Ciudad Eterna. Esas pudibundeces quedan para un país tercermundista en que todavía hace no tantos años no se permitió que en Bellas Artes el ballet folclórico de un país del centro de África presentara sus cuadros como los bailaban en su país, casi en cueros. Pero ¡para la capital del mundo!, ¡la cuna de la cultura latina! ¡Habrase visto semejante desmesura! Recuerdo que cuando cursaba la secundaria en la forjadora de muchos hombres de bien y uno que otro descarriado hombre de mal, Secundaria Federal ES-343-1, ahora General, “Benito Juárez”, el director Don Abel Zamudio López compró para adornar el salón de tercero una reproducción de la Venus del Milo que colocó en lo alto de un librero. Algún acomedido, más travieso que pudoroso, confeccionó un bikini con pañuelos desechables que ni tardo ni perezoso colocó a la indefensa estatua. La maestra Aurora Rodríguez Dávila, quien fue la primera en percatarse, corrió con el chisme con el director y regresó con él. El Profesor aprovechó para darnos una de sus formativas admoniciones que empezó con una frase contundente que a la fecha recuerdo, repito y comparto: “Vejigas (así nos decía de cariño), ¡el arte es casto!”.

Citando a los clásicos: No sé tú, pero yo considero un atentado a la cultura cubrir por prejuicios religiosos de una persona, así sea un jefe de estado, lo que para la mayoría del mundo mundial, son muestras de la perfección del arte clásico griego retomado por los romanos. ¡Ah! pero la cosa no paró allí, el presidente iraní realizó también una visita a Francia y puso en un predicamento la hospitalidad para nada proverbial de los parisinos, antes al contrario, y el protocolo que implica una visita de un jefe de estado. Había que ofrecerle alguna comida, pero resulta que su religión le prohíbe beber alcohol y los franceses, por el contrario, consideran pecado mortal una comida o cena en la que no se escancien algunos vinos respetables. ¿Cómo salieron del paso?, pues fácil, de todas las “repas” escogieron el “petite déjeuner”, un desayuno en el que, a menos que se trate de reponerse de una noche de juerga y contrarrestar la “cruda”, no se toman bebidas alcohólicas.

Los ejemplos romano y parisino sirven de referencia para que Marías considere que son sintomáticos de la cobardía e indignidad que recorre Europa, un continente con un ilimitado complejo de culpa y una fuerte tendencia a flagelarse (sic), y agrega que siempre le ha parecido irritante y engreído “pedir perdón” por lo que hicieron nuestros antepasados, lo que se asemeja peligrosamente al “pecado original”. No lo menciona pero no es improbable que estuviese pensando también en la homilía de S.S. Francisco en Chiapas, en que por enésima ocasión se vuelve a pedir perdón a las etnias originales, tan sólo para que, pasada la euforia del momento, la atención oportunista de las autoridades y la publicidad efímera de los medios, se vuelva a las condiciones de atraso y sojuzgamiento como si nada hubiera pasado. ¿Será también que esa parte de la imbecilidad del mundo no tenga remedio?

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