Sara Díaz

El oficio del señor San José, padre terrenal de Jesús, esposo fiel de la santísima Virgen María, y hombre dotado de gran obediencia a Dios, fue el de ser un humilde carpintero.
En su día, el gremio de los trabajadores de la madera arribó al templo que lleva su nombre a presenciar la Santa Misa en honor a su santo patrono.
Con gran júbilo, el gremio dedicado a la noble labor de trabajar este producto de la naturaleza que Dios provee, entró al recinto encabezado por el capellán que presidió la celebración eucarística, llevando en hombros el asta que los representa.
El sacerdote dedicó su homilía al señor San José, del que dijo, es un ejemplo de vida para nuestros semejantes, puesto que se entregó a la voluntad de Dios, un padre modelo para Jesús y un esposo amoroso para María. “Él fue un hombre trabajador, un hombre artesano como los presentes, que con el sudor de su frente ofrecía el sustento para Jesús y María. José escuchaba y callaba, él sólo se dedicaba a hacer la voluntad de Dios”, mencionó.
Al igual que los carpinteros cuando se concentran en su labor, señaló, callan, dedican su tiempo a su oficio que no permite errores; por eso el presbítero invitó a los presentes a emular al Señor San José, ya que con estas obras, se ganó el cielo. Finalmente, indicó que “lo que hagamos, lo hagamos bien, y a ejemplo del señor San José”.
La comunidad allegada al santo patrono, liderada por sus clérigos, tuvo a bien celebrar debidamente al santo patrono de los carpinteros, con la kermés, los mariachis que interpretaron para el santo las mañanitas entre otros temas y por la tarde la ceremonia de la misa solemne que presidió el vicario general de la diócesis, Raúl Sosa Palos, para culminar con la quema del tradicional castillo y los fuegos artificiales.