Noé García Gómez

Cuando leí que Trump realizaría una visita oficial a México por invitación de la presidencia de la República, pensé que era un malicioso borrego (término utilizado a los trascendidos falsos en la prensa) por parte de algún político de oposición que quería calentarle el ambiente a Peña Nieto días antes de su informe, sorpresa y estupor me causó horas después la confirmación oficial primero de Trump y después –en reacción– de la presidencia.
Ante lo anterior me pregunté: ¿¡Pero quién diablos asesora a nuestro presidente!? Traer al personaje más odiado por la comunidad latina y los mexicanos a pisar tierras mexicanas no puede traer nada bueno. ¿Qué no un Jefe de Estado se tiene que reunir con otros Jefes de Estado? ¿Cómo le puede dar un trato oficial a un candidato y más a ese candidato? Tratando de realizar algunos escenarios basado en la teoría de juegos (método de análisis prospectivo en ciencia política) para dicha visita y expongo tres:
a) Peña Nieto enfrenta a Trump y le dice de manera enérgica pero diplomática y tajante lo que muchos pensamos: “México no te acompañará en tus locuras, no sólo no pagaremos, sino combatiremos cualquier intento de construir un muro semejante al construido en Alemania en la Guerra Fría”. La posible reacción: Sus críticos y la opinión pública saltarían del sillón y condenaría el “poco tacto”, ¿para qué invitar a alguien si se tensarán aun más las relaciones? En este escenario, la figura presidencial tendría altos costos mediáticos.
b) Se desarrolla un amplio diálogo privado y se acuerda un comunicado conjunto, donde Trump pide algún tipo de disculpas y logra el Presidente, a través de sus buenos oficios, moderar el lenguaje del excéntrico candidato republicano durante el resto de la campaña; parecería un buen escenario, salvo por las consecuencias que podría tener en Hillary Clinton candidata moderada y con mayores posibilidades de triunfo. Que el gobierno de México lograra moderar y atraer algunas simpatías de parte de la comunidad latina sería un agravio difícil de olvidar para los Demócratas (si con la desastrosa visita, Clinton emitió un revelador twett: “Hay un dicho mexicano que dice: ´Dime con quién andas y te diré quién eres´ y todo sabemos quién es Trump”). ¡Ouch!
c) Trump, como siempre, no cumple los protocolos, hace muecas y se contonea mientras habla el Presidente de nuestro país, dice que impuso la agenda y tras el encuentro declara bravuconamente que “construirá un alto, imponente y hermoso muro fronterizo que pagarán los mexicanos”; escenario que ocurrió y parece fue el peor de todos.
Es conocido que la campaña de Donald Trump no atravesaba la mejor etapa, que no sólo estaba estancada, sino que voces del mismo partido Republicano retiraban su apoyo. Una invitación en ese momento de crisis fue aprovechada habilidosamente por el equipo de campaña, pero en cambio, para el Gobierno Mexicano y para nuestro país fue un desastre. Ante los ojos del mundo quedamos como el chico timorato que regala su lonche al bravucón con la esperanza de que deje de molestarlo.
Quiero imaginar al ocurrente asesor que días antes del informe, le propuso que sería una buena idea mandar invitaciones a los candidatos a la presidencia de Estados Unidos, para con ello poder generar un buen párrafo en lo que presentaría ante los medios como informe este 1° de Septiembre.
El equipo de la Presidencia no esperaron una respuesta, o al menos no así de rápida, tan rápida que los tomaron desprevenidos y no supieron tomar las riendas del encuentro (la Secretaria de Relaciones Exteriores se enteró durante un vuelo y cercanos dicen que puso su renuncia por lo mal parada que la dejó ante las relaciones que por largo tiempo tejió con el equipo Demócrata). Claramente se notó que fue Trump quien fijó la fecha del encuentro y que pareció ceder en algunas cosas, que por su mismo estilo, no cumpliría al llegarse el momento, como el que no hubiera preguntas por parte de los reporteros y no tocar el tema del muro, que dicho sea de paso, el lenguaje no verbal del presidente fue de incomodidad y enojo, su mandíbula tensa y pasando saliva en dicho momento.
Su gabinete reaccionó tarde, no lo defendieron, lo dejaron solo. Luis Videgaray, secretario de Hacienda, balbuceó alguna defensa, pero la primera fila de su equipo se hizo mutis, ni Nuño, Osorio, Rosario, vamos, ni la secretaria de Relaciones Exteriores, Ruiz Massieu, defendió con argumentos firmes el encuentro.
Continuo, ¡¿quién diablos asesora a Peña Nieto?¡ La constante desde el inicio del sexenio es que secretarios de Estado y funcionarios de todos los niveles usan la frase “por instrucciones del presidente”, una frase que podría tener la intención de mostrar respeto y fortaleza de un Jefe de Estado, pero lo que ha provocado es un enorme desgaste a la figura Presidencial, y así con esa frase se desarrolla lo pifias y hechos lamentables como: La tarde reacción de la masacre de estudiantes en Iguala, al igual que en Tanhuato y Tatlaya; también la inadecuada forma en que enfrentó los escándalos de la Casa Blanca y el Departamento en Miami; la falta de acciones ante la crisis petrolera; la falta de palabra ante que no abría más alzas al precio de las gasolinas; la presentación de iniciativas como legalización de la mariguana y matrimonios entre personas del mismo sexo y su falta de interés en operar ante el Congreso para su aprobación; la represión en Nochixtlán, Oaxaca; el diálogo de sordos que tiene con la CNTE; su frágil defensa a la Reforma Educativa; el último reality show montado con jóvenes para “rendir su informe” donde sale a la luz que fue llenado con personajes con filiación o simpatías priistas y hasta funcionarios públicos, diálogo que lo quisieron pasar como plural. Todo un cúmulo de pifias que lo tienen al día de hoy con la aprobación más baja que se tenga registro de un presidente en funciones.
Recuerdo cuando los priistas estaban orgullos de la juventud, personalidad y talento de Peña Nieto, hoy en el mejor de los casos, los veo balbuceando irónicas defensas con un sonrojo de pena, ni siquiera los panistas en los peores tiempos de Vicente Fox.
Con todo ello me imagino todos los lunes un cuarto de guerra, donde los que le hablan y asesoran a Peña Nieto llegan con las ocurrencias surgidas el fin de semana para experimentarlas con la máxima figura política de nuestro país: “Traigo un hit Sr. Presidente”, “¿Qué tal si su esposa defiende el escándalo de la Casa Blanca?”, “Esta está buena”, “Imagínese usted rodeado de talentosos ´chavos´ rindiendo su informe”, “¿…y si invitamos a Trump a Los Pinos?”; así me imagino la reuniones, por eso pregunto: ¿Quién asesora al presidente y con qué intención?
Creo que hoy el presidente y su equipo tiene que serenarse, meditar y trazar algunas estrategias de manera seria, profunda e inteligente, planteando posibles escenarios y reacciones a esto, pues no lo olvidemos lo que está en manos de Peña Nieto son las riendas del gobierno de nuestra nación.
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