Noé García Gómez

El costo de las elecciones que se celebrarán mañana 5 de junio en 13 estados incluido Aguascalientes, ascenderá a 8,520 millones de pesos, contando los presupuestos de los institutos electorales estatales y los gastos ordinarios de los partidos, esto es casi el doble de lo que costaron en 2010, lo anterior sin incluir lo destinado a gastos de campaña de los partidos políticos y candidatos.

Si se dividiera esta cantidad entre los aproximadamente 29 millones votantes registrados en la lista nominal de estas entidades, cada sufragio costaría 293 pesos en 2016. Sin embargo, si se toma en cuenta que el promedio de participación ciudadana en las elecciones de 2010 fue de 49.9 por ciento, entonces el costo se incrementaría hasta 619 pesos por voto.

El hartazgo y el desencanto provocado por la clase política, aunado a que cada elección la contienda no se da por quien tiene el mejor programa de gobierno o propuestas, sino en campañas sucias, desacreditación de los candidatos y exhibición de escándalos. Lo que tendría que ser una fiesta cívica, se está convirtiendo en un circo romano. Todo esto ha generado que una opción sea no ir a votar. Hoy creo que no es lo mejor.

Señalar culpables del bajo nivel y lo grotesco de la campaña en Aguascalientes está demás, es el momento de tomar decisiones y asumir consecuencias. Votar implica influir en cambiar lo que nos está afectando o seguir como hasta ahora, padeciendo de las malas decisiones y hierros, pero sobre todo insensibilidad de nuestros gobernantes.

La característica de las últimas elecciones es que las opciones en la boleta se distinguen por: la menor de las veces es por las mejores propuestas; otros casos es por el menos malo; también es como voto de castigo a malos gobiernos y autoridades; o por el llamado voto útil, la realidad es que esta endeble democracia mexicana nos da opciones para decidir.

Pero lo que hay que tener claro y muy presente es, que si la gran parte de los ciudadanos renuncian a su derecho de ejercer su voto, estarán delegando la decisión no a otros ciudadanos, sino a las maquinarias clientelares y partidistas de los candidatos obsesionados con el poder, por el poder mismo; que normalmente quien llega por esta vía suelen comportarse como tiranos, que como básica estrategia es satisfacer las demandas del ejército clientelar y electoral que los llevó al poder.

Siempre he creído que los resultados de una elección cambian inesperadamente en función de la participación ciudadana o del índice de abstencionismo. Pero hoy estoy más convencido que nunca, ante lo cerrado de la contienda para la gubernatura el voto de una familia puede ser decisivo.

Motivos para no votar son muchos. Aun así pienso y defiendo que las razones para sí hacerlo son, más poderosas. Pero también creo que votar ya no es suficiente. Con las actuales circunstancias, nuestra cultura cívica e inmiscuirnos en los asuntos públicos debe ser más profundo y participativo después del próximo 5 de junio. No podemos quedarnos con el ya voté, ya ganaron, nos vemos en tres o seis años.

Les tenemos que dejar claro a los candidatos ganadores, sea por quien votamos o no, que esto no termina, sino que apenas comienza, que estaremos al pendiente y a partir del lunes tendrán marca personal para cumplir lo que prometieron y resolver los problemas de la sociedad que pretenden gobernar.

 

Concretito

 

Guardería ABC: mañana se cumplen siete años de que 49 niños y niñas murieran en un incendio, además de que decenas más quedaron con lesiones de por vida; de las trágicas heridas producidas en nuestro país, es de las que más duelen, pues fueron víctimas indefensos niños. Tragedia que pudo ser evitada si las autoridades no hubieran actuado con la negligencia y la corrupción que al día de hoy les sigue caracterizando.

 

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