Que la INMUNIDAD no propicie la IMPUNIDAD

David Reynoso Rivera Río

Hace ya un par de días se conmemoró un aniversario más de nuestro texto fundamental llamado Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, razón por la cual nos encontraremos preparando a lo largo de todo este año el festejo de los 100 años de dicho texto que rige los principios jurídicos y políticos de la nación. Como estudiante de derecho y futuro abogado, disfruto con pasión del análisis a nuestra denominada Carta Magna y resulta fascinante descubrir la cantidad de dilemas y temas por explorar que pueden surgir con relación a ella.
Entiendo que quizá para algunos de ustedes al leer el presente texto se les venga a la cabeza la idea que pudiera tener nombre y apellido, razón por la cual decido de manera objetiva deslindarme a priori de cualquier ataque que pueda ser considerado como personal, y únicamente dejo al conocimiento e información de cada lector el hecho de actualizar el supuesto y llegar a su propia conclusión si existe o no alguien con dichas características en su municipio o Estado.
Primeramente es menester hacer de su conocimiento que a lo largo de estos 12 meses, se estarán llevando a cabo diversos foros para definir posturas acerca de la necesidad o no de elaborar un nuevo texto constitucional, de igual manera se han creado comisiones legislativas encargadas de dar cauce a iniciativas que transformen deficiencias en el texto e implementen novedades que permitan posicionarnos como un mejor país.
Uno de los temas que considero deberá ser atendido a lo largo de los diversos foros y propuestas que se realizarán, es definitivamente el tema de la inmunidad con la que gozan ciertos servidores públicos denominada fuero. Día con día nos quejamos de la existencia de políticos que a todas luces osan malversar fondos que provienen de nuestros impuestos, razón por la cual perdemos muchas veces la confianza en ellos y exigimos la llegada o permanencia de auténticos servidores públicos que tengan como principal premisa la honestidad y el trabajo por México.
Mencionado lo anterior, sería de gran utilidad comprender que el fuero se creó en un contexto histórico muy distinto al que se vive hoy en día en nuestros congresos o instituciones, y su principal función derivaba en el equilibrio de poderes y dotaba de libertad de expresión a servidores públicos de alta envergadura con injerencia en la creación de leyes o políticas públicas.
Actualmente, en la justicia mexicana el privilegio se ve aparejado por esa inmunidad procesal que, para retirarse y un servidor público pueda ser sometido a la justicia (como cualquier ciudadano) en caso de cometer delitos graves, requiere de un juicio de procedencia que sus propios compañeros le realizan, en el cual se determinará si los agravios cometidos son suficientes para retirarles la inmunidad.
A lo largo de las últimas semanas hemos observado cómo decenas de servidores públicos y legisladores han solicitado licencia o renunciado a su encargo y deciden incursionar una nueva etapa en su vida política para aspirar por alguna diputación local, alcaldía o gubernatura.
No considero que solicitar licencia o renuncia sea algo malo per se, ya que en la carrera política el avanzar y consolidar nuevas metas es válido siempre y cuando se pueda continuar aportando y sirviendo de manera proba a la sociedad; sin embargo, me preocupa que algunos de estos “servidores” únicamente lo hagan para aspirar a obtener el fuero por un periodo prolongado de tiempo.
Dicho todo lo anterior, llego a la conclusión de que el tema aquí es mucho más profundo de lo que parece y nuestro único mecanismo de defensa por el momento es exigir y no favorecer con el voto a estos servidores en tanto no se modifiquen los preceptos y vacíos legales que dan cabida a mantener con inmunidad a este tipo de parásitos políticos.

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