Por Jesús Álvarez Gutiérrez

ciudad-vivaRecientemente una candidata al gobierno de Aguascalientes ha sorprendido gratamente al electorado presentando una ambiciosa propuesta para convertir a nuestro estado en un “Aguascalientes Valley”, un poderoso polo de atracción de talentos y de los mejores centros de estudio, pensamiento, investigación e innovación a nivel nacional e internacional; transitar, como dice ella, de la “manufactura a la mentefactura”.

La pregunta relevante es: ¿puede el gobierno “promover” la creatividad y la innovación?

Claro que puede y debe. De hecho los países que más destacan por su capacidad de innovación son aquellos donde la “mano invisible” del gobierno se ha hecho más visible. En este sentido, sobresalen naciones como Estados Unidos, Corea, China y Japón.

Hay quienes erróneamente piensan que hablar de un Estado emprendedor es una contradicción en términos. Afirman que en nuestros gobiernos la tramitología, el soborno y la mordida son males endémicos que impiden el surgimiento de nuevas empresas y ahogan a las existentes. De aquí suponen que el Estado es, por definición, un pesado ente burocrático que estorba la innovación creativa del sector privado.

Sin embargo, Mariana Mazzucato en su bestseller:TheEntreprenurialState: DebunkingPublic vs Private Sector Myths (“El Estado emprendedor: desmantelando mitos sobre el sector público y privado”) nos muestra otra historia. Combinando la evidencia empírica y el análisis político, encuentra justamente que en las innovaciones que han cambiado el curso de la humanidad los particulares encontraron el coraje para invertir sólo después de que el Estado tuvo una visión y estuvo dispuesto a realizar inversiones de largo plazo y alto riesgo.

Mazzucato, catedrática de la Universidad Sussex Inglaterra, analiza los casos de las tecnologías de la información y la comunicación, la biotecnología, la nanotecnología, la fracturación hidráulica de las rocas shale, y la revolución verde en energías alternativas. En todos estos temas, el Estado no ha sido un mero observador del juego, ni tampoco un árbitro que impone reglas a los jugadores particulares, sino que se ha convertido en el gran “emprendedor”, es decir, el Estado es quien trabaja activamente en sentar las condiciones para que los particulares se atrevan a ingresar al incierto mercado de las  tecnologías. Es el financiamiento público paciente, comprometido y de largo plazo un prerrequisito para que las ideas se transformen en conocimiento, el conocimiento en patentes y las patentes en innovación.

La tesis de esta economista italiana, es muy llamativa y va a contracorriente de las tendencias ideológicas de moda, que acusan al Estado de estar estrangulando la iniciativa individual y asfixiando la creatividad de los empresarios innovadores. Mazzucato demuestra con datos duros que casi  todos los grandes hallazgos tecnológicos de Estados Unidos en las últimas décadas tienen su origen en un subsidio gubernamental intensivo: el internet fue producto de investigaciones de la Secretaría de Defensa en Estados Unidos para uso militar; la tecnología del GPS no fue una invención de la iniciativa privada sino una investigación científica con fines bélicos para las tropas estadounidenses; el algoritmo matemático que utiliza el motor de búsqueda de Google se financió con fondos públicos del gobierno estadounidense para investigación tecnológica; el financiamiento original de Apple emanaba de fondos públicos; todos los componentes tecnológicos que hacen del  Iphone un teléfono inteligente vienen de investigaciones patrocinadas por el gobierno estadounidense. La genialidad de Steve Jobs residió en unir los componentes en un solo producto, no en inventar nada.

Mazzucato afirma que las investigaciones que derivan en innovaciones científicas o tecnológicas son muy caras, de largo plazo y de alto riesgo, por lo que es el Estado quien debe tomar la iniciativa, formulando e implementando políticas públicas muy ambiciosas a través de atraer talentos y financiar centros de educación, pensamiento, investigación aplicada, ciencia y tecnología de muy alto nivel.

Inevitablemente, en el marco de la competencia global, las compañías particulares encuentran más atractivo usar sus ganancias en recomprar sus acciones que en invertir en talentos o en innovación. Los particulares se atreverán a invertir sólo cuando observen que es verdadero el compromiso de sus gobiernos con la innovación. No reconocer el rol estratégico que debe jugar el gobierno en promover la innovación, es la causa del estancamiento económico nacional y global que padecemos.

Pero esta candidata al gobierno de Aguascalientes afirma con inteligencia y compromiso que nuestra entidad puede ser punta de lanza; quiere encabezar un gobierno diferente, emprendedor, que asuma riesgos y que, por supuesto, esté dispuesto a incentivar a las empresas locales a invertir.

Tiene muy claro el reto que enfrenta: crear en nuestra entidad un ecosistema emprendedor de carácter “simbiótico”, donde ganen los particulares y se derrame la prosperidad hacia la población en general. Se trata de romper el actual esquema de carácter “parasitario” donde se socializan los costos y se privatizan las ganancias, es decir, donde las inversiones financiadas con recursos públicos benefician a empresas particulares mayoritariamente extranjeras.

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