Estamos celebrando el tiempo pascual, tiempo central en la Liturgia de la Iglesia católica, por la importancia y la relevancia que tiene en la vida cristiana y en la evangelización.
El tiempo pascual renueva y revitaliza la esperanza, señaló el obispo José María de la Torre Martín.
La Pascua de Jesús es el centro mismo de nuestra fe, porque el seguimiento de Jesús se arraiga en ese misterio: morir con Cristo para resucitar con Él. De hecho, la Pascua representa un estilo de vida que nos da una identidad centrada en el Señor muerto y resucitado. El sufrimiento y el dolor de la pasión y muerte tienen un sentido redentor y liberador por la resurrección de Cristo.
El verdadero espíritu pascual sostiene, en todo tiempo y, sobre todo, en tiempos difíciles, la esperanza que revitaliza a los cristianos con la victoria de Jesús sobre la muerte y sobre el pecado en todas sus expresiones. Esta esperanza nos abre horizontes nuevos cuando se cierran los caminos hacia la paz y la justicia y nos mantiene en la fe de que el Señor está escribiendo la historia a pesar de que las tendencias de los acontecimientos parezcan orientarse hacia el fracaso.
La victoria de Cristo se inscribe en el corazón de las historias humanas, las pequeñas y las grandes, y nos libera del pesimismo y de la desesperanza, subrayó el Pastor.
Durante todo el tiempo de la Pascua, las comunidades cristianas tienen una oportunidad extraordinaria para fortalecer la esperanza de cada uno de sus miembros, sobre todo, de aquéllos que han sido probados por la pobreza o por la violencia y de aquellos que luchan por la justicia y trabajan por la paz.
En el contexto actual no es fácil mantenerse en la fidelidad de la fe y en el sendero de la construcción de la paz y, por ello, el recurso a la esperanza que surge del misterio del Resucitado, es formidable. Este tiempo pascual es ocasión para fortalecer y renovar las energías de esperanza que la fe en Dios y su Espíritu nos comunica, de manera que durante todo el año nos impulsen a cumplir con nuestra misión eclesial de discípulos y misioneros.
Es necesaria la colaboración entre el Gobierno, las instituciones públicas y la sociedad civil para construir condiciones que superen las confrontaciones y den paso al diálogo y a un clima de cooperación para la paz.