¿Qué estamos haciendo mal?

David Reynoso Rivera Río

Tus creencias se convierten en tus pensamientos, tus pensamientos se convierten en tus palabras, tus palabras se convierten en tus acciones, tus acciones se convierten en tus hábitos, tus hábitos se convierten en tus valores, tus valores se convierten en tu destino. Mahatma Gandhi.

El pasado martes, el mundo entero sufrió de nueva cuenta una conmoción. Esta vez un atentado sacudió la ciudad de Bruselas en Bélgica con una cadena de explosiones. En un primer momento, el aeropuerto internacional de Zaventem fue objeto de dos detonaciones y poco tiempo después una tercera explosión se produjo en la parada de metro de Maelbeek.

Al momento, la autoridades belgas han confirmado que hay al menos 31 muertos: 11 en el aeropuerto y 20 en la estación de metro, aunado a ello la cifra de personas heridas oscila entre los 350. Los mencionados ataques en la capital belga tuvieron lugar justo cuatro días después de la detención de Salah Abdeslam, el terrorista más buscado por los atentados de París en los que perdieron la vida 130 personas el 13 de noviembre del año pasado.

Tras las líneas de investigación que se han trazado por parte de las principales autoridades, al momento se ha identificado al menos cuatro terroristas implicados en los atentados, cuyas edades rondan entre los 20 y los 25 años. Tras caer en cuenta de la corta edad de los terroristas, consideré prudente dedicar mi comentario semanal al respecto.

Quizá resulte increíble el pensar que nosotros como ciudadanos jóvenes mexicanos tengamos algo que ver en los ataques suscitados del otro lado del mundo; sin embargo, considero que ante todo esto y varios más de los hechos que han sucedido a nivel internacional se puede descubrir que existe un común denominador: la falta de valores en la juventud.

Estoy seguro que la mayoría de nosotros hemos escuchado ya sea de nuestros padres, tíos o de nuestros abuelos en más de una ocasión, la famosa oración que comienza con el siguiente preámbulo: En mis tiempos (tal situación) era completamente diferente. Y entre todas aquellas alusiones resulta que quizá es conveniente tomar unos minutos y dedicarlos a la reflexión, de manera que estoy seguro podremos concluir que evidentemente no nos mienten del todo, ya que nosotros como jóvenes hemos obtenido muchas ventajas en aspectos tan diversos como el uso de tecnologías de la información u otros menesteres, pero en ocasiones hemos descuidado de cierta manera o inclusive por completo, gran parte de los valores que pueden marcar la diferencia al momento de continuar criando nuevas generaciones.

Creo que tenemos una gran tarea por delante, fortalecer la sana convivencia familiar puede ser un muy buen inicio; sin embargo, también habrá que fortalecer la comunicación intrapersonal en nuestras relaciones de todo tipo (ya sean estas de amistad o afectivas de noviazgos), realizar actividades deportivas y con mayor razón abocar algo de nuestro tiempo a la lectura y el enriquecimiento cultural.

Lo acontecido en Bélgica es realmente lamentable, es momento de ocupar toda esa energía que caracteriza a la juventud en verdaderamente constituirnos en agentes positivos de cambio para la humanidad; con el ejemplo podemos comenzar a predicar y combatir el odio en todos los aspectos que incluyen cuestiones religiosas, partidistas, culturales, raciales e inclusive por temas de género. Si nuestros antepasados primitivos lamentablemente tuvieron que combatir irracionalmente y sacrificar miles de vidas, creo que nosotros contamos a través del legado de sus vidas con las herramientas suficientes para solucionar todos los conflictos del orbe.

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