¡Puedo repararlo!

Itzel Vargas Rodríguez

Poderosos clanes familiares. Ejemplos tenemos desde las épocas precolombinas y hasta la fecha. A principios del siglo XX, el escritor norteamericano O. Henry habló de las “repúblicas bananeras” en su libro “Repollos y Reyes” para referirse despectivamente a países considerados empobrecidos o atrasados y en donde además, predominaba el poder de un dictador y de familias con gran influencia social y política. En este segundo punto, aunque claramente no es un país empobrecido, Estados Unidos sigue conservando el predominio de hegemonías familiares al poder, tal cual ocurre en esta curiosa narrativa del siglo pasado.

Los vemos en los dos nombres de los candidatos a la Presidencia de los Estados Unidos, que son fuertes en gran parte porque les precede el apellido, ya, mundialmente conocido. Por el Partido Demócrata, Hillary Clinton, y por el Partido Republicano, Jeb Bush.

Hillary sigue siendo la favorita, porque además de tener una carrera política impecable, de ser la esposa de un ex presidente y de haber sido candidata ya a la Presidencia, ha forjado un camino también de práctica política basada en asesorías internacionales que reflejan mucho la parte intelectual, y que por supuesto le han dejado en adición una buena fortuna.

Su campaña hasta el momento, maneja el mensaje “I’m with Her” (estoy con ella) graficado con una H atravesada por una flecha que evoca el avance y, que en su conjunto, no sólo propicia el apoyo a este personaje, sino que también rescata el valor multidisciplinar de la mujer: La que es madre de familia y sabe de las necesidades que se presentan en un núcleo parental, las preocupaciones sociales y la necesidad de propiciar seguridad para proteger a los seres más queridos. Su mensaje en campaña está rescatando la temática de los valores sociales, la justicia, la inclusión a la diversidad, sobre todo a los afrodescendientes y latinos.

Jeb Bush por su parte, descendiente de un linaje familiar de cuyo hermano y padre fueron presidentes, quienes están caracterizados por ser parte del ala más conservadora del Partido Republicano, se encuentra en un momento de precampaña difícil. Una gran parte de ello se debe a que tiene como oponente a un personaje sumamente mediático y polémico: Donald Trump.

Bush desde comienzos de año fue el favorito, hasta que apareció el magnate Trump y otros contrincantes que le fueron restando fuerza porque traían más propuesta y carisma. Entre ellos vemos a Marco Rubio y Ted Cruz, personajes muy ligados a la esfera latinoamericana.

Y así como tiene Jeb Bush el panorama de difícil, tomó como eslogan de campaña lo que parece ser una pésima idea que podría sepultar su aspiración. Se titula “Jeb can fix it” o “Jeb puede arreglarlo”.

Esta medida pronto fue criticadísima y comparada, como era de esperarse, con quien repara tuberías o los cables de la luz, porque “arreglar” no es precisamente el mejor verbo para usarse en política.

Es un tema delicado encontrar las palabras más acordes en campaña para atraer a la gente. Este es un ejemplo clarísimo y actual de que al intentar usar un lenguaje cotidiano o cercano en una frase (como si se la dijéramos por ejemplo a un tío cercano), y aunado al uso del verbo “fix” o “arreglar” para verse pragmático (como lo pide la gente y no tan retórico como se le critica a los políticos), signifique que sea lo más idóneo.

En este aspecto, Jeb y su equipo, por un momento olvidaron algo crucial actualmente: cualquier cosa dicha en política puede ser usada en contra, y añadiéndole un plus, cualquier cosa en política puede ser memeable, es decir, carne de cañón para la crítica en redes sociales. Así que, mientras menos “memeable” el mensaje, mejor.

Este eslogan hace recordar al personaje de la Película “Ralph el demoledor” donde aparecía Repara Félix Junior, un joven con vestimenta de plomero que con un martillo reparaba en un videojuego todo lo que Ralph demolía. Y lo hacía alegremente brincando, agitando su martillo y diciendo “Puedo repararlo”. Curiosamente en inglés “I can fix it”… ¿Jeb can fix it?

Si no llegase a quedar de candidato Bush en la contienda interna por la Presidencia, sus asesores ya le podrán ir encontrando otro trabajo idóneo, por ejemplo, ser la inspiración para un nuevo personaje de videojuego, el nuevo Repara Jeb Bush Junior. Quedó todo, como anillo al dedo.

Tan importante es el mensaje y la forma de comunicarlo. En política, la comunicación puede crear carreras políticas de la nada, reforzar la comunicación ciudadana o de plano, destrozar aspiraciones que parecían estar bien reforzadas.

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