¿PUEDE MÉXICO SER INDEPENDIENTE?

Por Jesús Álvarez Gutiérrez

Con la amenaza del muro, deportaciones masivas, confiscación de remesas y cierre de fronteras, Donald Trump ha pretendido hacer patente la fragilidad de nuestra independencia.
Explotando astutamente nuestras divisiones internas, entre 1836 y 1848 el vecino del Norte nos arrebató más de la mitad del territorio en una de las guerras más injustas de que se tenga memoria. Las disputas internas han continuado estérilmente durante doscientos años entre liberales y conservadores, federalistas y centralistas, clericales y anticlericales, derechistas e izquierdistas, neoliberales y nacionalistas. No importa la geometría política; por momentos el bando corrupto, mezquino y cómplice parece ganar la batalla a los millones de mexicanos honestos, generosos y productivos que se esfuerzan cotidianamente por salir adelante.
El Paquete Económico para 2017, calificado de prudente y realista, muestra el escaso margen de maniobra que tiene el país; dicho de otra manera, prueba nuestra total dependencia del modelo económico neoliberal. Imposible repuntar la inversión pública nacional en infraestructura básica, ni siquiera en Pemex, donde la producción sigue en picada y el precio asegurado cae a 42 dólares por barril.
Para bajar la presión de la deuda, Hacienda prevé, después de ocho años, un incipiente “superávit primario”equivalente a 0.4% del PIB. Se trata de contener a toda costa el déficit fiscal y la deuda pública, que ronda peligrosamente el 50% del PIB, aunque esto signifique sacrificar crecimiento.
Mientras dos tercios de nuestra población padecen pobreza y marginación, se anuncian nuevos y necesarios recortes al gasto público con el objetivo de tranquilizar a nuestros acreedores externos. Con un crecimiento económico inercial de 2% anual, apenas superior al aumento demográfico, se pospone el sueño legítimo de fortalecer empleo, salarios, educación, salud, seguridad social, clases medias y empresariales. Pero, entonces, ¿cuándo empezaremos a ser un país independiente?
El 58% de los trabajadores sigue en la informalidad. Aumentan sólo los empleos de menos de tres salarios mínimos. El salario mínimo de 71 pesos diarios es el más bajo del mundo. Casi la mitad de los trabajadores viven en pobreza laboral, es decir, no alcanzan a cubrir la canasta básica. ¿Cómo aumentar los empleos productivos, formales y bien remunerados sin disparar la inflación y sin espantar la inversión extranjera?
Uno de cada cuatro jóvenes está en riesgo; ni estudia ni trabaja, se desperdicia el bono demográfico y se cede terreno a la delincuencia organizada. México es uno de los países más violentos del mundo, incluyendo a los que padecen guerras. La tasa de homicidios ha repuntado a 14 por cada cien mil habitantes. En términos de seguridad andamos en el lugar 140 de 163 países, de acuerdo al Índice de Paz Global (IPG). ¿Cómo brindar oportunidades suficientes y oportunas a los jóvenes de las generaciones millenials y centenials?
Sólo uno de cada tres mexicanos tiene derecho a recibir pensión y ésta equivale a un tercio de lo que gana cuando está activo. ¿Podrá desactivarse a tiempo la bomba de las pensiones? ¿Qué tan válidas son las recomendaciones de la OCDE para subir la edad de retiro a 69 años y aumentar la aportación obligatoria al SAR de 6.5 a 11.5%, cuando los salarios son raquíticos?
Seis de cada diez mexicanos con menores ingresos no ahorran, y quienes lo hacen tienen apenas una reserva de dos mil pesos para enfrentar emergencias, de acuerdo a la encuesta de Provident. ¿Podemos aumentar la tasa de ahorro apostándole a campañas masivas de comunicación? ¿De veras creemos que con más spots podemos alcanzar la meta de penetración del crédito del 31 al 40% del PIB como prometieron los banqueros este sexenio?
Nuestro país será independiente sólo cuando muestre que puede simultáneamente controlar inflación, tipo de cambio y deuda pública, así como incentivar el empleo productivo y la inversión nacional y trasnacional a través de reducir a cero la corrupción y la evasión fiscal.
No habrá una mayor independencia sin inyecciones masivas de inversión productiva. La inversión nacional y externa se encuentra frenada por una crisis de credibilidad. Faltan instituciones fuertes que dobleguen corrupción e impunidad:“Los gobernadores y alcaldes enfrentan poco o nulo escrutinio de sus gestiones; los congresos locales son débiles; los medios locales y hasta el Poder Judicial se encuentran subordinados, por eso los crímenes no son investigados ni sancionados” señalan los investigadores Mukherji y Briozzo, de Standard &Poor´s, en “Mexico´sGrowthChallengeis More AboutPoliticsThanTheEconomy”.
Por el lado positivo, advierte la consultora internacional KPGM, el potencial de inversión puede desplegarse gradualmente en todo el territorio nacional empezando desde entidades privilegiadas como Aguascalientes, Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí, Nuevo León, Ciudad de México y Estado de México. Para lograrlo se requiere“cuidar la coordinación entre gobiernos, empresas y universidades”, “apoyar las cadenas productivas de proveedores mexicanos” y por supuesto, “diseñar y desarrollar nuevos productos con alto valor agregado, en lugar de hacer maquila trasnacional”.
Nuestro país sigue buscando respuesta a preguntas fundamentales: ¿Podemos ser independientes? ¿Queremos ser independientes? ¿Para qué? ¿Cómo? ¿Cuándo?
Los invito a seguir la ruta que nos trazó hace dos siglos José Ma. Morelos con enorme claridad y emoción en Los Sentimientos de la Nación.

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