Por J. Jesús López García 

La materialización del proyecto arquitectónico en un ente palpable y concreto es uno de los objetivos de la labor del diseñador de inmuebles. Para ello, el plan debe presentar todos sus detalles ejecutivos a fin de que la construcción fluya correctamente, sin demoras o incrementos de costo excesivos.

La planeación de la obra constructiva inicia en un proyecto bien constituido, no obstante, ello no ha sido siempre así. El dibujo técnico bidimensional relativamente es una técnica contemporánea; antaño se apoyaba la construcción en trazos sobre el sitio empleando la estereotomía en donde la composición siendo más compleja, requiriese el modulado de piezas pétreas. Acompañaban lo anterior dibujos y maquetas –las últimas si el caso ameritase una reproducción tridimensional a escala–. Aun así, esa pretendida materialización de lo plasmado era un objetivo común, si bien desde la antigüedad se concebían proyectos que en calidad de ideales, en la práctica eran irrealizables, al menos en ese contexto cronológico y espacial.

Uno de los proyectos no realizados es la bíblica <<Torre de Babel>> de la que se conocen versiones orales y pictóricas muy libres. Se concibió como un diseño imaginario pues su fin último era llegar al ámbito divino, el Cielo. Sin duda alguna éste modelo corresponde más al ámbito de lo mítico, sin embargo, los proyectos conceptuales también permean en nuestros tiempos corrientes y más con la utilización actual de instrumentos digitales de representación que muestran en ocasiones imágenes muy vívidas, muchas veces desafiantes al contexto económico y a las convenciones de la comunidad e incluso a la Ley de Gravedad, como el caso de la torre bíblica.

Hubo ocasiones en que lo proyectado era un prototipo que por la simplificación de la propuesta se impuso como una especie de canon para prácticas subsecuentes, tal el caso de los extraordinarios espacios del arquitecto francés Étienne-Louis Boullée en el siglo XVIII como el Cenotafio de Newton en donde se perciben grandes esferas de material incierto que sirvieron precisamente por la simplicidad compositiva a posteriores arquitectos siendo uno de ellos su discípulo Jean Nicolas Louis Durand, para establecer los principios de la prefabricación.

Las propuestas ideales no necesariamente cristalizaron en procesos o elementos pragmáticos para la construcción, su tono fue conceptual, con afanes a veces moralizantes o bien, meramente estéticos o artísticos.

La serie de grabados denominada <<Invenciones de caprichos de cárceles>> de Giovanni Battista Piranesi ilustran literalmente todo lo anterior. Esa manera virtual de hacer arquitectura siguió repitiéndose dentro del discurso de las vanguardias artísticas de inicios del siglo XIX como en los dibujos intensamente expresionistas de Hans Poelzig que se materializaron en escenografías de películas de la época –“El Gabinete del Dr. Caligari” de 1920– o en el monumental <<Gran Teatro de Berlín>> –Grosses Schauspielhaus– en el tono artístico del <<Pabellón de Cristal>> diseñado por Bruno Taut en 1914, preconizando la transparencia como expresión de la arquitectura y el hombre contemporáneos.

Los proyectos ideales también se propusieron como una especie de divertimento para ensayar soluciones renovadas a planteamientos viejos. Al no vincularse con encargos específicos, sin tener en mente un presupuesto o un destinatario concretos, esos ejercicios arquitectónicos siguen siendo una actividad en la práctica del experto. Algunos no pasan de ser diminutos croquis al vuelo de la imaginación, otros presentan ya un trabajo más serio y que evidencia una considerable cantidad de tiempo en su creación, tal como se aprecia en la <<Capilla circular>> que diseñó en 1960 el arquitecto Francisco Aguayo Mora, tal vez tomando en cuenta lo que se estaba discutiendo en repercusiones sobre la materia arquitectónica en el Concilio Vaticano II, dejando atrás el esquema longitudinal de la nave tradicional.

Pareciese que plantear algo de manera libre, sin ataduras a un costo, un lugar o un usuario es un ejercicio elemental, sin embargo en la realidad no es así. La ausencia de esos vínculos también representa la carencia de asideros a los que puede ligarse un favorable cúmulo de soluciones arquitectónicas, creando así, un marco de indefiniciones que puede dar al proyecto un tono de ambigüedad.

De cualquier forma varios de los ejemplos citados podemos afirmar que la bondad de ellos radica más que a su capacidad de ser ejecutados, en que su valor atañe a la capacidad de ser emulados en alguna de sus características, ya sean éstas espacial, constructiva, funcional, conceptual; en replicar su idea, en establecer las bases para nuevos paradigmas, que finalmente no recae en el trabajo de un autor sino en la aportación de múltiples personajes que incluyen si, al arquitecto, a los implicados en la construcción, los integrantes de los diferentes gremios, en el momento histórico, en el lugar y en sus múltiples características.

Lo anterior en los proyectos arquitectónicos ideales tal vez no es visto en detalle de las propuestas que se ejecutan, pero si es observado desde la perspectiva lejana que permite contemplar el conjunto en totalidad. El arquitecto Aguayo tuvo la visión de experimentar con sus planteamientos en la <<Capilla circular>> de 1960, así como en la <<Capilla ideal>> de 1975.