1ª Función

“LA LEYENDA DE TARZÁN” (“THE LEGEND OF TARZAN”)

Si bien el escritor Edgar Rice Burroughs, quien creara a este mítico personaje hace más de cien años, no le proveyó de una personalidad arrolladora y una psicología terriblemente compleja, bastaba para que sometiera a toda la fauna selvática africana a su voluntad con su poderoso bramido o evadiera a sus múltiples enemigos imperialistas sajones o de las mismas tribus locales mediante avances supersónicos a través de lianas para mantener a cualquiera entretenido. “La Leyenda de Tarzán”, la más reciente iteración del legendario Hombre Mono en la pantalla grande, no quiere, por algún motivo, siquiera acercarse a ello, aplanando con mayor fuerza cualquier vestigio de iconicidad en su protagonista y eliminando rastros de exploración emocional o motivacional, quedándonos con una suerte de filme serie B favorecido con un presupuesto tamaño Tantor que se prefiere mostrar bellos escenarios naturales que una historia apasionante o al menos entretenida. Tal vez la culpa no recaiga por completo en su director, el británico David Yates (los últimos cuatro

filmes en la saga de Harry Potter), quien tiene un buen ojo para la puesta en escena y aprovechamiento de los mencionados espacios naturales, sino en un guión fraguado por Adam Cozad y Craig Brewer que no decide con precisión cuáles son sus intenciones o siquiera el rumbo que pretende, pues por un lado tenemos a un protagonista (interpretado con flojera por Alexander Skarsgard) instalado desde el inicio de la cinta en el contexto aristocrático británico al tomar posesión de su título como Lord Greystoke y no permitir que se refieran a él más que como John Clayton sin que se aclare el porqué de su rechazo a la vida natural y aventurera que llevó como Tarzán. Por el otro, la deificación que de él se tiene en el Continente Negro, el cual se ve asediado por los intereses del rey de Bélgica por extraer una rica veta de diamantes asistido por el truculento y villano de ocasión Léon Rom (Christoph Waltz, actor ahora especialista en malandrines y único en el reparto que se percibe cómodo con su papel). El que un hombre caucásico sea apreciado por toda una nación negra como único salvador y redentor es un componente narrativo que proviene de la época en que Tarzán fue creado por una mentalidad inglesa aún imperialista, pero que en la actualidad requiere de una mayor matización y trabajo narrativo para que funcione, lo que nunca sucede en la cinta. El otro elemento fallido, integral en este mito, es el de Jane Porter, interpretada con cierto brío por Margot Robbie pero aquí delimitada a esposa latosa que invariablemente acaba en las garras del villano reventón como damisela en peligro. De este modo el filme batalla por aterrizar sus temas y jamás logra la cohesión necesaria para que se produzca una aventura digna del Rey de la Selva, mientras rememoramos las más honestas y cándidas pero entretenidas cintas con Johnny Weissmuller, Lex Barker o Buster Crabbe. Ya veremos si el moderado éxito taquillero de este filme permite que se le dé otra oportunidad a este clásico personaje y no se le oculte una vez más en la jungla de la ignominia cinematográfica por otra prolongada temporada.

2ª Función

“DOS TIPOS PELIGROSOS” (“THE NICE GUYS”)

El guionista y director Shane Black (“Arma Mortal”, “Entre Besos Y Tiros”) logra con su más reciente producción demostrar que la incorrección política y el cine de catadura ochentera aún pueden funcionar si se les trata con frescura y relativa inteligencia, aún si el procedimiento es uno que hemos atestiguado en incontables cintas. Y aún así, lo que aquellas producciones que arrancan suspiros nostálgicos de cuarentones como su servidor ofrecían a modo de parejas disparejas policiales que unen fuerzas ante la resolución de un crimen, aquí se ve favorecida por una sorprendente química que brota entre sus protagonistas, Russell Crowe y Ryan Gosling, quienes se divierten horrores con sus personajes y proyectan un ludismo intrincado y necesario para que esto funcione como lo hace. Gosling encarna a Holland March, un detective privado y padre soltero que parece el hijo bastardo de algún personaje creado por Elmore Leonard ante su desparpajada, bufonesca pero dedicada presencia, mientras que Crowe es Jackson Healy, hombre solitario y taciturno que se dedica básicamente a golpear a otros por dinero. Ambos cruzan caminos cuando una famosa actriz porno llamada Misty Mountains muere de forma muy espectacular. La investigación llevará a ambos a la localización de una chica llamada Amelia (Margaret Qualley), quien labora en la industria del cine erótico y que posee la clave para resolver el misterio. Mas la trama se espesa cuando agentes gubernamentales y la mafia se involucran y tratan de evitar que ambos cumplan su cometido, por lo que terminan involucrados en una red de intriga que se despliega con tono jocoso, como una versión hilarante de un filme noir pero que sí produce regocijo. El guión tiene de todo: intercambios chispeantes y divertidos entre los disímbolos protagonistas sin caer en la sangronada fácil, secuencias medidas y controladas de acción, una trama detectivesca intrigante y buenas actuaciones, entre las cuales destaca la jovencita de ascendencia australiana Angourie Rice, quien interpreta con mucha convicción a la hija treceañera de Gosling, robándose las escenas donde participa, pues su personaje logra delinearse como el compás moral de su existencialmente extraviado padre sin tornarse anodina o pesada, a la vez que disfruta con soltura las andanzas de su progenitor (la secuencia más sólida del filme sucede en una fiesta porno donde personajes extravagantes, balazos e intriga se despliegan mientras la púber se adapta con facilidad a tan peligrosa atmósfera). “Dos Tipos Peligrosos” es un ejercicio ocurrente y gracioso con suficiente potencia y madurez para permitir la recuperación la fe perdida en el subgénero del buddy cop gracias a las torpezas de fulanos como La Roca y demás niñerías.

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