1ª Función

“LOS JUEGOS DEL HAMBRE: SINSAJO – PARTE 2” (“THE HUNGER GAMES: MOCKINGJAY – PART 2”)

Cada vez resulta más difícil recordar cuando los instrumentos de narración para el consumo masivo tenían aunque fuera una pizca de compromiso con su arte otra para con la materia gris de sus consumidores. “Los Juegos del Hambre: Sinsajo – Parte 2” marca el fin de una historia macro que patentiza la dilución de lo anterior patentizando el fervor de las casas editoriales y sus nuevos colegas hampones los estudios cinematográficos por disgregar cualquier posibilidad de propuesta en estos productos de consumo y desecho rápidos para llenar sus respectivas arcas a través de las alegres masas que les obsequian su efectivo en un acto de indolencia intelectual comunitaria de no creerse. La película muestra los tan acostumbrados clichés argumentales y desgano por mostrar seriamente a su distócica sociedad, pero el colmo yace en la prostituta idea de dividir su fuente literaria en dos partes, únicamente para generar el doble de ingresos (una mujerzuela babilónica por lo menos obsequia un fellatio con el esquilmo) y por ello que de por sí ya era un texto flácido y ñoño eroga en dos filmes que intensifican sus carencias narrativas y que jamás debió separarse, pues el resultado se distiende sin misericordia para su historia y la audiencia. A saber: Katniss Everdeen (una Jennifer Lawrence visiblemente aburrida del personaje), la arquera líder e icono de la revolución populista en este mundo desdibujado y jamás explorado a fondo llamado Panem, se enfoca exclusivamente en aniquilar al maligno presidente Snow (Donald Sutherland) tanto para vengar la manipulación mental del panaderito Peeta (Josh Hutcherson) que lo puso en su contra como también el medio eficaz para terminar la guerra. Para ello se verá asistida por la presidenta Coin (Julianne Moore) quien trabaja una agenda secreta y Plutarch Heavensbee (Philip Seymour Hoffman), un manipulador mediático, así como un puñado de personajes secundarios que jamás trasciende por su pobre o nula exposición en motivos o psicología al ser mera carne de cañón. El director Francis Lawrence simplemente se limita a soltar la mano de los eventos para que estos anden solos sin generar puntos reflexivos o de un mínimo interés, como si no supiera con qué rellenar el tiempo necesario para justificar un largometraje, diseñando sosas secuencias de intercambios verbales y palabrería pseudopolítica entre varias secuencias de acción. Y aquí es donde el cineasta brilla gracias a su experiencia en filmes como “Soy Leyenda” y “Constantine”, permitiendo que estos momentos inoculen de adrenalina al anodino relato (destaca la secuencia en las alcantarillas, donde Katniss y su unidad rebelde se ven atacados por engendros idénticos a los vistos en “El Descenso”). Después de un desfile de melosos y ridículos epílogos que hacen ver a la interminable conclusión de “El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey” como abrupta, llegamos al final, dando gracias a los dioses primigenios que esta revolución fílmica de juguete haya concluido, pues ha dejado al espectador en la misma condición que la protagonista: cansado, mentalmente desgastado y bastante fastidiado.

2ª Función

“UN GRAN DINOSAURIO” (“THE GREAT DINOSAUR”)

La premisa del más reciente trabajo de PIXAR / Disney es una que rebosa atractivo por su potencial argumental: la especulación que provoca el que los dinosaurios jamás se vieran extintos por la colisión de un fatídico meteoro. Este hipotético acontecimiento dispara la imaginación de los creativos de dichos estudios para generar un relato que, si bien carece de la profundidad y riesgos narrativos -considerando que se trata de proyectos animados para el consumo masivo y en particular del mercado familiar- que los caracteriza, da un resultado que instala a la cinta en una zona de confort donde todo planteamiento, desarrollo y ejecución dramática se perciben muy cercanas debido a su uso en varias producciones similares que la han precedido, pero que igual resulta utilitario en sus fines escapistas y se consolida como un entretenimiento resultón y muy hermoso de ver, pues éste es tal vez el filme desarrollado por computadora más apegado a una plástica fotorrealista en cuanto a escenarios “naturales” se refiere. Su protagonista se llama Arlo, un joven apatosaurio que vive un cotidiano agrónomo junto a sus padres y hermanos (lejos de ser quisquilloso, el que los dinosaurios evolucionen hasta adoptar roles de granjeros es lo único que encuentro confuso, pues no se localiza justificación o razón alguna en el proceder narrativo). Cada uno, conforme progresa en su desempeño agrícola o laboral, deja su marca en el tótem familiar, en este caso el silo donde almacenan su alimento. Todos menos Arlo, pues su disminuido tamaño y débil condición física y mental lo limitan para ello, por lo que su padre le encomienda la vigilancia de dicho resguardo alimenticio para que así pueda unirse a la tradición. Mientras lo hace, conoce a un niño humano neandertal que les roba el sustento y, al fallar en detenerlo, Arlo y su padre se adentran en el bosque para ubicarlo y atraparlo. Pero siendo éste un filme realizado bajo la sombra de Disney, una tragedia apresará la conciencia del pequeño protagonista de sangre fría, pues una tormenta los sorprende y la inundación hará ver su suerte al padre de Arlo en la tradición de “Bambi” o “El Rey León”. Circunstancias posteriores obligarán al dinosaurio a alejarse de su familia y en su travesía de regreso se encontrará de nuevo con el infante primitivo quien resultará ser su vía de supervivencia al compensar las carencias que Arlo posee en cuanto a sobrevivencia en un ambiente hostil y natural se refiere, creándose un lazo que los ata tanto por la tragedia (Arlo culpa al diminuto cavernícola por la muerte de su padre) como la necesidad. Múltiples personajes, tanto adversos como de asistencia saldrán a su paso y de esta forma el director emergente Peter Sohn (quien sustituyó a Bob Peterson debido a diferencias creativas) teje un relato que no ofrece nada nuevo, pero que se apoya en la constante de PIXAR en cuanto a definir a sus personajes en medida de sus requerimientos emocionales, y aquí es donde funciona, pues todo el drama que brota a raíz de los conflictos internos de los protagonistas (extravío emocional, orfandad, necesidad de valerse y hacerse valer, etc.) se plantean con firmeza y honestidad, incluso con cierta crudeza tanto narrativa como visual, pero necesario para exponer el punto: es necesario superar obstáculos por uno mismo para evolucionar o madurar. La cinta es estándar, pero incluso un filme menor de PIXAR supera en atractivo y contenido a cualquiera de los esfuerzos premium de la Dreamworks, además que la carta fuerte del estudio ya hizo acto de presencia con la excelente “Intensa-Mente”, así que un devaneo con la complacencia no nos o les afecta significativamente, menos si tiene esta factura sólida y animación de primerísima línea.

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