1ª Función
“SHAUN EL CORDERO” (“SHAUN THE SHEEP MOVIE”)
Una de las virtudes del cine de animación, además de conjugar procesos creativos refinados a una definición de un relato plástico que, procesado con madurez y convicción fílmica puede legar propuesta al lenguaje cinematográfico e incluso una buena dosis de iconografía generacional -como sucedió con Bambi, Fritz el Gato o Buzz Lightyear-, es su abundante capacidad de destilación narrativa por exigencia de un medio que requiere un tiempo y costo de producción mayor al de aquellos en acción real, por lo que su factor de inventiva, concreción dramática y desarrollo temático deben aprovecharse al máximo (aun si estudios como la Dreamworks o la Fox eligen desperdiciar dichos recursos en aras de tributos a sus amos inversores en forma de vacuas y acarameladas franquicias). Tal es el caso de los afamados Estudios Aardman (“Wallace y Gromit”, “Pollitos en Fuga”), equipo de producción británico que durante casi 40 años han mostrado una ejemplar dedicación al progreso y dignificación de las crónicas animadas, en su caso mediante cortos y largometrajes filmados prácticamente en su totalidad mediante la técnica del stop motion o animación cuadro por cuadro, siempre con minuciosa y dimensionada estética y un sentido del humor inteligente e inconfundiblemente inglés, pero cediendo algo de su característica flema por la apuesta a la pluralización de contenidos. En su catálogo encontraremos varios personajes distintivos que han logrado trascender hasta transformarse en sinónimos de dicho estudio, incluyendo a una pequeña oveja llamada Shaun que fuera catapultada a la fama en Europa por sus aventuras en la pantalla chica. Ahora este cordero ha dado el salto a la pantalla grande con un filme sin posturas o pretensiones, solo las frescas y honestas hazañas de condición jocosa provocadas por este simpático borrego. La historia no podría ser más lineal y sobria: Shaun y su rebaño llevan una vida apacible en la granja de un dueño que permanece anónimo durante la totalidad de la cinta. Todo su cotidiano ha caído en un marasmo de tormentoso hastío que paraliza cualquier propósito festivo, por lo que la oveja trama un plan para escapar, estratagema que se ejecuta terriblemente y culmina con el granjero internado en un hospital de la gran ciudad. Amnésico y alejado de sus amados animales, ahora corresponde a Shaun, motivado por la culpa, y varios de sus compañeros de rancho recuperarlo y restablecer la normalidad en la granja. Por supuesto, la hilaridad reposará en los intentos de estos personajes por adaptarse e incluso mimetizarse al contexto urbano, pero es la construcción de situaciones, la dinámica entre los protagonistas y el hecho de que en ningún momento abran sus hocicos para enunciar palabra alguna lo que permite que sus acciones produzcan el efecto deseado de comicidad punzante, trabajado con mucha corrección y timing humorístico, además de un guión elaborado por Mark Burton y Richard Starzak que concede más importancia a motivaciones y exploración de los elementos emocionales que surgen orgánicamente de la misma trama que al chiste fácil que pudiera esbozarse con tres ovejas enfundadas en un suéter de lana (muy irónico y efectivo) haciéndose pasar por comensal en un elegante restaurant. Una destacada y aguda comedia que, aun si su formato fuera distinto, sería el mismo divertimento de calidad apto para toda la familia.

2ª Función
WhatWeDo-05“ENTREVISTA CON UNOS VAMPIROS” (“WHAT WE DO IN THE SHADOWS”)
Ahora que la farsa encontró un nuevo conducto de expresión ante los reclamos silenciosos de esta generación polivisual glotona de decodificaciones elementales mediante el recurso del falso documental, tenemos pues un discurso que adquiere cierta validez por el apoyo semiótico al que un manejo de imágenes con cámara en mano y testimonios intencionalmente falsificados se dan por comprometidos. Y lo más curioso es que funciona, siempre y cuando la construcción de esta ficción que juega a ser realidad se vea validada por una disertación elocuente, coherente y mínimamente inteligente. “Entrevista Con Unos Vampiros” lo logra en un 75%, pues el 25% restante está un poco pagado de sí mismo, como palmeándose la espalda en un acto de autogratificación por su premisa, sagaz, eso sí, pero de fácil desgaste cuando no se le explora con propiedad, lo que evidentemente sucede en esta cinta y que puede frustrar en ocasiones. La película nos lleva de la mano mediante el subterfugio narrativo mencionado (el dichoso mockumentary) a seguir las vidas de Viago y Vladislav (Taika Waititi y Jemaine Clement respectivamente, quienes además de estelarizar el proyecto lo codirigen), así como un exuberante compañero llamado Deacon (Jonathan Brough), quienes buscan generar una convivencia apacible como compañeros de casa y sobrellevar las vicisitudes de la vida moderna con el añadido de ser vampiros. Un equipo de documentalistas se dedica a realizar una crónica sobre estos personajes quienes se revelan como entidades conflictuadas por su propia inmortalidad, las desventajas de tener que alimentarse tan solo de hemoglobina y tratar de vivir bajo la expectativa de lo que la sociedad espera de seres como ellos gracias a influencias nefastas como Anne Rice y “Crepúsculo”: recitar sonetos ridículos para engatusar jovencitas, vestirse con atavíos que remitan a un período victoriano con toques fashionistas y la incomodidad que implica operar tan solo de noche. Entre jocosas confesiones individuales sobre su condición sobrenatural, el requerimiento de servidumbre humana que les abastezca de los requerimientos básicos durante el día y la relación peculiar entre uno de ellos y una jovencita que solo busca ser vampira pero parece estar un paso delante de todos ellos encontramos una cinta que busca despegar con un aparatoso batir de alas hasta muy arriba, pero el peso de sus propias pretensiones la lastra casi hasta el suelo. No basta con una premisa ingeniosa, es necesario depurar aquellos inconvenientes temáticos que estorban más que permitir un avance exitoso de la historia, como los conflictos entre vampiros y hombres lobo o un personaje similar al Conde Orlok de “Nosferatu” que, a pesar de su pavorosa apariencia, permanece como un elemento decorativo. Buenas ideas, trabajo actoral decente y algunos momentos de genuina hilaridad no bastan para que el filme nos succione hasta la última gota de carcajadas, así que nuestras yugulares permanecen a salvo y el filme simplemente desaparecerá cuando el tiempo le clave una estaca a la memoria colectiva.

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