1ª Función
“KUBO Y LA BÚSQUEDA SAMURAI” (“KUBO AND THE TWO STRINGS”)
“Si debes parpadear, hazlo ahora…”. Con estas palabras enunciadas por Kubo, el pequeño protagonista de esta historia animada por vía del stop-motion, comienza una película donde la capacidad de asombro es el motor primordial para rescatar las capacidades narrativas de la animación, ahora muy empaquetadas y diseñadas para el consumo de una masa ya habituada al producto y no al cine, por lo que no parpadear y observar con detenimiento la inventiva visual que se despliega ante nuestros ojos es toda una recompensa. Con esta cinta, los estudios Laika se consolidan como la versión PIXAR de la animación cuadro a cuadro, pues con sus pocos pero sustanciosos trabajos previos (“Coraline”, “ParaNorman” y “Los Boxtrolls”) exponen el interés por tratar a sus producciones no como trabajos fabricados en línea para su dispendio perceptual inmediato sino como modelos de expresión en cuanto a discurso y plástica. En esta ocasión, la cinta provee de la experimentación estética más audaz y rica del estudio y lo mejor es que el goce pupilar jamás se otorga a expensas de la trama, la cual está a la altura de lo que sus creativas imágenes promete. Como ya se escribió, Kubo es el personaje principal, un niño quien desde el inicio vive rodeado de conflicto, pues la primera secuencia muestra a su madre con el infante siendo apenas un bebé atravesando un enfurecido y oleaginoso océano tratando de escapar de El Rey Lunar, padre de ella y ente maligno, quien le ha arrebatado un ojo al pequeño Kubo. Al llegar a tierra, logran ocultarse en una pequeña villa, donde vivirán de forma precaria pero feliz. Al pasar los años, Kubo mantiene una vida ocupada pero alegre, cuidando de su madre, ahora enferma, y entreteniendo a los aldeanos con historias que literalmente cobran vida mediante figuras de origami animadas por una guitarra mágica, lo que produce placer en el diminuto poblado. Mas sus relatos jamás logran culminar porque el niño debe regresar a casa antes del anochecer debido a que su maligno abuelo podría encontrarlos a través del cielo nocturno, cosa que al final sucede cuando, una noche, las malvadas hermanas de la madre de Kubo contactan con el chiquillo y tratan de llevárselo para que su padre obtenga el segundo ojo. Su madre, al defenderlo, termina raptada por los espectros femeninos no sin antes arrojar algo de magia en el amuleto de madera con forma de mono de Kubo, dotándole de vida. Ahora Kubo, junto con Mono, emprende una odisea por encontrar la fabulada Armadura Hanzo, la cual puede ser la única arma en contra del Rey Lunar, viviendo varias aventuras ricas en mitología japonesa. La cinta se muestra muy cuidadosa en cuanto al manejo de los personajes, revelando a Kubo como un heroecillo imperfecto motivando su valor ante la pérdida de su madre pero comprensiblemente temeroso ante lo desconocido, mientras Mono jamás toca los abismos de la complacencia, siendo este personaje la brújula moral, académica y perceptual del protagonista, exhibiéndose como un alma madura pero compasiva. Este es precisamente el tipo de relatos que se beneficia de una revisión familiar, pues posee un discurso inteligente y noble que los adultos aprovecharán a la vez que un niño también, mientras que las secuencias aventureras se trabajan con firme cadencia y ritmo que entretienen bastante, equilibrando los componentes para dar una mezcla muy afortunada. “Kubo y La Búsqueda Samurai” es, definitivamente, lo mejor en cartelera esta semana.

2ª Función
“LA FIESTA DE LAS SALCHICHAS” (“SAUSAGE PARTY”)
Aunque si algo que ya quedó claro a través de los últimos 40 años gracias a trabajos audaces, procaces y mordaces como “Fritz el Gato”, “American Pop”, “Heavy Metal” o series como “Los Simpson”, “South Park” y “Padre de Familia”, es que el formato animado hace mucho dejó de ser exclusivo para audiencias infantiles, y para muestra llegó a cartelera “La Fiesta de las Salchichas”, una irreverente, obscena, grosera, vulgar y muy, pero muy divertida cinta que le hará ver a los alimentos en su refri de otra manera (menos a los que tengan apariencia fálica. A esos ya los usamos como objeto de albur desde hace décadas). Escrita, producida y estelarizada por ese niñote cuarentón llamado Seth Rogen, la cinta provee un discurso mucho más profundo de lo que sus chistes sobre longaniza pueden aparentar, pues más allá de la guasa política, social y cultural que también provee, la película centra su foco en una provocativa reflexión sobre la fe, los dogmas y cualquier postura de índole kerigmática (proclamativa), aunque eso sí, envuelta en una sarta de palabrotas y chistes de doble, triple y hasta cuarto sentido cuando no se muestran elementos francamente explícitos (después de todo, es una película de Seth Rogen y salchichas). La cinta gira en torno a Frank (Rogen), un embutido que sueña con penetrar a su novia Brenda (Kristen Wiig), un bollo para hot dogs. Ambos “viven” en un supermercado donde diariamente todos los alimentos entonan una canción sobre la esperanza de que los dioses (humanos) los elijan y lleven al “Gran Más Allá” (el mundo allende las puertas de la tienda) donde están convencidos “nada malo les sucederá”. Así sucede para Frank y Brenda, quienes terminan siendo seleccionados por un ama de casa, pero un pequeño accidente con el carrito de compras producto de una mostaza dulce que ha descubierto la realidad sobre los humanos (no son dioses y devoran lo que compran) termina por tirarlos, lo que les produce pavor al verse lejos de sus estantes, En el trayecto de vuelta a sus lugares, Frank descubre la terrible verdad sobre su destino una vez adquiridos por sus dioses por parte de los alimentos no perecederos, mientras Brenda se muestra desesperada por retornar a su sitio ya que considera esta situación como un castigo divino por tratar de escapar de sus empaques y “tocar la puntita” de Frank mientras estaban en el área de víveres. Por si esto fuera poco, una ducha vaginal enloquecida de poder (a estas alturas ¿por qué no?) será la antagonista al tratar de tomar ventaja de la confusión y tomar control del supermercado, a la vez que sueña con cumplir su genital misión. Las aventuras que viven estos personajes son frenéticas, por lo que el humor proviene más bien de los juegos de palabras que brotan constantemente entre los diálogos, pero la identidad del filme recae en sus cuestionamientos sobre las creencias y el andar ciego ante lo desconocido, dándole firmeza a una trama juvenil y francamente impúdica (el clímax de la cinta se da en una literal orgía de comida que, al verla, produce excitación y hambre simultáneas), pero indudablemente honesta, además de un trabajo de caracterización sólido y momentos muy entretenidos. “La Fiesta de las Salchichas” podrá no ser el antojo de cualquiera, pero es un hecho que ofrece más proteína y sustento que muchos otros productos animados para adultos. Siéntese y disfrute de estas “Salchichas”.
Correo: corte-yqueda@hotmail.com